Tus brazos son su mejor refugio

Tus brazos son su mejor refugio, siempre. Desde el momento que nacen y conforme tu hijo vaya creciendo, el pequeño hará nido allí. Cuando llegan al mundo esos brazos son simplemente una necesidad. Mas cuando los niños crecen finalmente es un escudo de seguridad, protector de todo mal.

Tus brazos además son sanadores naturales de las más profundas heridas. Tienen el don de calmar todo miedo o angustia. Pues son fuente inagotable de ternura y felicidad para todo chiquillo. Por eso carga a tu hijo todo lo que haga falta y abrázalo absolutamente todos los días. ¡No pierdas la ocasión, que el momento es ahora!

Tus brazos, la cercanía a su “otra vida”

En su vida intrauterina, ese pequeño pedazo de tu ser se encontraba envuelto y abrazado por tu propio cuerpo. El mismo cuerpo que lo acunaba y arrullaba todo el día, todos los días. Y así, durante los nueves meses de gestación tu hijo se sintió seguro, protegido y profundamente amado.

Llegó el momento de salir y conocer el loco mundo exterior. Diste a luz y tienes al recién nacido en brazos. Entonces, lo que más lo calma es justamente sentir lo que le recuerda a esa vida pasada. Por eso, tu tono de voz, el olor de tu piel y el calor de tu cuerpo serán su calma y paz.

De ese modo, tus brazos se constituyen su compañía, cuidado y amor. Solo asegurándote brindarte toda evitarás que el chico sufra carencias afectivas. Las mismas pueden traducirse en corto plazo en actitudes que los de afuera podrían calificar como “caprichosas u hostiles”.

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Desde entonces, ese proceso de fusión con la madre pasará a segundo plano. Así se abrirá una nueva etapa. Allí, será esencial la justa combinación de tus brazos, entrega, contacto físico, escucha y presencia. Como puedes ver, el plazo en el que tu hijo habita tu propio cuerpo se extiende. No se va, sino que adopta otras formas.

Tus brazos, el instrumento de un poderoso abrazo

Es cierto. Un abrazo no es capaz de solucionar problemas. Tampoco aleja los males y peligros de nuestro entorno. Sin embargo, su inmenso poder es capaz de sanar cada una de nuestras heridas. Su instrumento, tus brazos, siempre conservarán la magia de recomponer alas rotas.

Un abrazo tuyo puede aliviar cualquier dolor y anestesiar todo sufrimiento. Es a través de este bello gesto de amor como demuestras a tu hijo que existe alguien que espera por él, simplemente porque lo ama más que a nada en el mundo.

Pues no hay abrazo tan sentido y real como el que una madre regala a su hijo. Y justamente, un abrazo sincero es signo de amar con ardor y locura. Tus brazos acarician su alma, entera o a pedazos. También nutren su autoestima y forjan una personalidad.

El abrazo es un traje talle único, mas tiene la capacidad de amoldarse a los cuerpos de todos tus hijos. Pues nada como tu cuerpo, querida madre, para hablar este lenguaje del corazón. Un lenguaje puro, dominado por el sentimiento más incondicional y eterno: amor infinito.

Esta muestra de afecto es la mejor y más completa herramienta de comunicación. No necesita ser acompañadas de palabras. Con tus brazos puedes enseñar a tus hijos el valor del más comunicativo silencio. Disfrutar de la paz y la eternidad que puede arrojar tan simple y entrañable momento.

El abrazo es ese artista capaz de dibujar en los rostros de tus hijos las más bonitas sonrisas. Acarrean los momentos más felices de su infancia. Pero no solo los más chicos disfrutan de ellos. Pues es el alimento emocional de cada menor, pero también de cada adulto.

¡Nada como tus brazos!

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Efectivamente, mamá, no hay nada en este mundo que se compare con tus brazos. Efectos de transición ni juegos de todo tipo no lograrán calmar y entretener al niño como tú. Nada mejorará el estado de ánimo de la criatura, formará su personalidad y autoestima. Tu cuerpo es la mejor casa que un hijo pueda habitar. 

Por eso, no dejes pasar ocasión para nutrir el alma y el corazón de ese indefenso e inocente ser. A cambio, te ofrecerá días y noches de ternura y amor incomparable. Sin dudas, un trato en el que se benefician todos. Especialmente, el sagrado vínculo que une madre e hijo.

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