Los mayores también deben respetar a los niños

09 Septiembre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz Martín
¿Realmente es correcto el mensaje "respeta a los mayores"? El verdadero valor a transmitir es el respeto por todas las personas; empecemos siendo un modelo de conducta.

Es muy común observar cómo adultos les dicen a los niños que deben respetar a los mayores. Esta afirmación, que parece transmitir unos valores sólidos e importantes, queda a veces en entredicho por el comportamiento de los propios adultos. Los pequeños han de respetar, pero ¿no merecen también ser respetados de igual forma?

Tendemos, erróneamente, a tratar a los niños como ciudadanos de segunda. Debido a su menor edad y experiencia vital, en ocasiones pasamos por alto sus opiniones, deseos y sentimientos. La sociedad adultocentrista en la que vivimos no da el suficiente espacio ni valor al maravilloso mundo interno de nuestros infantes.

Pocas veces nos paramos a mirar el mundo desde sus ojos, a comprender sus percepciones, a escuchar sus necesidades. Sentimos que nos pertenecen y tenemos dominio sobre ellos cuando, en realidad, nuestra misión es guiarles en su propio desarrollo personal. Acompañarlos y brindarles amor propio y seguridad.

Madre hablando con su hija para mostrar que los mayores también deben respetar a los niños.

¿Predicamos con el ejemplo?

Exigimos a los niños que se adecuen a lo que queremos de ellos. Que sean obedientes, que nos escuchen, nos atiendan y cumplan nuestros mandatos. Les regañamos cuando gritan, responden o llevan la contraria. Pero ¿nos hemos detenido a reflexionar sobre nuestros propios actos?

¿Cuántas veces hemos ignorado a un niño mientras nos contaba algo? ¿Cuántas veces le hemos dicho que espere, que ahora no tenemos tiempo, que no nos moleste? ¿En cuántas situaciones hemos perdido los nervios y le hemos levantado la voz diciéndole, incluso, palabras hirientes? ¿Cuántas veces hemos respondido “no” ante sus peticiones, sin más explicación que un “porque yo lo digo”?

¿Por qué, entonces, demandamos un respeto que no ofrecemos? Los niños también merecen ser escuchados y tenidos en cuenta. También merecen ser tratados con dignidad, con respeto, con amor y compasión. A todos nos resulta inconcebible gritar a uno de nuestros invitados si derrama la bebida en una cena. Sin embargo, no dudamos en hacerlo cuando se trata de un niño.

No se nos pasa por la mente decirle a un amigo: “cállate un rato, qué pesado eres”, mientras nos cuenta algo que le importa. En cambio, lo hacemos con nuestros hijos. Igualmente, ¿qué pasaría si un niño nos grita a nosotros o nos manda callar? Lo consideraríamos una falta de respeto intolerable. ¿Por qué las normas funcionan solo en una dirección?

¿Solo se ha de respetar a los mayores?

Como vemos, el mensaje que se esconde tras un “respeta a los mayores” es injusto y parcial. Los niños se resignan a ser tratados sin tacto por los adultos, pero más tarde repiten el modelo. Así, es frecuente ver a niños mayores ninguneando o tratando con desprecio a otros más pequeños. Es sencillo comprender de dónde proviene esta conducta. Les estamos mandando la información de que el menor ha de respetar al mayor, pero no a la inversa.

Nieto dando la mano a su abuelo y mostrando respeto mutuo.

El mensaje que realmente deberíamos transmitir es el de tratar con respeto a todas las personas. Por tanto, comencemos también nosotros a respetar a los niños. Al hacerlo, estaremos siendo un gran modelo de conducta para ellos, que aprenderán a ser comprensivos y amables con los demás.

Pero, además, estaremos forjando su autoestima y enseñándoles que son valiosos y merecedores de respeto. De este modo, comprenderán que eso es lo natural, lo saludable, y no tolerarán que otras personas les vejen, insulten o humillen. Es tremendamente poderosa la información que llega a edades tan tempranas. Asegúrate de que reciban alto y claro el mensaje de que han de ser tratados con dignidad.

Nosotros también debemos respetar a los niños

Por tanto, tratemos de reflexionar y de modificar nuestros actos, si es necesario. Todos somos humanos, nadie es perfecto, pero es de sabios rectificar cuando comprendemos que podemos hacer algo de una manera mejor. Comencemos a escuchar a los más pequeños cuando hablan, a atender y mostrar interés por sus opiniones. Escuchemos sus motivos y razonemos con ellos cuando les demos una negativa. Demostrémosles que confiamos en su capacidad de entender y empatizar.

Igualmente, hablémosles sin levantar la voz y sin palabras dañinas; el mensaje llegará igual si es lanzado con respeto. Cuidemos también de que el resto de adultos del entorno traten a nuestros niños de una forma respetuosa. Con ello, lograremos educar personas seguras de sí mismas y compasivas con los demás.