Las cuatro "R": las consecuencias negativas del castigo en los niños

Detenerse a pensar sobre el mensaje que queremos transmitir cuando castigamos es una de las claves para evitar las consecuencias negativas sobre los niños.
Las cuatro "R": las consecuencias negativas del castigo en los niños
Maria Fátima Seppi Vinuales

Escrito y verificado por la psicóloga Maria Fátima Seppi Vinuales.

Última actualización: 16 febrero, 2022

“Golpeó a su hermano y le puse un castigo. Solo así se calma”. Esta es una práctica muy frecuente entre los progenitores ante un episodio de mala conducta de sus hijos.

Sin embargo, lo que no saben es que existen consecuencias negativas al castigo. Pues los niños aprenden a obedecer desde el miedo, pero no reflexionan acerca de la necesidad de reparar o de corregir sus acciones. No obedecen porque comprenden la norma o porque sean respetuosos, sino porque quieren evitar un mal momento.

¿Conoces la regla de las cuatro R? Entonces, no dejes de leer y conoce todo al respecto.

Las cuatro R: consecuencias negativas del castigo

nina castigada tiempo fuera en el rincon

En la educación de los niños solemos echar mano del castigo como la primera herramienta ante un mal comportamiento o travesura. A corto plazo, es eficiente y logra interrumpir esa acción no deseada.

Sin embargo, a largo plazo, el castigo se convierte en una conducta parental “vacía” y sin sentido. Pues con ella educamos sobre el control, el poder y el miedo como motivadores de las acciones, lo cual no es positivo para lograr el cambio genuino. De esta forma, si los niños tienen padres punitivos, la próxima vez intentarán ocultar lo que hicieron.

Tal como señala Bilbao, un reconocido neuropsicólogo, muchas veces el castigo es una “castigo-trampa”. Pues los niños se dan cuenta de que se han vuelto invisibles para sus progenitores y aún sabiendo que van a ser reprendidos, optan por portarse mal y obtener la atención que desean.

Las cuatro R que nos indican que el castigo es un método poco recomendable, tienen estrecha relación con las consecuencias indeseables que fomenta la reprimenda:

  1. Rebeldía. Muchas veces, se activa la respuesta contraria a la esperada y los niños se vuelven aún más rebeldes y desafiantes.
  2. Revancha. También pueden surgir sentimientos de venganza. “Me castigan, pues en algún momento verán lo que pasa”.
  3. Resentimiento. Sentir enojo u ofensa también es otra de las reacciones.
  4. Retraimiento. El castigo suele impactar en la autoestima del niño, quien pasa a sentirse inútil o un “mal hijo”. También, la sumisión es una de las consecuencias negativas derivadas de esta acción y esto lo expone a la vulneración de sus derechos a futuro.

En síntesis, si algo debe llamarnos la atención de las cuatro R es que demuestran que el castigo provoca efectos negativos sobre los niños y al final, no logra cambiar el comportamiento deseado.

Otras de las consecuencias negativas del castigo son el daño a la autoestima, la predisposición a la ansiedad y al estrés y el debilitamiento de la relación entre padres e hijos. Esta conducta de los mayores genera que los niños se sientan peor y desde allí, es difícil construir algo beneficioso para sus vidas.



Sobre la crianza respetuosa

La crianza respetuosa es un paradigma de educación que busca enseñar a los niños desde su reconocimiento como personas con derechos, con valores y con emociones.

En ocasiones, algunas prácticas de crianzas más tradicionales arrastran el prejuicio de la edad, que indica que el niño le debe obediencia ciega al adulto por ser su mayor. Así, se incurre en el maltrato y en la manipulación, lo que está muy lejos de la buena enseñanza.

De ninguna manera la disciplina positiva implica la ausencia de límites, sino que evita darle lugar al abuso de la autoridad o al maltrato como elementos de crianza.



Recomendaciones para los progenitores

A través de la conexión con los niños es posible reconducir la conducta y lograr los objetivos. Por ejemplo, que aprendan a controlar sus impulsos, a demorar las gratificaciones y a comportarse de un modo más apropiado para el contexto.

Todo esto requiere paciencia y repetición, de modo de que el cerebro pueda fortalecer las conexiones necesarias para encontrar una mejor conducta.

Algunas claves para pensar en alternativas al castigo son las siguientes:

  • Reflexionar acerca de qué tipo de enseñanza o de valor se busca transmitir. El objetivo principal debe ser que los pequeños sepan cómo actuar y no que actúen de un modo solo para evitar un castigo. En este sentido, si un niño golpea a su hermano, en lugar de castigarlo es preciso indicarle que durante toda la semana tendrá que ayudarlo y jugar con él. Así, se asocian conductas semejantes, que le permitan al niño entender lo que sucede y lo que se espera de él.
  • Ejercitar la paciencia. Muchas veces, cuando tenemos el problema en frente, estallamos. Sin embargo, si eso sucede, nos perdemos la oportunidad de enseñar. Por eso, lo mejor es tomarse unos minutos, respirar y luego hablar con el niño. Por otro lado, también es importante aceptar que no siempre vamos a conseguir la conducta deseada. Esto requiere de tiempo y de aceptar que nuestros hijos están creciendo, explorando y desafiando los límites.
  • Elegir las situaciones en las que podremos intervenir y dar indicaciones claras. Cuando los niños están enojados es difícil que podamos conectar con ellos para enseñarles algo. Por eso, es importante encontrar las mejores oportunidades para promover una enseñanza.
Madre hablando con su hijo sobre el cáncer.

Reflexionar: el primer paso para evitar las consecuencias negativas del castigo

Es importante comprender que no existe una guía universal para seguir al pie de la letra en la crianza de los hijos. Cada niño exige que adecuemos nuestra forma de criar y que pongamos los límites necesarios para él. Entender quién es esa persona que tenemos delante, cómo es y qué necesita es la mejor manera de encontrar el abordaje apropiado de la disciplina.

Asimismo, es conveniente adecuar las expectativas que tenemos sobre los hijos reales. En nuestra mente creemos o esperamos que siempre se comporten bien, pero hay limitaciones propias de la edad, del carácter, sociales y culturales. Todas ellas impactan en su comportamiento.

Por último, también es importante preguntarse desde qué lugar educamos. Muchas veces, lo hacemos desde nuestras propias emociones (preocupaciones del día, problemas laborales) y dejamos de lado las verdaderas intenciones. Otras veces, lo hacemos de forma automática y reproducimos viejos modelos de crianza, quizás como nos educaron a nosotros. Sea como sea, si nos tomamos un tiempo para pensar qué tipo de crianza queremos brindar, seremos capaces de mejorar nuestras prácticas.

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  • Bilbao, Alvaro (2015) El cerebro del niño explicado a los padres. Plataforma Actual.
  • Carrillo-Urrego, A. (2018). Castigos en la crianza de los hijos e hijas: un estado de la cuestión. Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud, 16(2), 719-740. doi:https://doi.org/10.11600/1692715x.16206
  • Sánchez Gutiérrez, Ginette (2009). TEORÍAS DE NIÑAS Y NIÑOS SOBRE EL CASTIGO PARENTAL. APORTES PARA LA EDUCACIÓN Y LA CRIANZA. Revista Electrónica "Actualidades Investigativas en Educación", 9(2),1-29.[fecha de Consulta 11 de Febrero de 2022]. ISSN: . Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=44713058002