Hijos tóxicos: rasgos psicológicos y características

Cuando los menores son exigentes, agresivos y desafiantes con sus padres pueden convertir el hogar en un infierno. Descubre los rasgos que caracterizan a los hijos tóxicos y cómo lidiar con ellos.
Hijos tóxicos: rasgos psicológicos y características
Elena Sanz Martín

Escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz Martín el 10 septiembre, 2021.

Última actualización: 10 septiembre, 2021

Con frecuencia escuchamos hablar de los padres tóxicos, que son aquellos que agreden a sus hijos u obstaculizan su desarrollo. Sin embargo, los menores también pueden presentar ciertas actitudes nocivas, capaces de alterar el ambiente del hogar.

Reconocer estos rasgos no es sencillo, debido a la incredulidad, la culpa o la vergüenza que pueden sentir los progenitores. No obstante, actuar cuanto antes resulta fundamental.

A lo largo del crecimiento, todos los niños atraviesan momentos difíciles: la angustia de separación, las rabietas, los cambios puberales, la necesidad de independencia de la adolescencia y muchos más. Durante estos puntos de inflexión es posible que surjan problemas de conducta o actitudes desafiantes, pero esto no implica necesariamente un problema. Sin embargo, cuando el menor se convierte en un tirano, los padres pueden enfrentar una auténtica pesadilla.

¿Cuáles son los rasgos de los hijos tóxicos?

Los hijos tóxicos suelen presentar las características del denominado síndrome del emperador: son niños tiranos, agresivos e intransigentes, que no responden a la autoridad.

La relación entre los padres y los hijos se ve seriamente deteriorada y el hogar se convierte en un campo de batalla, lleno de estrés y sufrimiento. Resulta sencillo percibir que algo va mal.

A continuación, te mostraremos los principales rasgos de los hijos tóxicos, para que puedas identificarlos.

1. Conductas desafiantes

Constituye la principal señal de alarma, ya que estos menores desafían constantemente la autoridad. No responden a los premios ni a los castigos y no aceptan la jerarquía dentro del grupo familiar.

Ignoran las normas, se saltan los límites e imponen su voluntad en todo momento. No conciben que la disciplina es parte de su educación y se muestran intolerantes ante cualquier intento parental de guiar su conducta.

2. Baja tolerancia a la frustración

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Los hijos tóxicos suelen ser menores impacientes y caprichosos, incapaces de tolerar la frustración o de posponer la gratificación. Se sienten merecedores de todo lo que desean y lo exigen de forma inmediata.

Tienen graves dificultades para manejar una negativa, bien sea por parte de sus padres o por cuestiones ajenas a ellos. Cuando los acontecimientos no se desarrollan de la forma que ellos desean, reaccionan con ira y experimentan un gran malestar.

3. Falta de empatía

Por lo general, las habilidades sociales y la empatía de estos jóvenes están subdesarrolladas. No dominan la comunicación asertiva y no tienen en cuenta las necesidades, preferencias u opiniones de los demás. Pueden mostrarse insensibles ante el dolor que causan en los otros.

Además, tienden a exigir sin reparar en el enorme sacrificio que implica satisfacer su demandas (ya sea físico, económico o emocional). Es común que traten a sus padres de forma despectiva e incluso los insulten o los humillen.

4. Agresividad

Las conductas violentas y agresivas son comunes en los hijos tóxicos. En general, ocurren como respuesta a los intentos parentales de imponer disciplina o ante la frustración de no poder lograr lo que desean. De esta forma, rompen objetos, golpean las paredes o incluso, agreden a sus progenitores.

5. Manipulación

Además de la coacción física y la amenaza, estos chicos tóxicos pueden utilizar la manipulación emocional para obtener un beneficio. Es frecuente que empleen la culpa, la retirada del afecto o la recriminación para manejar el comportamiento de sus padres.

¿Los hijos tóxicos nacen o se hacen?

A la vista de todas estas características, cabe preguntarse si los hijos tóxicos nacen con esta personalidad o son el producto de una crianza inadecuada. En realidad, ambos aspectos suelen confluir.

Cuánto más temprano aparezcan estas señales (como la falta de empatía o la actitud desafiante), mayor será la probabilidad de que exista un factor genético o un trastorno psicológico subyacente. Por ejemplo, un trastorno disocial de la personalidad o un trastorno negativista desafiante.

No obstante, la educación impartida por los padres también juega un papel fundamental. Los estilos educativos pueden moldear la personalidad y atenuar o potenciar las características propias del niño.

Es muy importante revisar las pautas de crianza desde la infancia y ante todo, optar por un estilo democrático, en el que coexistan el amor y los límites.

Si los padres son excesivamente autoritarios, los hijos no se sentirán escuchados ni valorados. Incluso, crecerán con resentimiento e imitarán las conductas soberbias, agresivas o irrespetuosas que han observado en sus padres.

Por el contrario, si los progenitores son demasiado permisivos, no enseñarán a tolerar la frustración y a aceptar las normas de convivencia. Por ende, los hijos llegarán a la adolescencia sin estas valiosas herramientas.

Madre e hija hablando sobre las habilidades de resolución de problemas que hay que adquirir durante la infancia.

¿Es posible evitar esta personalidad tóxica?

Para prevenir que tus hijos desarrollen conductas tóxicas, enséñales a desarrollar la empatía, la inteligencia emocional y la asertividad. Para esto, debes establecer límites y ser firme en su cumplimiento.

Pasada la pubertad, resulta más complicado corregir las dinámicas familiares que no funcionan, por lo que resulta fundamental actuar desde la infancia. ¡No dudes en buscar apoyo psicológico para ayudar a tu familia!

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