El síndrome de la madre quemada

Si la maternidad puede ser realmente gratificante, también sucede, por desgracia, que a veces causa un exceso de trabajo profundo. El síndrome de la madre quemada es un buen ejemplo de la dificultad que conlleva ser mamá.

El síndrome de la madre quemada afecta a muchas mamás en el momento de la crianza del niño. Se debe al estrés y a la fatiga que acarrea la responsabilidad de cuidar al bebé.

Se caracteriza por un estado depresivo crónico de la madre que puede conducir, en los casos más graves, a situaciones muy desagradables. Por lo tanto, se trata de un problema mucho más grave que un simple desfallecimiento o una depresión temporal.

Es el resultado de un agotamiento fisiológico, emocional y psicológico que resulta de la acumulación de situaciones de estrés, caracterizadas por una intensidad moderada y un aspecto repetitivo.

Algunas de las consecuencias más frecuentes del síndrome de la madre quemada son los trastornos del sueño, la debilidad la fatiga crónica, los problemas digestivos y los dolores de cabeza y espalda.

Fases del síndrome de la madre quemada

1.- El agotamiento emocional

Cada persona tiene un aguante de energía física y psicológica. Las responsabilidades diarias de la madre gastan gradualmente toda su energía hasta llegar al momento en el cual se sienten vacías de sus recursos.

En esta primera fase, puede ocurrir que un simple despertar genere sensación de angustia para la mamá, debido a la infinidad de tareas que debe llevar a cabo.

Luchas contra la pereza es fácil si sabes cómo.

2.- Desapego emocional

Para proteger y cuidar al pequeño, la madre establece un mecanismo de defensa. Es posible que continue realizando las tareas de la vida diaria de forma mecánica, pero el contraste hace una cruz total en la inversión emocional.

En consecuencia, la mamá se sentirá distante con su hijo, con su marido y con su vida cotidiana.

3.- Realidad

La última fase del agotamiento es, probablemente, la más preocupante. En este punto, la madre se da cuenta de la creciente brecha entre su ideal de maternidad y la realidad tal como ella la percibe.

La realidad choca con el concepto idealizado de ser una madre perfecta. En estos casos, la madre puede sentirse en una situación de fracaso personal que implica la pérdida de confianza y que puede traducirse en un comportamiento agresivo hacia el niño.

Causas principales

El cuidado de tu hijo y el hogar constituyen un trabajo real que, en ocasiones, puede que no sea valorado. La conciliación con la vida laboral puede producir que las madres no tengan tiempo ni energía para afrontar todas las situaciones.

En ocasiones, este agotamiento se debe a la necesidad de perfección que tienen algunas mamás y al hecho de tratar de imponer un esquema parental ideal.

Debes tener en cuenta que la perfección no existe. No trates de ser una madre perfecta, ya que necesitas ayuda y comprensión ante la gran cantidad de tareas que tienes a tu cargo.

El gran desencanto

La realidad de la maternidad es totalmente diferente de la fantasía idealizada, ya sea por las responsabilidades o por la dificultad de llevar a cabo una correcta organización.

Es necesario que aceptes el desencanto del ideal de ser madre y que seas capaz de ver que la realidad está compuesta de momentos buenos y malos.

“No hay manera de ser una madre perfecta, hay un millón de maneras de ser una buena madre”

–Jill Churchill–

¿Quién puede tener el síndrome de madre quemada?

No hay realmente un perfil típico que pueda tener el síndrome de la madre quemada.

De hecho, el síndrome puede afectar a las mujeres de cualquier condición social, tanto las que tienen un bebé por primera vez como las madres experimentadas. Además, puede ocurrir en cualquier momento, tanto tras el nacimiento del bebé como meses o años después.

Los dispositivos de control de la fertilidad son variados.

Existen algunos factores de riesgo de agotamiento materno, como puede ser el hecho de tener gemelos o varios niños de edades cercanas, ya que implica una carga de trabajo importante para la madre que puede, en algunos casos, desencadenar el agotamiento materno.

Otro caso en el que las madres pueden ser más propensas a sufrir el síndrome son las madres solteras, ya que pueden carecer de apoyo para criar a sus hijos.

¿Cómo mejorar?

La más importante es que aceptes no ser una madre perfecta. Para ello, no dudes en hablar sobre cómo te sientes con quienes te rodean e incluso compartir la experiencia con otras madres.

Si consideras que necesitas la ayuda de un especialista, puedes consultar a un psicólogo.

Paralelamente, es recomendable que delegues ciertas tareas y tengas el apoyo de tu pareja. En el caso de que seas una madre soltera, es posible que puedas encontrar apoyo en tus familiares y amigos. Asimismo, una niñera también puede ser de gran ayuda.
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