Facilito: cómo ayudar a niños difíciles

Macarena · 21 agosto, 2017

Los niños difíciles son prejuzgados, etiquetados y poco comprendidos. ¿Te suena esto? Los niños difíciles son aquellos que necesitan nuestra ayuda más que cualquier otra cosa. Sí, es cierto que en ante este panorama las cosas no parecen nada fáciles pero hoy venimos a ayudarte con eso.

A continuación te vamos a explicar cómo ayudar a niños difíciles. Muy facilito. ¡Atenta, mamá!

Atrapado sin salida, así se siente el niño. Encerrado dentro de su propio torbellino, valiéndose de una coraza que no deja salir sus miedos. Hermético, sin puertas, ventanas ni puntos de fuga. Por ello está en nosotros encontrar, con paciencia, la forma de liberar a este pequeño.

En primer lugar, si quieres ayudar a un niño difícil, debes dedicarle tiempo y mucha pacienciaQuizás esto ya lo sepas, pero nunca viene mal recordarlo porque si hay algo claro es que nuestro esfuerzo valdrá la pena. Toda la dedicación que le demos al niño ofrecerá resultados que se traducirán en un mejor ser humano el día de mañana.

Tanto padres como madres se abruman ante las circunstancias y ven la misión de educar al niño como un desafío. Al verlo de este modo, indirectamente se le está otorgando a la educación una carga negativa que hará que la labor se nos haga más pesada y difícil. En cambio, si modificamos nuestra forma de pensar en ello y le damos una carga positiva, el camino se nos hará ciertamente más llano.

Los padres se suelen frustrar ante la incertidumbre que provoca el no saber cómo actuar de manera correcta ya que, hasta la fecha, nada parece surtir verdadero efecto. Pero calma, calma, las curas no siempre son inmediatas.

La inquietud que genera el mundo en un niño difícil es exteriorizada usualmente de forma incorrecta. Rabietas, pataletas y berrinches acompañados de llanto, insultos y desobediencia. Sucede que el niño de corta edad simplemente se desahoga como puede.

Los llamados ”niños difíciles” son aquellos que no han aprendido aún a manejar adecuadamente su mundo emocional. Por ello, se comportan de forma inadecuada para los demás. Ellos sólo intentan defenderse del mundo. Porque sí, un niño difícil puede percibir el mundo de una forma tan hostil que su reacción no podrá ser otra sino actuar a la defensiva, de la forma más primitiva que conoce.

Para ayudar a un niño difícil no tienes que complicarte la vida. De hecho, vamos a contarte cómo puedes hacer para ayudarle y hacer de la vida de ambos, algo mucho más fácil.

No permitas que tu pequeño se aísle.

Ayudar(nos) de forma fácil y eficaz

Cada ser humano es distinto, único e irrepetible. Por lo tanto, no surtirán efecto las recetas de terceros ni cualquier consejo que escuchemos. A pesar de la buena intención que pueda tener la otra persona al compartir su receta, lo mejor es consultar con un especialista y contrastar la información recibida con él.

¿Por qué? Porque evitarás emplear demasiado pronto una fórmula que para otro niño puedo haber funcionado en un determinado momento, pero que para el tuyo, ahora, simplemente no. Tal vez más adelante. El especialista te irá indicando cuándo y cómo proceder.

 

Nuestro primer consejo es muy sencillo: deja de decir que tienes un problema o un niño difícil. Sí, como lo lees. Y aquí viene otra bomba: los niños difíciles NO existen.

Las palabras que elegimos al hablar definen hasta inconscientemente cómo nos desenvolvemos emocionalmente. La palabra problema no suena atractiva, poderosa ni buena en líneas generales. En cambio si decides emplear otra palabra, de seguro que te resultará más beneficioso. Por ejemplo, la palabra ”situación” implica simplemente un conjunto de elementos en una determinada circunstancia. Una cuestión transitoria. Una etapa más.

Lo principal es enfocarnos en mantener una visión positiva. Buscar siempre la solución en lugar de estudiar simplemente el ‘problema’. Hay que salir adelante de todas las situaciones que se nos presentan porque sencillamente: sólo se vive una vez.

Abordar el asunto como una etapa más nos beneficia instantáneamente. Sentimos que estamos de paso en una situación, en la cual simplemente hace falta buscar una herramienta para poder seguir adelante. ¿Suena mejor, verdad? Un problema, en cambio, suena a que debemos detenernos porque hay algo malo. Ese algo malo desata sentimientos y emociones negativas: miedo, ansiedad, estrés, tristeza, entre otras. ¿A que visto así no suena bien?

Los niños difíciles no existen realmente

Una actitud positiva nos libera de sentir y/o acumular estrés y frustración.

En segundo lugar, te aconsejamos que seas paciente contigo misma. Como madre, debes cuidarte tú también para que puedas ser el salvavidas de tu hijo en esta etapa. Así como debes acudir al especialista en caso de duda, es importante que también te expreses con él acerca de cómo te sientes, qué piensas y todo aquello que desees manifestar para poder mantener o lograr una vida emocional saludable.

Hay algo que siempre debes dar por hecho: todo niño necesita paciencia, amor y comprensión. Pero si no te amas, te comprendes y te tienes paciencia a ti misma, no encontrarás cómo dársela al pequeño.

Comprender sus emociones es la clave del éxito.

No tiene por qué ser complejo

Lo más probable es que ese chiquillo ponga resistencia al principio hasta que se dé cuenta de que puede bajar la guardia y que nadie ni nada va a lastimarlo. El secreto consiste en establecer vínculos sólido a base de comunicación constante y afecto incondicional. Bajo ninguna circunstancia consientas que se aísla.

No descuides a tu hijo, te necesita más que nadie. Si cuidas de tu hijo y le muestras apoyo incondicional, te darás cuenta de que su amor se agigantará y te recompensará por triplicado. ¡Ojo! La recompensa no es la razón para ayudarle. Que tu norte sea simplemente verle feliz y sano.

Sin dudas, transitarás un camino sinuoso. Por ello, debes transmitir siempre seguridad para que tu hijo se sienta cómodo a la hora de expresar esa emoción reprimida. Sólo de este modo podrá aprender a conocerse a él mismo y desahogarse con absoluta libertad de una forma adecuada.

Asimismo, evita buscar un chivo expiatorio. Aquí no hay culpables, pues los niños difíciles no necesariamente son producto de una mala crianza. Si requiere atención, comprensión y apoyo extra, bríndaselas. Pues sino se sentirá abrumado porque no sabe qué hacer para no actuar de ‘mala’ forma.

Cómo ayudar a los niños difíciles

Ayudar a un niño difícil supone, ante todo, las estrategias más creativas para satisfacer sus necesidades.

El eje central no es más que ayudarlo a gestionar ese tsunami emocional que lo desborda. Para ello, la Inteligencia Emocional se presenta como recurso para canalizar y exteriorizar sentimientos:

  • Apuntar al refuerzo positivo. Tiene un gran poder para ayudar a un niño difícil. No centrarse en errores que aumentan el enojo y la angustia del chico frágil. Expresa confianza en él, transmitiendo seguridad. Reconoce aciertos con palabras positivas.
  • Comunicación sin prejuicios, comparaciones ni etiquetas. Evita también extensos interrogatorios. Sólo se trata de hallar el momento indicado para dialogar con cercanía y empatizar. Una comunicación con tono amable, sereno, sincero y suave. Sin burlarse, humillar ni ironizar.
  • Lograr el equilibrio interno del niño. Consigue que el menor traduzca su emoción en una palabra. Básicamente, que comparta de la manera adecuada aquello que siente para conseguir el alivio. Que se descargue y alivie con la certeza de que siempre estarás dispuesta a oírlo y aconsejarle.
  • Relajación, fundamental para ayudar a un niño difícil. Enséñale a respirar, a canalizar sus sentimientos mediante diversos métodos y técnicas para desahogarse y distraerse. Enséñale a escuchar y a tolerar la frustración.