7 consejos para evitar la crianza a base de castigos y recompensas

Amanda3 3 septiembre, 2017

La crianza es un reto bastante amplio, comienza desde el día que llegan los hijos y se puede decir que nunca acaba. Sin embargo, en la primera etapa de la vida, los niños necesitan recibir nuestras instrucciones con más precisión. Algunos especialistas afirman que los castigos y recompensas deben evitarse. Es decir, educar a los niños se puede lograr por medio de otro tipo de métodos, por ejemplo, a través del desarrollo cognitivo.

Es común que optemos por reprender a los niños cuando hacen algo que no nos parece correcto. Por lo tanto, castigarlos tiende a ser la principal opción. Mientras tanto, cuando estos se portan bien o hacen lo correcto, con frecuencia vienen las recompensas. Es así como terminamos criando a nuestros hijos, y de alguna manera funciona, pero puede haber más opciones. A continuación te contamos cuáles son alternativas al típico ejercicio de castigos y recompensas.

Es recomendable buscar una educación basada no solo en el ejercicio de castigos y recompensas

¿Cómo evitamos la crianza a base de castigos y recompensas?

Ningún padre se plantea a priori criar a sus hijos a base de castigos y recompensas, pero muchos terminan haciéndolo. Esta actuación es normal, común y nada reprochable, en especial cuando sabemos que la crianza no tiene manual.

Dependiendo del tipo de castigo, quizá el niño no sea gravemente afectado. Lo mismo con las recompensas, ¿por qué deberíamos pensar que hacen daño? Sin embargo, algunas teorías psicológicas explican que cuando castigamos o premiamos, podemos reforzar la conducta de manera inversa.

Por su parte, el refuerzo positivo no es condenado del todo, al contrario, puede ser efectivo. Quizá fallamos en el tipo de refuerzo que aplicamos. Si el premio o recompensa es accesible al  niño, tal vez no cuente como tal. En el caso del castigo, depende de la constancia con que lo apliquemos. No obstante, puede ser contraproducente tanto cuando es muy intenso, como cuando es muy ligero.

Por tal motivo, los expertos recomiendan que ayudemos al niño a desarrollar su proceso cognitivo. Para favorecer dicho desarrollo, es recomendable aplicar los siguientes ejercicios:

  • Evita sorpresas, cambios drásticos o improvisaciones que les hagan descontrolarse en ciertos aspectos. Es recomendable que la mayoría de nuestras acciones tengan siempre el mismo resultado.
  • Pon a tus hijos a prueba, sobre todo en procesos de asociación de ideas. Intenta que apliquen algún concepto aprendido en una circunstancia nueva.
  • Enséñales a reflexionar sobre sus acciones y dales espacio para que lo hagan, sin presiones.
  • Aprovecha todos los momentos para hacerles preguntas. Observa sus respuestas con comprensión, a fin de aplicar correcciones positivas.
  • Si vas a introducir modificaciones simples, procura que se haga de manera paulatina.
  • Adapta tu pensamiento al suyo, no intentes que él iguale tu razonamiento más avanzado.
  • Favorece la experimentación, el ensayo y la exploración.

Desarrollo de la conducta según sus capacidades

Si logramos comprender que no todos los niños son iguales y que cada uno adapta el aprendizaje a su ritmo, podemos evitar muchos disgustos. En ocasiones lo que consideramos como alteraciones de la conducta, en realidad forma parte del desarrollo de la personalidad. Por lo tanto, un castigo no es lo más conveniente en estos casos.

Castigar a nuestros hijos no es siempre la mejor manera de que aprendan

De igual manera, la corrección de conductas negativas puede ser tan improductiva como el premio por un buen comportamiento. Los expertos consideran que el desarrollo de la conducta del niño puede ser de alguna manera invariable. Es decir, se comporta según su edad y capacidades, por lo cual las intervenciones a veces están de más.

En este sentido, conviene ayudarlos a poner a funcionar sus neuronas. De acuerdo con la opinión de algunos psicólogos, el niño puede adaptarse al medio en el cual se desenvuelve. La organización también puede ser lograda según su entorno. Esto quiere decir que podemos crear un ambiente según nuestros criterios, y que ellos están en capacidad de adecuarse.

La conducta equilibrada del niño va a depender de al menos dos factores. El primero es la evolución de su proceso cognitivo y el segundo, la adaptación a su entorno. Por tal motivo, la intervención de los padres debe aplicarse primeramente en el desarrollo cognitivo y posteriormente en la adecuación  del ambiente para buscar así resultados positivos en la conducta de los niños.

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