La importancia de la colaboración en la escuela

2 septiembre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Ana Couñago
Actualmente, es fundamental utilizar metodologías innovadoras en la educación. Para ello, es esencial la existencia de colaboración en la escuela.

Para ofrecer una educación de calidad es necesario que haya cierta participación y coordinación entre los profesores, las familias y otros profesionales. En este sentido, es muy importante la existencia de una cultura de colaboración en la escuela.

Así, todo el alumnado puede alcanzar los objetivos del curso correctamente, puesto que las personas encargadas de su educación mantienen una buena comunicación entre sí, que favorece el desarrollo de los niños.

La importancia de la colaboración en la escuela

Para poder desempeñar el rol de profesor en una cultura colaborativa, se requiere disponer de una formación adecuada y contar con una serie de competencias. Según Echeita estas son:

  • Tener una actitud reflexiva y crítica.
  • Tener curiosidad e iniciativa.
  • Saber buscar y recopilar información relevante.
  • Ser estratégico.
  • Ser capaz de trabajar en equipo.
  • Mantener buenas pautas de comunicación, de diálogo y de escucha.
  • Saber pedir y ofrecer.Padres en una reunión para mejorar la colaboración en la escuela.
  • Mostrar empatía.
  • Establecer relaciones de reciprocidad y de confianza con los compañeros y alumnos.
  • Asumir riesgos y estar abiertos al cambio.
  • Saber fijarse metas para superarse y querer seguir aprendiendo.

Asimismo, los docentes deben intentar abandonar la metodología tradicional y el individualismo. Y, a cambio, aprender a realizar la labor educativa de forma conjunta con otros profesionales y con las familias.

Para ello, es esencial que el centro cuente con un equipo que crea en la inclusión educativay que exista una buena organización y coordinación entre ellos, teniendo claras las funciones que cada uno debe desempeñar.

En este sentido, los profesores de apoyo, los orientadores, los tutores y otros técnicos que puedan ser necesarios en la escuela, deben trabajar juntos en:

  • La realización de material didáctico.
  • El seguimiento y evaluación del alumnado.
  • La prevención, detección y valoración de los alumnos con problemas de aprendizaje.
  • La atención a la diversidad y ofrecer apoyo educativo.

Las familias y el deber de colaborar

El colectivo formado por las familias también debe poner su esfuerzo y compromiso en el desarrollo de una cultura colaborativa. Así, su calidad de interacción con el centro escolar es de gran relevancia para el buen funcionamiento del mismo. Por tanto, las madres y los padres deben implicarse de forma activa en la configuración del colegio que quieren para sus hijos:

  • Participando en las actividades que ofrece el centro.
  • Asistiendo a reuniones y tutorías individuales o con otras familias. 
  • Cubriendo los cuestionarios que la escuela les remite.
  • Leyendo los documentos o folletos informativos que el centro crea conveniente.
  • Colaborando en los  programas de innovación y mejora educativa.

De esta manera, el sistema educativo logra conocer las opiniones, perspectivas e ideas de mejora de los progenitores. Y, a su vez, estos se ven favorecidos por el trato de escucha que el colegio les concede dentro del proceso de toma de decisiones, pues pueden ejercer un cierto control en las actuaciones que lleva a cabo la escuela sobre el alumnado.Padres teniendo una buena colaboración en la escuela de sus hijos.

Beneficios de la colaboración en la escuela

La puesta en práctica por parte de la escuela de un modelo colaborativo repercute positivamente en todo el alumnado. Pero, especialmente, en aquellos que presentan necesidades educativas especiales, pues el profesor debe intentar mantener con los estudiantes una relación basada en la comunicación y que facilite el poder prestar atención a:

  • Los comportamientos.
  • Las necesidades.
  • Las dudas.
  • Los conflictos.
  • Las dificultades.
  • Los éxitos.
  • Los comentarios.

Así, se favorece la participación y el aprendizaje de todos. Además, el docente, siguiendo estas prácticas, crea en el aula una dinámica de colaboración y cooperación entre los estudiantes. De este modo, el alumnado se enriquece dentro de un clima de diversidad en el que se promueve el respeto y en el que se aprende cómo socializar con todo tipo de niños.

En definitiva, la existencia de la colaboración en el ámbito escolar lleva consigo una serie de compromisos, implicaciones y repercusiones prácticas beneficiosas para todos. Por tanto, se puede conseguir la mejora e innovación educativa a partir del esfuerzo y la dedicación de cada uno de nosotros.

“Individualmente, somos una gota. Juntos, somos un océano”.

-Ryunosuke Satoro-

  • Booth, T. y Ainscow, M. (2015). Guía para la educación inclusiva: desarrollando el aprendizaje y la participación en los centros escolares. Madrid: OEI.
  • Echeita, G. (2006). Educación para la inclusión o educación sin exclusiones. Madrid: Narcea Ediciones.
  • Huguet, T. (2009). El trabajo colaborativo entre el profesorado como estrategia para la inclusión. En Giné, C. (Ed.). La educación inclusiva. De la exclusión a la plena participación de todo el alumnado, (pp. 81-94). Barcelona: Horsori.
  • Sandoval, M. (2008). La colaboración y la formación del profesorado como factores fundamentales para promover una educación sin exclusiones. Contextos educativos: Revista de educación, (11), 149-160.