Claves para ser una mamá con gran capacidad emocional

Raquel Aldana · 23 octubre, 2015

Atrás ha quedado la idea de que la disciplina autoritaria o la permisiva son las únicas dos opciones para criar a nuestros hijos. Así, hoy en día todos conocemos la importancia que tiene asumir la educación emocional de nuestros niños.

En la actualidad contamos con gran cantidad de información que refuerza la idea de la disciplina autorizada como la más adecuada. Pero, ¿en qué se diferencian unas y otras? ¿Qué podemos destacar?

Como es obvio, lo mejor será aquello que nos prometa mayor equilibrio. Veamos sus características:

  • Disciplina autoritaria: se establecen límites férreos y normas estrictas. Se parte de la base de que los niños no deben expresar sus opiniones y se ejerce un fuerte control sobre ellos. Esto genera niños infelices, inseguros y con baja autoestima.
  • Disciplina permisiva: este tipo de educación trata de mostrar mayor aceptación y de transmitir aliento. Sin embargo, mediante este trato se es muy pasivo a la hora de fijar límites o de responder a la desobediencia. Al niño le costará más comprender su camino dado que no conoce los carriles por los que debe caminar.
  • Disciplina autorizada: este tipo de padres logran equilibrar los límites claros con un ambiente estimulante en el hogar. Es decir, orientan a la vez que desestiman la posibilidad de ejercer control. Además, se ofrecen al niño explicaciones al niño de tal manera que se le involucra en la toma de decisiones.

Lo ideal es que aspiremos a valorar la independencia de nuestros hijos a la vez que fomentamos la adquisición de compromisos tanto familiares como sociales. Debemos alentar y elogiar la competencia con el fin de promover la confianza en sí mismos, su capacidad imaginativa y su inteligencia emocional.

Madre e hijo riendo

Desarrollar la atención positiva como base del apoyo emocional

Todo esto suena muy bonito sobre el papel pero, ¿cómo logramos desarrollar una atención positiva y emocional hacia nuestros hijos? ¿Cuáles son las claves para convertirnos en una mamá con gran capacidad emocional?

Lo primero que debemos saber es que preocuparnos por nuestros niños y consentirles son cosas muy diferentes. Ofrecer atención positiva a nuestros niños significa brindar aliento y apoyo emocional al niño de manera que él los reconozca.

Es decir, debemos ir más allá del abrazo, del elogio o del beso de buenas noches, debemos participar activamente en la vida emocional de nuestros niños. Veamos cómo conseguirlo…

Con niños menores de 9 años

Los especialistas sugieren que fijemos al menos tres momentos de “tiempo especial” cada semana en el que participemos del juego o de cualquier tipo de actividad lúdica con nuestros hijos. Durante este período debemos crear una atmósfera carente de juicios en la que se palpe interés y aceptación plena. Para conseguirlo debemos:

  • Elogiar a nuestros hijos de manera precisa, concreta y sincera evitando la adulación excesiva. Además, es importante que con el elogio celebremos acciones y no atribuciones. O sea debemos decir: ¡qué torre más grande estás construyendo!, en vez de “¡qué guapo y qué listo eres!”. Las etiquetas hay que evitarlas tanto para bien como para mal si queremos evitar que el niño se crea más o menos valioso conforme a sus errores o sus logros.
  • Demostrar interés por lo que nuestro hijo hace participante en su juego o actividad, describiendo lo que vemos y reflejando los sentimientos y emociones que percibimos. O sea: “parece que te gusta que los dos coches choquen pero no parece que estés enfadado, por eso supongo que te estás divirtiendo haciéndolo…”.
  • No hagas preguntas ni des órdenes, solo observa y refleja lo que ves sin controlar o guiar.

Con niños mayores de 9 años

Con los niños de más de 9 años debemos buscar oportunidades durante un tiempo similares que nos sirva para desarrollar actividades sin emitir juicios y prestando toda la atención a nuestros hijos.

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Claves de la disciplina positiva

Es imposible conseguir que nuestros hijos presenten buenas capacidades emocionales si no los educamos desde la coherencia y el apoyo emocional. Por eso es importante que comprendamos e integremos el manejo de nuestras emociones, principios y valores en un mismo rompecabezas para ir implementando cada punto en la etapa evolutiva que corresponda.

Para eso debemos:

  • Establecer reglas y límites claros. Debemos atenernos a ellos y hacerlos cumplir.
  • Advertir al niño de cuándo está empezando a comportarse mal y qué es lo que nos lo está indicando. Estoy favorecerá su autocontrol.
  • Definir el comportamiento positivo y reforzar la buena conducta con elogios y cariño. Del mismo modo, debemos ignorar aquellos comportamientos que solo busquen llamar la atención.
  • Hablar con el niño sobre sus emociones y favorecer la comunicación emocional. Debemos saber que las palabras solo dan cuenta de un 10% de la comunicación emocional que llevamos a cabo. Es indispensable hacerles ver cómo se manifiestan sus emociones a través del tono de la voz, del lenguaje corporal, de la postura y de las expresiones faciales.
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  • Ser comprensivos con sus sentimientos y emociones. O sea, si el niño llora tiene que percibir que sabemos que se ha hecho daño o que está angustiado por algo. Por eso debemos evitar decirle “no pasa nada”; sí que pasa, no invalidemos sus emociones y hagámosle ver que estamos a su lado.
  • Emplear tiempo en explicar a los niños el por qué las expectativas, los valores y las normas son tan importantes.
  • Prevenir los problemas antes de que se produzcan. Tenemos que saber identificar aquellos antecedentes que pueden dar lugar a una mala conducta.
  • Ser coherentes cuando se viola una norma o un límite de manera intencional. En estos casos hay que aplicar el castigo adecuado siendo coherente con lo que dijimos que haríamos.
  • Castigar de manera congruente con la mala conducta o la infracción. Asimismo debemos sentirnos cómodos con el castigo que pensamos aplicar y no comportarnos nunca de manera agresiva. Los más comunes son:

1. Las reprimendas: regañar a nuestros niños de la manera adecuada es muy importante. No debemos comportarnos de forma agresiva, debemos mostrarnos serios y dialogantes pero a la vez determinantes.

2. Las consecuencias naturales: otra opción es dejar que el niño experimente las consecuencias de su mala conducta. Ejemplo: si un niño pierde el tiempo cuando su madre trata de apremiarlo para que coja el autobús escolar, se le puede hacer que vaya a la escuela caminando y sea él quien dé la explicación de su tardanza.

No obstante, hay que tener cuidado a la hora de de asumir las consecuencias naturales. No podemos dejar que el niño juegue con fuego o que corra por la carretera, pues los resultados pueden ser nefastos.

3. El rincón: se trata de ubicar al niño en un lugar neutro en el que no tenga gratificaciones. Esto debemos usarlo por un tiempo breve, un minuto por cada año del niño a partir de los 5 años (con menos edad la duración debe ser de un minuto).

4. Quitar un privilegio: cuando los niños son demasiado mayores para ir al rincón de pensar o ya ha perdido efecto, se puede eliminar un privilegio como ver la televisión, jugar con el videojuego o reducir el tiempo de uso del teléfono.

En este sentido hay que evitar quitar privilegios que supongan experiencias importantes para el hijo. Por ejemplo, a un adolescente es mejor establecer una hora más temprana para llegar a casa que prohibirle ir a un viaje escolar.

5. La sobrecorrección. Esta técnica se recomienda a menudo para conseguir un cambio rápido en la conducta. Ejemplo: si el niño llegó a casa, arrojó su chaqueta al suelo y no saludó se le puede pedir que vuelva a salir y a entrar en casa 10 veces de la manera adecuada.

6. Un sistema de puntos. Para problemas crónicos se puede utilizar un sistema mediante el que los niños ganen puntos por conductas positivas y pierdan por mal comportamiento. Luego los puntos obtenidos se pueden canjear por alguna experiencia pactada y puntuada previamente.

Si comprendemos todos estos puntos y los adaptamos a nuestras rutinas lograremos vincular la educación con sus sentimientos; a la vez garantizaremos lo mejor de nosotras mismas ofreciéndoles enseñanzas congruentes que conectan emociones, pensamientos y conductas.

Fuente de consulta: La inteligencia emocional en los niños de Lawrence Shapiro.