El trastorno de pánico en la infancia

Mervis Romero · 4 febrero, 2018
Recuerda que solo un profesional puede realizar un diagnóstico. Ante la duda, lo mejor será que consultes con tu psicólogo de confianza.

Cuando un niño experimenta una inquietud persistente y una gran preocupación por perder la vida o sufrir algún tipo de perjuicio, puede que se trate de un caso de trastorno de pánico.

A continuación te comentamos lo que necesitas saber del trastorno de pánico en la infancia y cómo puedes actuar al respecto. 

¿Qué es el trastorno de pánico?

El trastorno de pánico es un malestar intenso que repercute tanto emocional como físicamente. La causa puede ser una amenaza  real o ficticia y suele generar, sobre todo, una sensación de pérdida de control sobre sí mismo. Esto genera cambios significativos en el comportamiento de los niños.

Las crisis de pánico pueden tener una duración corta pero las consecuencias físicas pueden permanecer por mayor tiempo en el organismo. Puede tratarse desde temblores hasta un dolor de cabeza aparentemente insignificante.

Por otra parte, aunque la crisis haya pasado, el niño continúa sintiendo temor y sentirá una gran ansiedad al pensar en que la crisis puede llegar a repetirse.

El pánico es una sensación desagradable que se presenta de forma abrupta y violenta ante un riesgo o situación de peligro.

A pesar de que el trastorno de pánico suele desarrollarse, por lo general, en la adolescencia, también se puede sufrir a partir de la infancia. En este sentido, cualquier persona es vulnerable.

Causas del trastorno de pánico

El trastorno de pánico no tiene una causa en específico sino un conjunto de variables (tanto externas como internas) que pueden incidir y desencadenar su aparición y desarrollo. Por otra parte, cada caso es distinto y es difícil establecer generalizaciones a simple vista.

No obstante, aquellos individuos que se encuentran bajo un exceso de estrés, entornos tóxicos, entre otras dificultades, son más propensos a desarrollar un trastorno de pánico. ¡OJO! Esto no es una regla.

Cabe destacar que, en los niños, se considera que el trastorno de pánico puede estar relacionado a:

  • La separación forzada de sus padres.
  • Pánico escénico.
  • Inseguridad.
  • Una fobia (a un animal, a las alturas, etcétera).
  • Miedo a cuestiones imaginarias (que pudo haber visto en la televisión, escuchado o leído, etcétera).
El trastorno de pánico en los niños.

Síntomas del trastorno de pánico

El trastorno de pánico ocasiona que el organismo somatice el estrés que le produce el hecho de mantenerse en tensión constante. En este sentido, se evidencian los siguientes síntomas:

  • Entumecimiento de las extremidades (sensación de adormecimiento).
  • Aumento de la frecuencia cardiaca.
  • Sensación de presión en el tórax.
  • Dificultad para respirar.
  • Sofocos o escalofríos.
  • Náuseas, mareos.
  • Alucinaciones.
  • Sudoración.
  • Calambres.
  • Temblores.
  • Desmayos.

Cabe destacar que los síntomas anteriormente mencionados pueden ser similares a otros padecimientos como puede ser la ansiedad.

El trastorno de pánico dificulta el desenvolvimiento normal de las personas, independientemente de la edad. En el caso de los niños puede llegar a ocasionar bajo rendimiento escolar y aislamiento social.

Por ello se recomienda solicitar ayuda profesional y procurar mejorar su calidad de vida. El psicólogo no solo escuchará sus inquietudes sino que les brindará a ambos (padres e hijo) las herramientas necesarias para minimizar progresivamente el impacto de los estragos que causa el trastorno.

¿Cómo pueden ayudar los padres cuando hay trastorno de pánico?

Una vez que el profesional ha confirmado el diagnóstico de trastorno de pánico será fundamental seguir sus indicaciones y procurar no interrogar al niño acerca de sus miedos y preocupaciones si no es necesario.

La idea es brindarles seguridad para que sientan son valorados, apoyados y respetados. Esto implica que no debamos burlarnos de ellos ni etiquetarlos como ”miedosos, cobardes, tontos” ni mucho menos. Al contrario, debemos hacerles saber en todo momento que, aunque sientan temor, pueden superarlo, poco a poco.

Los niños con trastorno de pánico requieren afecto y comprensión.

No se debe menospreciar sus reacciones ni restarle importancia al motivo de su temor porque esto no ayudará a hacer que el problema desaparezca.

El objetivo de los padres (o tutores) debe ser generar un ambiente de calma y confianza alrededor del niño. Es importante que se le preste atención a sus necesidades y nos involucremos en el proceso terapéutico para poder brindarles mayor calidad de vida y bienestar.

Nuestros consejos

  1. Deben evitarse los juicios y las críticas negativas. 
  2. Ante pánico de los niños, hay que mantener la calma y:
    1. No reñirles.
    2. No culpabilizarlos.
    3. No presionarlos a que ”dejen ir” o ”enfrenten” el temor.
    4. No reprimirlos (ya que es contraproducente pedirles que no lloren, griten o tiemblen).
  3. Hay que mantener un tono de voz normal (no hay por qué gritarles) y ser amables.
  4. En caso de ser necesario, es una buena idea tomarles de la mano y hacer ejercicios de respiración profunda con ellos hasta que se sientan más calmados.
  5. Hay que establecer contacto visual y hacerles saber que no están solos.
  6. Un abrazo puede ayudar a calmarlos.
  7. Acompáñalo a donde quiera ir sin preguntar sobre el miedo.
  8. Se recomienda mantener al niño ocupado en actividades que despierten su creatividad y que le produzcan satisfacción.
  9. Evitar que vea programas violentos que infundan miedo o preocupación.