Hijo mío, ¡somos un gran equipo!

No habrá en la vida mayor complemento que el nuestro, hijo mío. Definitivamente, somos un gran equipo. Me atrevería a decir que el mejor de todos, sin lugar a dudas. Desde que llegaste, te convertiste en mi motor y en mi mejor compañía.

Confidente, compinche y compañero de aventuras. Mi caballito de batalla cuando los días se ven de color negro. Mi arcoiris aquellas veces en las que la vida nos muestra sus dientes. Eres, corazoncito, una pieza que no puede faltar en el rompecabezas de mi vida.

Desde el momento en el que te concebí, formas parte de mi existencia de un modo verdaderamente maravilloso. Eres magia y mi mejor obra de arte. Un canto a la felicidad, una oda a la dicha. Toda una bendición y mucho más. Hijo, te amo con todo mi corazón.

Créeme, me muy siento agradecida de compartir la vida contigo. De haber formado este gran equipo en el que ambos luchamos por salir adelante. Te has convertido en el bastón que me sostiene cada día, en la luz que guía mi camino. Te has convertido en ese ser lleno de luz sin el que no puedo vivir.

Un gran equipo, signado por el amor

Mi dulce y eterno amor pequeño, realmente considero que somos un gran equipo signado por el profundo amor que sentimos el uno por el otro. Somos resultado de un vínculo sagrado e inmaculado, mi incondicionalidad te pertenece día y noche.

Te adueñaste de mis pensamientos, y hoy respiro por dos. La fortuna está de mi lado cada día que despierto y cuento con la luz que irradia tu sonrisa. Tu voz por las tardes y cada “mami te amo” por las noches son mi razón de vivir. El aroma a vida que desparramas por cada sitio donde transitas es una inyección para seguir creyendo.

Madre e hija con la cara manchada de pintura

 

El amor de una madre por un hijo no se puede comparar con ninguna otra cosa en el mundo. No conoce ley ni piedad, se atreve con todo y aplasta cuanto se le opone

-Agatha Christie-

 

Tu confianza es el tesoro más preciado con el que puedo contar. Tu mirada, una fiesta de ilusiones y esperanzas. Cada beso, cada abrazo, me confirma que no hay mejor unión en el universo que aquella que sellamos como madre e hijo desde que sentí vida agitándose dentro de mí.

Mi admiración y devoción serán por siempre tuyas. Por eso, mi cielo, siempre permaneceré a tu lado. Voy a cuidarte y a protegerte para evitar que nada malo te pase. Te ayudaré a levantarte en tus tropiezos. Te enseñaré a sortear malos momentos y a aprender de los errores.

Contarás con mis mejores consejos y tus secretos serán guardados hasta la eternidad. Nada podrá lastimarte ni hacerte daño. No conocerás la maldad, ni mucho menos saldrás herido por los golpes de la vida. Daré todo lo que pueda para asegurarte la felicidad plena hasta el infinito.

Compañeros en las buenas y en las malas

Jamás temas a las diversas dificultades que podamos enfrentar, mi chiquitín. Ten por seguro que sabremos superarlas juntos, una por una. Gracias al amor que nos une, resulta imposible caer. Solo se trata de estar juntos y vencer.

No te aflijas si has tenido que atravesar un mal día. Siéntate a mi lado a esperar. Conforme vayan pasando los minutos apreciaremos una bella tarde, y el sol nuevamente volverá a brillar. No te asustes con las tormentas, pues después siempre reina la calma.

Madre e hijo jugando en un parque

Por eso, mi sol, cada vez que necesites mi apoyo, ahí estaré. En cualquier circunstancia podrás contar conmigo de la manera más incondicional. Y no, no debes hacer nada a cambio. Yo no pido nada, porque me conformo simplemente con tu presencia.

Tu amor, cariño y lealtad nutren mi corazón. Tu pureza, ternura y dulzura son un bálsamo para mi alma. Siento que tu inocencia viene a sanar mi mundo enfermo. Por todo esto y por mucho más, siempre creeré en ti, sin importar lo que suceda.

Después de todo, tú eres quien sabe más de mí que yo misma. Y yo también sé leer tu esencia como nadie jamás lo logrará. Confía ciegamente en mí como yo lo hago contigo. Cree en el poder de este gran equipo. Entonces, solo entonces, verás cómo todo nos saldrá perfectamente bien, gracias a nuestro intacto amor madre-hijo.

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