5 consejos para no regañar a tu hijo en público

Aunque no queramos, a veces los padres tenemos que regañar a nuestros hijos por no actuar de forma adecuada. No obstante, debemos intentar no hacerlo en público y regañarles de forma constructiva.

La clave está en que los padres solo usemos estas regañinas en momentos puntuales y con el tono adecuado. Podemos utilizarlas en situaciones límite como cuando el niño ha realizado alguna acción que pueda poner en peligro a él mismo u a otro.

Por ejemplo, si el niño intenta cruzar un paso de cebra antes de que el semáforo se ponga verde para los peatones o si se le va un balón a la carretera. Estas dos situaciones pueden ser muy peligrosas para el niño y también si le sigue algún otro hermano o amigos.

En estas ocasiones tenemos que regañarles sin dudar, pero explicándoles la razón de nuestro enfado. No se trata de que los niños respondan por miedo que no lo van a volver a hacer. El niño tiene que entender que lo ha hecho mal y el peligro de repetir de esta conducta.

Además hay que tener en cuenta también la personalidad de cada niño. Una misma regañina puede tener una reacción emocional diferente para dos hermanos dependiendo de su carácter y sensibilidad. Hay que buscar las palabras para cada niño.

Cinco consejos para no regañar a tu hijo en público

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No atemorizar

Se trata de educar a los niños y que entiendan lo que han hecho mal. No tenemos que atemorizar ni humillar al niño. Tampoco debemos utilizar calificativos o insultos que le puedan avergonzar. Hay que intentar no subir la voz cuando regañemos al niño y no gritar en ningún momento. Pero no olvidemos que el niño tiene que notar que estamos enfadados y que han realizado una conducta inadecuada. También tienen que saber que se lo estamos diciendo con seriedad y para que cambie su conducta.

Regañar en privado

Hay que intentar no regañar al niño en público y menos delante de sus amigos. Es mejor regañarles en privado. También tenemos que intentar ser concretos en la regañina y no divagar en las explicaciones que damos al niño.

No debemos echarle un sermón largo porque el niño se aburrirá y no lo entenderá. Además tenemos que utilizar un lenguaje adaptado a su edad para que nos entienda fácilmente.

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Darle alternativas

Tenemos que regañar al niño pero también explicarle qué es lo que tenía que haber hecho. Por ejemplo si ha intentado cruzar antes de tiempo en un semáforo tendremos que explicar al niño que tendría que haber esperado hasta que se pusiera en verde y luego cruzar por el paso de cebra. También que si hubiese cruzado y no le hubiésemos detenido, le podía haber pillado un coche y haber sufrido un accidente para que sepa cuál es el peligro real de su equivocada conducta.

Ser su modelo

Si regañamos a nuestro hijo por una conducta inadecuada, nosotros tenemos que actuar en consecuencia. Por ejemplo nunca debemos cruzar un paso de cebra antes. Nuestro hijo no entenderá que le regañemos y que luego nosotros lo hagamos mal.

No podemos exigirles que lo hagan bien si no les damos buen ejemplo. Los niños aprenden por imitación y tenemos que actuar siempre delante de ellos de forma adecuada. Si no lo hacemos, notarán la incoherencia y no seguirán nuestros consejos. Recuerda que necesitan normas y límites pero también referentes de conducta por parte de los adultos.

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Regañinas constructivas

El objetivo final de regañar a un niño es educarlo y que no vuelva a repetir esa conducta. Si a la primera oportunidad el niño vuelve a repetir lo que ha hecho, está claro que no lo ha entendido. Y también que la regañina no ha funcionado. Tendremos entonces que buscar otra alternativa para que cambie su conducta.

Las regañinas deben tener un resultado porque si esto no ocurre no tienen ningún sentido. Las regañinas tienen que ser eficaces. Si el niño vuelve a cruzar mal por el paso de cebra, tendremos que volver a empezar y explicarle los peligros reales de su actitud. Las regañinas tienen que ser constructivas y promover un cambio de conducta.

 

 

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