Apendicitis en el embarazo: síntomas y riesgos

La apendicitis en el embarazo es un contratiempo que puede aparecer por igual en el primer, segundo o tercer trimestre. Se trata de un problema desligado a la gestación, que, si bien no debe implicar un riesgo más grave, debe atenderse de inmediato.

Hoy en día se considera que la apendicitis no tiene nada que ver con el período de gravidez; no obstante, cuando se trata de una mujer embarazada, todas las precauciones y cuidados son pocos. Así, ante un caso de apendicitis en el embarazo, debemos tener en cuenta que no es solo la vida de la madre la que está en juego, sino -y especialmente- la del bebé en gestación.

La apendicitis es la urgencia quirúrgica no obstétrica más frecuente durante la gestación, y puede ser peligrosa tanto para la madre como el feto si no se diagnostica de manera temprana”

¿Cómo detectar una apendicitis en el embarazo?

Igual que ocurre con otros problemas de salud, la apendicitis en el embarazo puede ser detectada con una ecografía obstétrica o una abdominal. Estas y otras pruebas como el hemograma o las revisiones físicas de la paciente se realizan con el objetivo de descartar cualquier patología abdominal o que se pueda relacionar directamente con el feto; no obstante, no hay que esperar a la revisión del especialista para diagnosticar una apendicitis.

El dolor en el vientre bajo es un síntoma común del embarazo.

La embarazada que sufre de inflamación del apéndice experimenta los siguientes síntomas:

  • Dolor abdominal en el lado derecho. Todo va a comenzar como una ligera molestia en el centro del vientre; luego, la molestia se convertirá en dolor y se pasará hacia el lado derecho. Aunque al inicio la mujer pueda pensar que se trata del niño que se encuentra recostado a ese lado y, como se dice comúnmente, “está encajado bajo las costillas”, el dolor no desaparece cuando el bebé se traslada de lugar, sino se vuelve más intenso.
  • Náuseas y vómitos. Durante la gravidez es normal sentir náuseas y tener frecuentes vómitos. Lo que marca la diferencia cuando se trata de una apendicitis es que estos malestares suelen acompañar al dolor abdominal.
  • Fiebre (no muy alta).
  • Constipación.
  • Inapetencia.
  • Diarreas.

A pesar de que la apendicitis manifiesta unos síntomas muy definidos, durante la gestación estos pueden confundirse con los malestares propios de este período. De hecho, es muchas veces la falta de seguridad y certeza lo que hace que la embarazada permanezca en casa más tiempo del debido, a la espera de que los dolores se alivien por sí solos, lo que provoca, a la larga, que se someta así a los riesgos a los que se expone cuando el diagnóstico y la cirugía no llegan a tiempo.

¿A qué riesgos se someten el bebé y la embarazada con apendicitis?

Ante un caso de apendicitis, la embarazada puede correr el riesgo de aborto y parto pretérmino. Además, cuando la intervención quirúrgica llega tarde y el apéndice se perfora se produce una peritonitis, lo que puede provocar que el contenido intestinal se esparza y la cavidad abdominal se contamine. Este cuadro puede finalizar así con la necesidad de que la madre ingrese en cuidados intensivos para que su vida no peligre.

No obstante, estos y otros fatídicos finales pueden evitarse si la urgencia se atiende a tiempo. De ahí la importancia de que ante la mínima duda se acuda al especialista con la mayor brevedad posible.

“Cuando sospeches que puedes estar sufriendo una apendicitis debes acudir, lo antes posible, a urgencias”

¿Qué hacer cuando se tiene una apendicitis en el embarazo?

Los especialistas recomiendan que ante los síntomas de una apendicitis durante el embarazo la mujer evite tomar analgésicos. También es contraproducente beber agua, zumo, té y cualquier otra bebida, además de ingerir todo tipo de alimentos.

Los dolores de parto se pueden aliviar mas no evitar.

Sentir el dolor puede acelerar el diagnóstico de la apendicitis y el hecho de estar con el estómago vacío facilitaría el procedimiento quirúrgico si, en verdad, se tratase de ese padecimiento.

La apendicitis siempre conduce a una intervención quirúrgica, ya que solo así podrá salvarse la vida de la embarazada y del bebé; ahora bien, acudir al hospital con calma y lo menos estresada posible facilitará las cosas. Es recomendable entrar al quirófano sosegada, sin miedos y con la confianza de que todo saldrá bien. Alarmarse no resolverá el problema, todo lo contrario, ponerse nerviosa podría elevar la presión arterial y traer consigo otros contratiempos igual de peligrosos.

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