Los castigos físicos en la infancia pasan factura en la adultez

Gladys · 17 febrero, 2016

Desde que el doctor nos dice “serán papás” surgen una gran cantidad de preguntas que nos hacemos diariamente, ya que no tenemos un manual de instrucciones de cómo educar a nuestros hijos. Y uno de los errores más frecuentes que cometemos como padres es: el castigos físico en la infancia.

 

Educar a nuestros hijos viene fomentado desde nuestra propia educación, es decir todo comienza con los hábitos que tenemos arraigados desde que somos niños. Entonces depende de ello nuestra personalidad, manera de pensar, visión de vida, caracteres y traumas psicológicos.

Es normal que desde que nuestros hijos tienen una edad en la que razonan sobre los actos buenos o malos que tienen. Un mal comportamiento es necesario castigarlo, claro, pero no un castigo tan dramático que al final se convierta en motivos para mayores actos de desobediencia y mal comportamiento.

No debemos reflejar en nuestros hijos, la manera en la que nos educaron nuestros padres

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Todas las personas que son padres tienen una visión de “enseñanza” pero esto no quiere decir que adoptemos estas mismas costumbres, somos nosotros los que decidimos cómo, dónde y cuándo. Regañarles, castigarles y enseñarles. ¿La manera? A medida del tiempo la descubriremos, muchas veces acertada y otras no tanto.

La formación debe regirse en primera instancia sobre “ la comunicación y respeto mutuo” aun cuando somos conscientes de que tenemos el poder por ser padres y personas adultas, los niños también son merecedores de ese mismo respeto enfocado a su edad y formación.

¡Crecerán y no lo entenderán!

Los castigos físicos en la infancia pasan factura en la adultez

¡Mi hijo cometió un acto de insolencia! Todos los días escuchamos lo mismo de diferentes padres: “No sé qué hacer, ¿Qué más puedo hacerle? ¿Lo castigo con golpes? ¿Cómo hago para que comprenda sobre el respeto?”.

Sí, ciertamente es difícil, normalmente nos encontramos entre la espada y la pared y no conseguimos vías alternas para controlar el problema que tenga nuestro hijo y pasamos los días jugando a si me haces “te pego”, “si lo vuelves hacer las consecuencias serán peores que las de hoy”.

Caemos en ese error, pero ahora bien, ¿pensamos en las consecuencias que está causando en los niños? Quizás no, o cuando decidimos revisar la enseñanza que impartimos es tarde, ya los niños están pasando por esto:

  • Tomar actitudes  violentas ante cualquier situación que se les presente, incluso hasta con sus propios padres
  • Ante los castigos físicos, los niños crean una pared en su personalidad, bloquean en su mente cualquier comportamiento positivo
  • Su autonomía  puede tener una fuerte caída
  • La autoestima poco a poco va disminuyendo, ocasionándole pensamientos negativos hacia él mismo
  • Los sentimientos de rabia, rencor, dolor y ganas de salir corriendo de la casa “aumentan cada vez tienen un castigo físico”
  • Crea su propio mundo, desde entonces la comunicación con los padres se vuelve casi nula
  • Ocasiona en su interior dificultades para integrarse socialmente
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Consecuencias que solo tú como madre decides hasta dónde pueden llegar. Lo cierto de este tema es que mientras más castigos físicos existan en la vida de tu pequeño, mayores serán las consecuencias en su adultez.

De pequeños quizás se adapten a esa manera de enseñar de sus padres, pero la represión sentimental y psicológica crean la personalidad que tendrán en su futuro. Como padres nos ha sucedido muchas veces que no olvidamos ni aceptamos la forma de cómo fuimos educados. ¿Cometeremoslos mismos errores con nuestros hijos?

Esta transición va desde pequeños hasta adultos, y aun siendo mayores de edad esa visión de enseñanza errada crea estas consecuencias:

  • Se educó un ciudadano resignado y condicionado a ser siempre víctima
  • Los lazos familiares son más fáciles de romper, muchas cosas dejan de importarle, violencia con violencia se paga
  • Sus acciones ante la sociedad en un 80% son violentas, no sabe medir sus impulsos. ¡Vivirá de pelea en pelea!
  • Genera en su mente una doble moral, practicará lo mismo con sus hijos y otros niños
  • Dificultades para ser una persona que se adapte fácilmente a diferentes ámbitos
  • ¿Respeto por sus padres? No existe, o puede que exista pero con un gran grado de resentimientos, aun de grandes pensamos que nuestra educación pudo ser mejor

Sin duda alguna los castigos físicos en la infancia pasa factura en la adultez, lo que somos como personas lo debemos únicamente a la educación. Pero hay que esforzarse por aceptar que si fue duro, lo mejor es sanar y luchar porque hoy día sea diferente, aprender de lo sucedido y revertir las consecuencias en virtudes.