¿Cómo hacer que mi hijo se tome los medicamentos?

Hacer que un niño se tome los medicamentos no pocas veces es una batalla campal. “¡Arriba!, ¡abre la boca! Dale, ¡cierra y traga que es por tu bien!”, es solo un ejemplo de las frases que decimos para conseguirlo.

Una vez que mamá le dice a su hijo que le toca tomarse una medicina el niño sale a correr por toda la casa, se esconde debajo de las camas, se echa a llorar…, en fin, suelen ser pocos los niños que, sin quejarse y la primera vez que se les dice, se toman las medicinas.

Con el objetivo de ayudarte en la empresa tan difícil que llevas, te traemos algunos métodos que han servido a otras madres a la hora de darle los medicamentos a sus hijos.

¡Ah! Si tienes uno en específico no dudes en compartirlo con las lectoras de nuestro blog.

Métodos útiles para que tu hijo se tome los medicamentos

La persuasión mediante la información

Siempre está la mamá que tiene poca paciencia y obliga al niño a tomarse el medicamento, y lo castiga cuando él escupe.

Nosotras no somos partidarias de las reprimendas y las cosas forzadas. Preferimos el convencimiento antes que cualquier sanción.

Para persuadir a tu niño a que se tome las medicinas, primero, explícale para qué son. Háblale sobre la afección que tiene y hazle saber cuánto van a ayudarlo.

Un niño de 5, 6 años puede entender perfectamente lo que le dices y comenzar a hacerte caso. Recuerda que el desconocimiento también conduce al rechazo.

 La disciplina

Disciplinar no es castigar, gritar y menos golpear. Es enseñanza, hacerle entender las razones por las cuáles debe hacer lo que le dices y no incumplir tus recomendaciones.

A tu hijo puedes disciplinarlo poniendo seriedad en el acto de darle el medicamento.

Nada de caerle detrás cada vez que llega la hora o comprarlo con golosinas y promesas.

Si está jugando, exígele hacer un pequeñísimo alto para sentarse en su asiento, por ejemplo, abrir la boca, tomarse el medicamento y luego beber un poco de agua. Después de eso podrá seguir jugando.

Jeringa VS cuchara

A pesar de que la cuchara se usa para darle los alimentos a los niños, en el caso de los fármacos no es el utensilio que más se recomienda, al menos no el que recomiendan muchas madres.

Los medicamentos servidos en una cuchara son sumamente vulnerables a los derrames.

Cuando el niño no se los quiere tomar comienza a sacudir su cabeza para todos lados y en esos casos, seguramente te he sucedido más de una vez, la medicina va a parar al suelo.

Por este motivo, algunas mujeres prefieren usar las jeringas plásticas para verter todo el medicamento en la boca de sus hijos sin peligro de perderlos.

¿Cómo lo hacen? Te explicamos.

Si se trata de una tableta, te recomendamos ponerla encima de una cuchara y diluirla con un poco de agua. Una vez que esté completamente disuelta podrás aspirar el líquido con la jeringa hasta recoger todos los restos que puedan quedar sobre el cubierto.

A tu hijo le será más fácil abrir apenas la boca para recibir el medicamento por jeringa, y tú no necesitarás tanta puntería para “dar en el blanco” y lograr que la medicina no se derrame.

Que la medicina ocupe un segundo plano

A pesar de que hay que poner seriedad a la hora de tomarse el medicamento, tu hijo no necesita concentrarse en lo que va a hacer, para eso te tiene a ti.

Retomemos el ejemplo que te pusimos anteriormente: Supongamos que tu pequeño está jugando. A la hora de la medicina le pides que se siente en su asiento para recibir el fármaco.

Mientras lo hace, para llevar a cabo este método, te recomendamos hablarle sobre algo interesante acerca del juego.

Dale una nueva idea de diversión, o coméntale sobre lo bonito que se ve uno u otro muñeco.

Lo fundamental es que centre su atención en algo que le interese y atrape su curiosidad para que lo menos sea el medicamento de sabor amargo que se está tomando.

Hacer que un niño se tome los medicamentos, así como difícil, puede resultar sencillo. Todo está en que sepas cómo sobrellevar la situación y hacer más llevadero el momento.

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