La importancia de la educación sexual en la familia

Francisco María García · 26 septiembre, 2017

La sexualidad es una dimensión compleja del ser humano. Trasciende ampliamente la idea del placer o las relaciones de pareja y tiene una importancia vital en el desarrollo de la vida y la identidad. La educación sexual de los hijos es un derecho reservado a los padres que debe iniciarse en el seno familiar.

Desde pequeños, los niños aprenden a través de modelos. Por eso es importante que la educación sexual comience en el seno del hogar. Para ayudarlos a valorarse y, además, prevenir embarazos precoces y posibles enfermedades.

Está demostrado que la información es fundamental para prevenir embarazos no deseados o enfermedades de transmisión sexual. Pero también hay que recordar que no informar no implica fomentar la precocidad sexual.

La educación sexual en el hogar: cómo tratarla

Ciertos temas, como la sexualidad, suelen abordarse de forma insuficiente. O bien desde el bombardeo expuesto a través de los medios de comunicación, o bien desde el pudor que genera el no saber cómo tratarlos.

Los especialistas consideran que es conveniente hablar de este tema en el hogar con naturalidad. De acuerdo a las etapas y a las preguntas que el niño formule, la educación sexual debe formar parte de la vida familiar desde que son pequeños. Para ello, la comunicación entre padres e hijos, la confianza y la información son herramientas muy valiosas.

Es bueno hablar con los hijos de la sexualidad desde que son pequeños

La sexualidad

La sexualidad es un tema amplio, que excede lo biológico. Se relaciona con la afectividad, el amor y el placer; por eso es mejor comenzar a abordarlo en casa. Para ello, es importante crear un ambiente sano, de confianza, en el que preguntar y hablar con sinceridad sea lo normal.

Para generar este entorno, es conveniente:

  • Indagar y hablar todos los días sobre las actividades y sensaciones.
  • Mostrar una escucha activa e interés en lo que cuentan.
  • Escuchar más que juzgar.

De esta manera, los niños y adolescentes adquieren información segura y paulatina y conocen cuán vital es el respeto por su cuerpo y por el de los demás.

Estas pautas les darán herramientas para luego identificar situaciones no deseadas y saber decir que no, además de evitar decisiones precipitadas que pueden llevar a embarazos precoces o enfermedades de transmisión sexual.

Cómo actuar desde el hogar:

  • Un punto de partida sencillo es llamar a las partes del cuerpo por su nombre. A los 2 o 3 años, el niño comienza a preguntar. En ese caso, decirle que tiene testículos y pene o, si es mujer, vulva y vagina debe ser lo normal.
  • Enseñarles desde pequeños a respetar y cuidar su cuerpo y el de los demás, como algo valioso y propio.
  • Establecer espacios de privacidad en el hogar y enseñar reglas de convivencia. Sin inculcar excesivo pudor, pero sí el respeto por los espacios de cada uno.
  • Responder claramente a las preguntas que realizan y aclarar las dudas que tienen, sin demasiados tecnicismos ni juicios de valor. Si preguntan, por ejemplo, cómo se hacen los bebés, explicarles de forma clara y simple según la edad. Sin mentir.
  • Explicar la importancia de decir “no”, de manera tal que exista una valoración de sí mismos y su individualidad.
La educación sexual no debe ser un tema tabú en las familias

La educación sexual y la prevención

Conocer las infecciones sexuales y las formas de prevenirlas es importante para tomar decisiones responsables. Es ideal tratar estas cuestiones en la etapa de pubertad.

Pero la educación trasciende la mera información. Más bien, la educación sexual iniciada en la familia y luego en la escuela es valiosa como herramienta. Educar en la afectividad y en la valoración hacia sí mismos les prepara para enfrentarse mejor a la presión del medio.

En el caso de las mujeres, especialmente en sectores más empobrecidos, todavía es más importante la educación. Además de educar en igualdad, hay que fomentar la visión de que cada mujer es una persona con múltiples potencialidades y generar proyectos de vida más allá de la maternidad.

Contar con información segura y oportuna hace que los jóvenes inicien sus relaciones sexuales más tardíamente

Educar en la sexualidad es querer

La educación sexual se hace con palabras, pero también con modelos, gestos y miradas. Y se relaciona con la capacidad para identificar cómo es la relación con uno mismo y con los demás.

En el hogar, lejos de verse con resquemor, hablar de sexualidad con los hijos es valioso para contrarrestar ideas erróneas y el exceso de estímulos externos. Y de esa manera evitar situaciones problemáticas posteriores.

Aunque parece un tema difícil de abordar, la sexualidad acompaña el desarrollo del ser humano. Es una dimensión intrínseca que debe ser tratada con naturalidad y mostrada según la edad del niño y sus preguntas.