Una madrastra también es una madre

Amanda · 12 septiembre, 2016

Difícilmente exista un rol sobre el cual caigan más prejuicios que el de la madrastra. La madrastra es la villana del cuento y la figura femenina más odiada sin razón aparente. Esto sucede porque no acostumbramos a verla como una madre, su nexo con los niños la convierte en icono del mal, incluso sin que sea el caso; se es madrastra cuando nos corresponde hacernos cargo de los hijos de nuestra pareja, una labor que sin dudas también ha tenido satisfacción y reconocimiento.

En ocasiones, las historias de terror con respecto a la madre putativa tienen fundamento, algunos hijastros pueden contar la cantidad de injusticias a las que fueron sometidos y tienen recuerdos desagradables.

Sin embargo, el papel de madre bien ejecutado no es contado con tanta devoción; no todos los niños del mundo han tenido la dicha de ser criados exclusivamente por sus madres de sangre, pero sí es posible que hayan tenido una madre.

La convivencia en una familia reconstruida puede generar discordia, es por lo tanto que hace falta que nos supere la madurez, la paciencia y la serenidad. Lastimosamente, la figura materna de estas relaciones tiende a ser identificada por la intensidad con que suele asumir su nuevo rol; es común que exista rivalidad con los hijos y que les haga falta un tanto más de paciencia.

Todo es diferente cuando la propia madrastra admite que de hecho es madre de estos niños, no de sangre, pero es su papel en este caso. Tal vez los hijastros que nos han tocado sean muy difíciles de llevar, pero si son niños siempre nos necesitarán y es nuestra responsabilidad cuidarlos, este rol lo aceptamos con anterioridad, es la hora de convertirnos en madres en todos los sentidos.

Voy a ser madrastra, ¿qué puede salir mal?

Nada debería salir mal al asumir este rol, sin embargo, el hecho de mezclar diferentes personalidades, edades y relación sanguínea en la misma casa, en ocasiones puede fallar. Al principio los inconvenientes son inevitables, pero es imperante que con el tiempo se superen la mayoría de los problemas de la convivencia.

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El principal aspecto a considerar en este caso es la edad de los niños y de la madrastra también, pues si se trata de niños pequeños habrá más responsabilidades, pero si son grandes habrá más rivalidades. Una mujer joven que nunca ha sido madre, quizá tenga más problema en asumir este rol, pero al menos no tendrá sentimientos con los cuales comparar; en el caso de mujeres mayores que ya han perdido la paciencia, también puede aumentar el roce.

La influencia de la madre biológica, suele ser causa de los principales inconvenientes de la relación madrastra-hijastro; a veces los niños no actúan por su propia voluntad, sino que pueden recibir cierto influjo de la madre. Es posible que una madrastra se encuentre con niños predispuestos a ser intolerantes con todo lo que venga de ella, esto algo muy difícil de superar y resulta de los problemas más comunes.

En otros casos, los padres se sienten responsables de la situación en el sentido equivocado, razón por la cual pueden llegar a ser sobreprotectores con sus hijos. Esto puede provocar que los niños demanden más atención y de alguna manera se victimicen a sí mismos, lo cual podría generar reacciones exageradas de papá hacia su pareja.

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El inconveniente con esta situación es que afecta a toda la familia por igual, a los niños les impide una mejor  relación  con la madrastra y a esta última la convierte en villana. Sin embargo, el rol de madre es innegable, pues la cotidianidad permite que las acciones se fortalezcan al punto de convertirnos en absolutas responsables de la mayoría de las necesidades de los pequeños.

No obstante, esto no siempre tiene porqué ser así, algunas madrastras son apreciadas y tratadas como verdaderas madres, se lo han ganado por sus acciones y sus hijos putativos lo han hecho posible por su educación y virtudes. Nadie dice que la madrastra perderá su adjetivo de villana de un día para otro, pero siempre es buen momento para reivindicar a aquellas que merecen una mejor designación.