Motivar sin herir a tus hijos

Motivar sin herir, ¿es posible?. La mayoría de las veces en las que pretendemos motivar a nuestros hijos o corregir ciertos malos hábitos y conductas, lo hacemos de manera errónea. Pues no se trata de motivar mediante la presión o la imposición.

Si lo que deseas es ayudar a cambiar o mejorar algo en tu niño, debes saber que nunca lo conseguirás partiendo de una emoción negativa. El secreto consiste en posicionarse siempre en la emoción positiva para actuar con asertividad. Pero, ¿cómo consigo esa emoción positiva que me permita motivar sin herir?

Motivar o corregir a un pequeño puede convertirse en una tarea difícil. Aunque nadie nos ha enseñado a hacerlo, debemos comprender que una forma inapropiada, puede lastimarlo y resentirlo para el resto de su vida. Por ello es conveniente conocer estos consejos para motivar sin herirlos emocionalmente.

Emoción positiva y asertividad

Estas condiciones provienen de pensamientos sanos, flexibilidad, comprensión y verdadera ayuda. Apelar a estas técnicas implica comprender al otro y empatizar. Debes ponerte en los zapatos de tu hijo, analizando a cada instante cuál es el camino más asertivo. Sólo así tu meta obtendrá mejores resultados.

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Recuerda que la asertividad conlleva ese conjunto de cualidades y habilidades que te permiten expresar tus propios criterios, defender tus derechos y proclamar tu autenticidad respetando los derechos ajenos y sin inhibirnos nosotros mismos.

A veces nos domina la ansiedad y decimos palabras que hieren al niño, lo vuelven inseguro y lo reprimen. Fundamentalmente, debes aprender a mantener la calma y acudir a palabras que consigan alegrarlo, hacerlo sentir bien y motivarlo. Un cambio de frase hace la diferencia y evita sentimientos negativos.

Debes ayudarlos a enfrentar el fracaso. Si bien los deseos de los niños son simples, cuando no logran satisfacerlos, generan frustración, miedo y rabia. Si éstos no son severos, los tolerará, pero si son intensos, perderá el control, exteriorizándolos mediante mecanismos menos maduros (llantos, golpes y gritos).

Motivar sin “peros” es motivar sin herir

Nuestro afán perfeccionista en ocasiones nos lleva a añadir una crítica o un juicio luego de elogiar a nuestro hijo. En el medio, aparece una palabra que anula la fuerza de nuestra motivación, un “pero” capaz de dinamitar lo que era o pudo haber sido. Recuerda erradicar de tu vocabulario el “pero”, el “ojalá” y el “lástima”.

En consecuencia, esa valoración deja automáticamente de ser motivadora para convertirse pronto en una recriminación. Por ello, su efecto es nulo o negativo, pese a nuestra buena intención, dado a que consiste en una conjunción cuyo significado localiza un defecto y no una mejora.

Expresa tu alegría y felicítalo por ese gol, por su buen dibujo, por su destreza en danzas, etc. Simplemente pondera y describe sus aciertos y destrezas, ayudándolo en cada paso a interpretar el valor y el significado del éxito.

Si precisas corregir errores, realiza las preguntas necesarias para evaluarlos, pero sin quitarle mérito a su conquista, o bien escoge otro momento para ayudarlo a mejorar y a buscar estrategias. ¡Reacciona! Este es el tiempo y el espacio en el que deben disfrutar juntos de su éxito.

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5 Recomendaciones para motivar sin herir

  • Potenciar la responsabilidad personal. Si el niño se siente responsable de sus propios resultados, querrá mejorarlos.
  • Evitar justificar o buscar excusas. De nada sirve poner como excusa la actitud del profesor o la insuficiencia de tiempo del niño para poseer un correcto rendimiento en el colegio o en aquellas actividades extra-curriculares que realice.
  • Comparte vivencias personales. Si logras poner en común con tus hijos aquellas cosas vividas en tu infancia, sean aciertos o errores, ellos comprenderán que ante cada error, pueden volver a intentar.
  • Reconoce su esfuerzo. Puedes hacerlo en público o en privado, e incluso toda vez que el niño tenga la oportunidad de escucharte. Lo importante aquí es que él sepa lo orgullosos que se sienten de ser sus padres.
  • Conviértete en su ejemplo. Es ideal pasar tiempo de calidad con tus hijos, pues no puedes aconsejar o corregir si él no aprecia entre ustedes un lazo que exceda la simple provisión de alimentos.
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