Una madrastra también es una madre

Amanda Sánchez Peralta · 4 febrero, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Ana Couñago el 4 febrero, 2020
Las madrastras son las malas del cuento. Pero, en la realidad, esto no tiene por qué ser así.

Difícilmente exista un rol sobre el cual caigan más prejuicios que el de la madrastra. La madrastra es la villana del cuento y la figura femenina más odiada sin razón aparente. Esto sucede porque nos acostumbramos a verla como una madre. Su nexo con los niños la convierte en icono del mal, incluso sin que sea el caso.

Una se convierte en madrastra cuando tiene que hacerse, de algún modo, cargo de los hijos de su pareja. Esta es una labor que sin dudas también aporta una gran satisfacción y reconocimiento.

Una madrastra también es una madre

En los cuentos clásicos, las madres putativas son representadas de una forma terrible, casi como ogros. Lo cual puede hacer que los niños asuman esta imagen, y sientan miedo por tener una madrastra en casa.

Hay casos en los que esto, tiene cierto fundamento, pues algunos hijastros pueden contar la cantidad de injusticias a las que fueron sometidos y tienen recuerdos desagradables. Aunque esto, no es lo normal.

De hecho, la mayoría de las madrastras ejercen su papel de un modo maravilloso. Pero esto no es contado en las historias infantiles con tanta devoción.

Además, hay que ponerse en el lugar de estas mujeres, quienes se enfrentan al reto de convivir en una familia reconstruida. Lo cual puede generar discordia por parte de sus miembros.

Desgraciadamente, la figura materna de estas relaciones tiende a ser identificada por la intensidad con que suele asumir su nuevo rol, y es común que exista cierta rivalidad con los hijos. De modo que, las madrastras deben desarrollar una gran paciencia, serenidad y madurez, para poder afrontar la situación de la mejor manera posible.

Todo es diferente cuando la propia madrastra admite que es madre de estos niños, no de sangre, pero es su papel en este caso. Tal vez los hijastros que a una tiene sean muy difíciles de llevar. Pero si se acepta este rol, hay que asumir la responsabilidad del cuidado de estos niños, convirtiéndose en madres en todos los sentidos y con todo lo que ello implica.

Voy a ser madrastra, ¿qué puede salir mal?

Nada debería salir mal al asumir este rol, sin embargo, el hecho de mezclar diferentes personalidades, edades y relaciones sanguíneas en la misma casa, en ocasiones puede resultar muy difícil.

Al principio los inconvenientes son inevitables, pero es imperante que con el tiempo se superen la mayoría de los problemas de la convivencia.

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Aspectos a considerar al convertirse en madre putativa

El principal aspecto a considerar en este caso es la edad de los hijastros y de la madrastra. Pues si se trata de niños pequeños habrá más responsabilidades, pero si son grandes habrá más rivalidades. Una mujer joven que nunca ha sido madre, quizá tenga más problema en asumir este rol, pero al menos no tendrá sentimientos con los cuales comparar.

La influencia de la madre biológica, suele ser causa de los principales inconvenientes de la relación madrastra-hijastro. Aveces los niños no actúan por su propia voluntad, sino que pueden recibir cierto influencia de la madre. Es posible que una madrastra se encuentre con pequeños predispuestos a ser intolerantes con todo lo que venga de ella. Esto es algo muy difícil de superar y resulta de los problemas más comunes.

En otros casos, los padres se sienten responsables de la situación en el sentido equivocado, razón por la cual pueden llegar a ser sobreprotectores con sus hijos. Esto  puede provocar que los niños demanden más atención y de alguna manera se victimicen a sí mismos. Lo cual podría generar reacciones exageradas del padre hacia su pareja.

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El inconveniente con esta situación es que afecta a toda la familia por igual, a los niños les impide una mejor  relación  con la madrastra y, a esta última, la convierte en villana. Sin embargo, el rol de madre es innegable, pues la cotidianidad permite que las acciones se fortalezcan al punto de convertirnos en absolutas responsables de la mayoría de las necesidades de los pequeños.

No obstante, esto no siempre tiene porqué ser así. Algunas madrastras son apreciadas y tratadas como verdaderas madres. Estas se lo ganan por sus acciones y sus hijos putativos la hacen posible por su educación y virtudes. Nadie dice que la madrastra perderá su adjetivo de villana de un día para otro. Pero siempre es buen momento para reivindicar a aquellas que merecen una mejor designación.