Los castigos físicos en la infancia pasan factura en la adultez

Gladys González·
02 Abril, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Elena Sanz Martín al
02 Abril, 2020
Muchos padres piensan que el castigo físico es aceptable o incluso necesario. Sin embargo este provoca consecuencias serias en la emocionalidad del niño.
 

Desde que recibimos la noticia de que vamos a ser padres, comienzan a surgirnos una gran cantidad de interrogantes. Cuestiones que nos planteamos cada día ya que no contamos con un manual de instrucciones sobre cómo educar a nuestros hijos. Pero, sin duda, uno de los errores que con más frecuencia se comete es el recurrir a los castigos físicos en la infancia.

Educar a nuestros hijos viene fomentado desde nuestra propia educación. Es decir, todo comienza con los hábitos que tenemos arraigados desde que somos niños. Entonces depende de ello nuestra personalidad, manera de pensar, visión de vida, caracteres y traumas psicológicos.

Desde el momento en que nuestros hijos tienen la capacidad de razonar sobre si sus actos son buenos o malos es importante impartir disciplina. Un mal comportamiento es necesario castigarlo, pero no de un modo tan dramático que termine convirtiéndose en motivo de mayor desobediencia.

No debemos reflejar en nuestros hijos la manera en la que nos educaron nuestros padres

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Todos los padres tienen su propia visión de “enseñanza”, y finalmente cada uno decide cómo, dónde y cuándo. Regañarles, castigarles y enseñarles. ¿La manera?, la descubriremos con el tiempo, tras varios errores y aciertos.

 

La formación debe regirse siempre sobre la comunicación y respeto mutuo. Aun cuando tenemos el poder por ser padres y personas adultas, los niños también son merecedores de ese mismo respeto enfocado a su edad y formación.

Las consecuencias del castigo físico

¡Mi hijo cometió un acto de insolencia!. Todos los días escuchamos lo mismo de diferentes padres: “No sé qué hacer, ¿qué más puedo hacerle para que aprenda sobre el respeto?. ¿Lo castigo con golpes?.

Ciertamente es difícil, normalmente nos encontramos entre la espada y la pared y no conseguimos vías alternas para controlar el problema que tenga nuestro hijo. Así pasamos los días jugando a “si me haces, te pego”, “si lo vuelves hacer las consecuencias serán peores que las de hoy”.

Caemos en ese error. Pero, ahora bien, ¿pensamos en las consecuencias que está causando en los niños?. Quizás no, o cuando decidimos revisar la enseñanza que impartimos es tarde, y ya los niños están pasando por esto:

  • Tomar actitudes violentas ante cualquier situación, incluso hasta con sus propios padres.
  • Ante los castigos físicos los niños crean una pared en su personalidad, bloquean en su mente cualquier comportamiento positivo.
  • Su autonomía puede tener una fuerte caída.
  • La autoestima poco a poco va disminuyendo, ocasionándole pensamientos negativos hacia él mismo.
  • Los sentimientos de rabia, rencor, dolor y ganas de salir corriendo de la casa aumentan con cada castigo físico.
  • Crea su propio mundo, volviéndose la comunicación con sus padres casi nula.
 
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Los castigos físicos en la infancia pasan factura en la adultez

Consecuencias que solo tú como madre decides hasta dónde pueden llegar. Lo cierto de este tema es que mientras más castigos físicos existan en la vida de tu pequeño, mayores serán las consecuencias en su adultez.

De pequeños quizás se adapten a esa educación, pero la represión sentimental y psicológica crean la personalidad que tendrán en su futuro. Como padres nos ha sucedido muchas veces que no olvidamos ni aceptamos la forma en la fuimos educados. ¿Cometeremos los mismos errores con nuestros hijos?.

Esta transición va desde pequeños hasta adultos. Y aun siendo mayores de edad esa visión de enseñanza errada crea estas consecuencias:

  • Se educó un ciudadano resignado y condicionado a ser siempre víctima
  • Los lazos familiares son más fáciles de romper 
  • Sus acciones ante la sociedad en un 80% son violentas, no sabe medir sus impulsos. ¡Vivirá de pelea en pelea!
  • Genera en su mente una doble moral, practicará lo mismo con sus hijos y otros niños
  • Dificultades para ser una persona que se adapte fácilmente a diferentes ámbitos
 
  • ¿Respeto por sus padres?, no existe, o puede que exista pero con un gran grado de resentimiento.  Aun de grandes pensamos que nuestra educación pudo ser mejor

Sin duda alguna los castigos físicos en la infancia pasa factura en la adultez, lo que somos como personas lo debemos únicamente a la educación. Pero hay que esforzarse por aceptar que si fue duro, lo mejor es sanar y luchar porque hoy día sea diferente, aprender de lo sucedido y revertir las consecuencias en virtudes.

  • Sauceda-García, J. M., Olivo-Gutiérrez, N. A., Gutiérrez, J., & Maldonado-Durán, J. M. (2006). El castigo físico en la crianza de los hijos. Un estudio comparativo. Boletín Médico del Hospital Infantil de México63(6), 382-388.
  • Puga Villanueva, L. (2008). Relaciones interpersonales en un grupo de niños que reciben castigo físico y emocional.