5 razones por las que los niños no deberían tener deberes

Macarena46 24 febrero, 2017

Los deberes están desde hace un tiempo en la mira de docentes, psicopedagogos y padres. Anteriormente se creía que a mayor cantidad de tareas escolares, se obtenía un mejor rendimiento académico, lo cual se vería necesariamente reflejado en las calificaciones del alumno.

Sin embargo, nada parece estar más alejado que esta antigua hipótesis que poco a poco va quedando en el pasado. Pues los especialistas de la educación avanzan en la teoría de que los niños no deberían tener deberes. Se ha demostrado que no surten efectos positivos, no aportan conocimiento ni mejoran resultados académicos.

Toda madre desea que su niño sea responsable, constante e instruido. Sin embargo, cabe no solo informarse sino también preguntarse: ¿este es el camino adecuado? ¿El método es simplemente cargar con agotadores deberes al niño que no dispone de tiempo libre para destinar al ocio y esparcimiento?

El debate “deberes sí, deberes no” está más vivo que nunca. No obstante, nada parece cambiar en las diversas instituciones educativas del mundo entero, sean estas públicas o privadas. Ahora bien, ¿a qué método apostar para conseguir la motivación que fomente en el niño su deseo de aprender?

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Motivos por los que los chicos no deben tener deberes

  • Cansancio mental versus espacios de ocio y esparcimiento. ¿No es el horario escolar suficiente para añadir trabajo en casa? El colegio es como el trabajo para tu hijo, por lo que los deberes son esa suerte de horas extra. ¿Imaginas volver a casa a trabajar más, sin paga adicional? Necesariamente debe existir una frontera entre el estudio y el ocio o relajación. Pues de este modo se pierde tiempo de juego y de interrelación con sus pares, derechos del niño esenciales para su vida cotidiana. Ni hablar entonces de practicar alguna actividad que lo apasione y motive.
  • Pérdida de autonomía e iniciativa del menor. En primer lugar no existe iniciativa cuando simplemente los deberes se imponen. Es decir, el niño no se dispone genuinamente a aprender, sino solo a obedecer y cumplir. Por otro lado, no existe tal trabajo autónomo dado que generalmente el alumnito no adquirió previamente en el colegio los conocimientos y destrezas necesarias. Entonces, le resulta imposible realizar su tarea por sí mismo en casa. Es así como son los padres (cuando pueden) los que empiezan a luchar junto a los chicos, sin que estos últimos aprendan a resolver determinados problemas por su cuenta. Los padres, obligados a oficiar de profesores.
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  • Menos tiempo de lectura por placer disponible. Hay una diferencia abismal entre leer por gusto y placer a la lectura por obligación. Leer para cumplir, leer a disgusto, sin pasión ni motivación. El niño termina la escuela sin haber leído un libro elegido acorde a sus gustos, sin haber devorado feliz y contento lo que le apetecía.
  • La utilidad de los deberes, bajo la lupa. Si uno presta atención a los cuadernos y deberes escolares, los deberes no son más que la repetición de consignas idénticas, resultados de manera mecánica. Desde luego, los especialistas sostienen que no atienden la particularidad de cada alumno, sino que ‘estandarizan’. No obstante, considerar la diversidad y educar de manera individual en el grupo resulta vital. Ello, sin duda alguna, no permite a los más chicos aprender en tanto se tornan en tareas altamente desmotivadoras.
  • Condicionamiento de tiempo, igual a mayores tensiones familiares. Las tardes de distensión y fines de semana relajantes se convierten en una pesadilla. Comenzamos a lidiar con los deberes de los chicos. En caso de examen, el caos es inevitable y las crisis infantiles estarán a la orden del día. Se suspenden las actividades atractivas y comienzan los recelos entre miembros de la familia, perjudicando la armonía y la unión familiar.
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