Cuida las palabras que usas con tus hijos

“Eres tan malo”, “¡Qué mal te comportas!”, “Sacas lo peor de mí”, “Ya vas a ver cuando te agarre”, son solo algunas de las frases tristemente más escuchadas a lo largo de la infancia de un niño. Desde Eres Mamá, te daremos este consejo: cuida las palabras que usas con tus hijos.

A diario, algunas actitudes, comportamientos y conductas de tu hijo generan malestar e incluso grandes enojos. Pero debes tener paciencia y saber establecer límites y normas desde el amor, dado que estas desafortunadas frases solo impactan negativamente en los niños.

Si alguna vez has empleado una de esas frases o similares, aunque sea en caliente, cambia la postura y cuida las palabras que utilizas para dirigirte o para hablar con tus hijos, ya que -como bien es sabido- a veces, una sola palabra puede herir más que mil golpes.

Maneja tu ira, cuida las palabras

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No es extraño terminar ‘tirando la toalla’. Explotar a veces es inevitable, por lo que la situación saca a relucir nuestro lado gritón y mandón. Se hacen presentes aquí los sermones, castigos de diversa índole y, por qué no, los indeseables chantajes.

Por eso mismo, aunque te parezca absurdo o descabellado, ante estas incómodas y molestas circunstancias no puedes hacer nada mejor que enfocarte en ti misma para manejar adecuadamente tus emociones y tu propio proceder, disminuyendo el miedo del niño y aumentando tu capacidad de influencia en él.

Sin lugar a dudas, aunque sigas sorprendida, tu liderazgo positivo puede establecer los más profundos y efectivos patrones de conexión y cooperación, así como también derribar la rebeldía de los niños. Del mismo modo, si cuidas las palabras que usas con ellos, lograrás derrumbar la ansiedad y el estrés infantil.

Como siempre decimos en materia de educación, no hay mejor instrumento que predicar con el ejemplo. Los niños son como esponjas que absorben todo lo que ven y oyen, repitiendo especialmente lo malo. De manera tal que recurrir a esta serie de proposiciones desafortunadas sería un fracaso.

Cuida las palabras: su autoestima y seguridad te lo agradecerán

¿Deseas conseguir que tu hijo sea más ordenado, estudioso y responsable? No necesitas recurrir a palabras hirientes que se baten a duelo con su autoestima y seguridad en tanto solo envían valoraciones negativas en torno a la persona del niño.

Cuida las palabras si no deseas enviar a tu pequeño un mensaje peligroso capaz de reflejar una imagen de sí mismo errónea y de ponerlo en un papel que claramente no le corresponde. Puede errar, pero jamás será un mal niño; puede ocasionar un disgusto pasajero pero jamás te causará un daño en la salud.

Si quieres que tus chicos sean constantes, simplemente no seas extremista. No impongas las reglas desde el miedo, no es preciso levantar la voz ni mucho menos recurrir a los golpes que duelen en el momento pero dejan marcas de por vida.

Recuerda que la infancia contempla aquellos años iniciales de vida, la etapa más plástica de la personalidad del menor, quien no necesita rigor, sino cariño, protección y contención. Con gestos y palabras bonitas podrás dejar el mejor legado a tu hijo y ser aún una mejor madre de lo que ya eres.

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Cuida las palabras hasta para motivar al nene

Por supuesto que es posible también motivar a los niños desde corta edad escogiendo cuidadosamente cada frase. Pues no solo a la hora de regañar debes cuidar tus proposiciones, sino también cuando llega el momento de dibujar sus alas para ofrecerle el más alto y estable vuelo.

Incluso se puede motivar al chico para conozca y entienda lo que se quiere de y para él. No olvides que la motivación es tu mejor aliada a la hora de educar niños en tanto que despierta en ellos una acción positiva en torno a sus tareas diarias.

Pero mucho cuidado en torno a este punto, puesto que debemos evitar caer en motivaciones negativas que solo consiguen promover todo lo contrario de lo que espera del infante. Por eso cuida las palabras y deja de lado aquellas que solo despiertan humillación y refuerzan actitudes negativas.

No olvides que muchas frases pueden conllevar un profundo e irreversible daño emocional, así como también una inminente alteración a la afectividad del menor. En el fondo, bien sabes que no buscas un hijo perfecto sino un niño sumamente feliz sabiéndose naturalmente imperfecto.