Enseña a tu hijo a enfrentarse a las burlas

Inés Gómez 21 julio, 2017

Los niños pueden ser maravillosos, pero también muy crueles. En gran medida no todo es culpa suya: algunos tienen en casa malos ejemplos de los que aprenden. Por desgracia, esas actitudes adquiridas dentro del hogar provocan daño en otros niños, que no saben como hacerles frente. Y a veces, no queda más remedio que enseñar a nuestros hijos a sobreponerse a las burlas. 

Lo primero que hay que saber es que los niños no son malos por naturaleza. La mayoría utiliza las burlas como método de defensa, porque creen que es una forma (equivocada) de relacionarse o porque imitan a sus padres. Algunos progenitores vuelcan sus frustraciones y baja autoestima en sus hijos, otros simplemente están acostumbrados a esa clase de actitudes y las potencian sin querer.

Como padres, muchas veces desearíamos ser nosotros los que se enfrentaran a esos niños. Ver a nuestros hijos sufrir y pasarlo mal nos genera una angustia y una rabia que solo quienes lo viven saben describir. Pero no es la forma adecuada: el niño tiene que aprender a hacer frente a esa clase de situaciones. 

¿Cómo ayudo a mi hijo a plantar cara a las burlas de otros?

Escúchale

Antes de nada, escucha lo que tu hijo tiene que decir. Puede que sea algo recíproco con otro niño, o que simplemente sea un juego. Analiza la situación y pregunta también a los maestros al respecto. Informarse antes de actuar es la clave. Anímale a que te cuente lo que hace en clase y demuéstrale que puede ser sincero contigo.

No lo humilles

Muchos padres humillan a sus hijos en un intento de que sean valientes. Creen que llamándolos cobardes o llorones sacarán sus fuerzas de flaqueza. Y no es así. Un niño no responde ante las burlas como un adulto, y por tanto, hay que mostrar empatía.

 

Enséñale a ignorar las burlas

Un buen método ante estas situaciones es ignorar a quiénes se meten con ellos. La mayoría de las veces, los niños se acaban cansando de que sus bromas malintencionadas no surjan efecto. Cuando eso ocurre, dejan de insistir, e incluso tratan al niño como si nunca hubiera pasado nada.

El valiente tiene miedo del contrario, el cobarde, de su propio temor

-Francisco de Quevedo-

Utiliza el ingenio

El ingenio puede ser un arma muy poderosa. Enseña a tu hijo a responder con rapidez e ironía, y en poco tiempo notará los resultados. Recuerda que no consiste en burlarse del otro, pues eso sería caer en el mismo juego. Tampoco debe responder con violencia ni con insultos. Únicamente, que sea de una forma en la que el burlón sepa que al niño no le afectan sus comentarios.

Anímale a hacer piña con otros niños

Las amistades son una forma muy buena de evitar que el niño se aísle ante estos incidentes. Se sentirá protegido y valorado y, o bien dejarán de meterse con él, o aprenderá a que no le importe. Además, puede que haya más niños que estén en su misma situación. En ese caso podría ser beneficioso, porque se generaría una gran comprensión mutua.

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Atento a las señales de peligro

Puede que lo que nosotros consideramos una tontería sea algo serio. Hay veces en las que, lamentablemente, las burlas acaban convirtiéndose en acoso. En ese caso, lo primero que hay que hacer es hablar con los docentes y responsables del centro para exponer tus dudas. A partir de ese momento y si la situación se agrava, debemos denunciar. 

¿Y si es mi hijo el que se burla de otros?

Si es nuestro hijo el que se burla de otros, tenemos que plantearnos seriamente por qué lo hace. No debemos generar un drama sino, como se mencionó antes, escuchar sus motivos. Puede que también sea foco de burlas y necesite ayuda, o que nos imite a nosotros en determinados comportamientos tóxicos. De ser así, no solo él debe cambiar su actitud… también debemos hacerlo nosotros.

Hay que explicarle que burlarse de otros está mal. Hace mucho daño a las personas, y es probable que de seguir así, nadie quiera ser su amigo. Si es amable con los demás, es probable que los demás también lo sean con él. Y, por supuesto, hay que hacer hincapié en que ayudar a los demás siempre nos va a  hacer más felices que destruirlos.

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