Te enseñaré que las mejores cosas no llevan megas, baterías o electricidad

Valeria 3 julio, 2017

Te enseñaré, hijo mío, que las mejores cosas de la vida no necesitan baterías. Te haré ver desde muy temprano que el cariño, el juego al aire libre, la comunicación cara a cara, no sabe de megas, de gigas ni de píxeles. Te haré ver que la felicidad sí sabe de electricidad, pero de esa que no se ve, que es renovable y que sale del propio corazón.

Son muchas las madres y los padres que no suelen plantearse demasiado cómo va ser la educación “tecnológica” de sus hijos. ¿De qué manera va a estar presente este mundo en su día a día? ¿Debo limitarlo? ¿A qué edad tendrá su propio móvil, su tableta o un ordenador en su habitación?

En ocasiones, los propios avances van más rápido que nuestras decisiones. De hecho, y solo como ejemplo, países como Reino Unido ya se plantearon en el 2011 que el mundo de las tecnologías de la información y comunicaciones debía estar muy presente en el mundo de los niños desde muy temprano. Así, algo que se decidió a nivel educativo es que se incluyera en el currículum escolar el objetivo de que los niños aprendieran computación y a crear software.

Lucho por una educación que enseñe a los niños a pensar y no a obedecer

-Paulo Freire-

Negar que el universo tecnológico forma y formará parte de las nuevas generaciones de un modo muy íntimo, es cerrarnos los ojos. El ritmo trepidante de nuestras sociedades demanda personas hábiles y formadas en estas competencias, sin embargo, ello no nos prohíbe algo esencial, algo en lo que como padres o educadores deberíamos reflexionar.

Los pequeños deben adentrarse poco a poco en estos campos, de manera prudencial, armónica y respetando unos tiempos básicos donde su desarrollo perceptivo y cognitivo no se vea afectado por este tipo de estímulos. A su vez, y no menos importante, debemos atender dimensiones básicas como su resistencia a la frustración, su capacidad de atención o incluso su modo de relacionarse con aquello que les envuelve.

La tecnología es parte de nuestra vida pero no debe convertirse ni mucho menos en “nuestra forma de vida”.

La felicidad no ocupa megas, la felicidad está más allá de una pantalla

 

familia jugando lejos de todo aquello que va con electricidad

La felicidad no necesita un número determinado de gigas para ser más auténtica. La diversión, las risas, la imaginación, el placer de correr, de ensuciarse, de caer y volver a levantarse no necesita electricidad, no hacen falta más píxeles para ser más auténtico, más nítido.

Conseguir que nuestros niños aprendan esto lo antes posible hará que lleven una vida más plena, donde por su puesto, no hay por qué excluir el mundo de la tecnología, solo verlo como algo auxiliar, como algo que forma parte de nuestro día a día pero que no es el ingrediente esencial desde el que asomarnos a la vida.

Mamá, enséñame a concentrarme en lo que es importante

El desarrollo de la atención, la memoria y la imaginación en la etapa infantil presenta rasgos comunes. Esto hace, por ejemplo, que organismos como la Academia Estadounidense de Pediatría (AAP) recomiende que los niños menores de 2 años no sean expuestos a pantallas electrónicas.

  • Se sabe, que a partir del sexto mes de vida un bebé desarrolla algo esencial: la “atención conjunta”. Es cuando el niño focaliza su atención en un objeto pero en compañía de otra persona, desarrollando así la comunicación, las primeras bases de la sociabilidad, del control emocional…
  • Si a un bebé de 8, 10 o 20 meses le damos nuestro móvil o tableta para que se entretenga con esos estímulos, juegos o imágenes, lo que haremos es quitar fuerza a esa atención conjunta y al valor de la interacción con otras personas.
gato mirando un pez

A su vez,  otro aspecto esencial en el que reflexionar, es que el uso de las tabletas, móviles, etc, en niños menores de 6 años, hace que sean menos resistentes a la frustración. Los juegos, y todo ese lenguaje contenido en las nuevas tecnologías está lleno de refuerzos y estímulos de compensación que en la vida real no solemos encontrar.

Es vital pues que logremos equilibrar y limitar de forma acertada y pedagógica el uso de estas herramientas, de estos dispositivos -fantásticos al fin y al cabo-, que nunca deberían ser esas ventanas cotidianas desde donde nuestros pequeños ven y entienden la vida.

La electricidad que ilumina y que nos hace sentirnos vivos es la que nace del corazón

Al niño al que se le educa en un ambiente donde habitan los libros, los juegos manipulativos, donde las tardes se viven también en los parques, en la calle, al aire libre y en compañía de mamá y papá y de otros niños, le estaremos regalando algo maravilloso, algo que no necesita electricidad: la capacidad de ser feliz.

Esta es nuestra obligación hacia el niño: darle un rayo de luz y seguir nuestro camino

-María Montessori-

Potenciar la imaginación, la Inteligencia Emocional, la capacidad de reflexión, la paciencia, la correcta comunicación y esa libertad donde no estar pendiente en exclusiva de una pantalla, favorece sin duda capacidades excepcionales en los más pequeños, esas que todos somos responsables.

niña abrazada a la Lun

No se trata por tanto de privarles del ocio digital, ni de prohibirles su uso. Se trata solo de “controlar”, de supervisar y ser ante todo ser nosotros su mejor modelo, ahí donde mostrarles un ejemplo de interacción con la tecnología basado siempre en la moderación y el autocontrol.

 

Imágenes cortesía Pascal Campion, Hoor Bestick

Te puede gustar