¿Qué puede desencadenar los trastornos de personalidad en los niños?

29 Agosto, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Mara Amor López
Es importante que los padres establezcamos un buen vínculo de apego con nuestros hijos para evitar que surjan los trastornos de personalidad en los niños.

Los trastornos de personalidad en los niños no pueden ser diagnosticados antes de los 18 años, pero es durante la infancia cuando se desencadenan los síntomas que pueden acabar desembocando en un trastorno de personalidad en la edad adulta.

Para analizar estos síntomas, es importante tener en cuenta el momento evolutivo en el que se encuentran tanto los niños como los adolescentes. Es importante distinguir lo que se espera y lo que no de la etapa del desarrollo en la que se encuentran los chicos.

Durante la infancia, tenemos que darle importancia al estilo de apego y las relaciones vinculares con los niños, pues de esto va a depender su correcto desarrollo de la personalidad. ¿Quieres saber más de este tema? Sigue leyendo.

Trastorno de personalidad en los niños: el apego y las relaciones vinculares

Cuando hablamos de apego, nos referimos a la necesidad que tienen los niños de conexión emocional y proximidad con sus padres o cuidadores principales. Este queda establecido en los primeros años de vida de los pequeños.

Dependiendo de cuál sea nuestro estilo de apego, desarrollaremos una forma de relacionarnos con los demás, y esto es a lo llamamos las relaciones vinculares. Es importante que relacionemos ambas con las etapas del desarrollo emocional de los niños.

Niño intentado controlar su conducta impulsiva para no desarrollar trastornos de la personalidad.

Trastornos de personalidad en los niños: etapas del desarrollo emocional

Hay cuatro etapas importantes en el desarrollo emocional de los más pequeños:

  1. Primera infancia: desde el embarazo hasta los 7 años.
  2. Segunda infancia: desde los 7 hasta los 10 años.
  3. Adolescencia temprana: desde los 10 hasta los 15 años.
  4. Adolescencia: desde los 15 hasta los 18 años.

Dependiendo de la etapa evolutiva en la que se encuentre el niño, este actuará de una u otra forma, y su forma de actuar siempre estará relacionada con el continuo dependencia-independencia.

Cuando el niño está en la primera infancia, depende por completo de sus padres o figuras principales, y de estos depende su supervivencia. En esta etapa, los papás tienen una importante función, ya que ellos serán su fuente de regulación emocional.

Los pequeños, en esta etapa, buscan la seguridad en sus padres para explorar el mundo, es decir, que se les proteja y supervise desde cierta distancia. Si esto no es así, entramos en la sobreprotección.

Los niños, cuando sienten miedo, necesitan dónde refugiarse, sentir protección y calma. Cuando los padres no son capaces de proporcionar esto a sus hijos, es cuando empiezan los problemas. De esta manera, debemos saber qué se espera de los niños en cada momento evolutivo para, así, poder detectar cualquier problema en el futuro.

Trastornos de personalidad en los niños: rupturas vinculares entre padres e hijos

¿En qué momento los padres no son capaces de regular emocionalmente a sus hijos y qué consecuencias tiene esto? Pueden surgir tres casos:

  1. Cuando los niños son sobreprotegidos y su capacidad de explorar el mundo ha sido limitada, les hemos impedido ser independientes. Los padres les transmiten la visión del mundo como una amenaza, y a esto lo llamaríamos apego inseguro ansioso.
  2. Después de la fase de exploración, los pequeños buscan en sus padres un refugio, pero, si estos no saben ayudarlo a regular sus emociones y protegerlo, esta ruptura emocional va a llevar al niño a desarrollar el apego inseguro evitativo.
  3. Cuando a los niños no se les proporciona ni base segura ni refugio, estamos ante familias en las que hay malos tratos, abusos o cualquier otro tipo de violencia. Los pequeños buscan en sus padres la cercanía emocional pero, a su vez, estos representan una amenaza para ellos. Así, se forman dos circuitos opuestos: apego y defensa a la vez, por lo que se desarrolla el apego desorganizado.

¿Qué sucede cuando se dan estas rupturas vinculares?

Cuando se producen estas rupturas vinculares, en los niños y adolescentes se da un elevado estado de angustia y ansiedad debido a la falta de control en la relación con sus padres. Esto hace que establezcan estrategias distintas para poder volver a un equilibrio emocional y estas acaban siendo dañinas.

La conducta normal sería evitar lo que les daña. El problema surge cuando tienen miedo a sus padres. En este momento, se produciría la activación del sistema de apego y defensa a la vez. Muchas veces, para recuperar este equilibrio emocional, los niños desarrollan determinados patrones de personalidad. Vamos a ver algunos a continuación.

Personalidad narcisista

Surge cuando los chicos desarrollan poca empatía y sus necesidades quedan antepuestas a las de los demás. Puede surgir de dos maneras:

  • De forma primaria: los padres han dado un exceso de halago y esto puede producirse porque ellos ya tienen rasgos narcisistas y necesitan sentirse extraordinarios a través de sus hijos.
  • De forma secundaria: se da cuando hay un intento de compensación de un sentimiento de inferioridad.
    Niño con miedo a los ruidos fuertes.

Personalidad cuidadora

Esta personalidad surge cuando los niños aprenden que sus necesidades no son importantes en el vínculo con sus padres, y esto lo generalizan en las relaciones con otros.

El pequeño intenta adaptar su comportamiento a lo que los demás esperan de él y lo hace cuidando de sí mismo. Intenta agradar y complacer las necesidades de todos.

Desarrolla mucho enfado interior, pero no lo exterioriza por miedo a ser rechazado, lo que puede acabar desembocando en un trastorno de ansiedad o personalidad.

Personalidad perfeccionista

Los niños llegan a creer que, si lo hacen todo bien y son perfectos, los querrán e irá todo bien. Se esfuerzan cada vez más en ser mejores y nunca están satisfechos, por lo que siguen intentándolo, pero nunca es suficiente.

Esto acaba convirtiéndose en una búsqueda de la perfección patológica, que terminará formando parte de su personalidad o desembocando en un trastorno.

Personalidad indolente

Los pequeños que temen al fracaso intentarán evitar cualquier situación que lo implique. Terminan echando la culpa a los demás si algo no funciona y no tienen intención de esforzarse en cambiar algo. Esto puede ser parte del desarrollo evolutivo, pero, si persiste, puede indicar que es parte de un trastorno de la personalidad.

En definitiva, respecto a los trastornos de personalidad en los niños, es importante que los padres les demos la importancia que tienen a las relaciones de apego con nuestros hijos. Esto va a ser crucial para evitar problemas en su desarrollo emocional.

Es importante remarcar que, aunque en la infancia y adolescencia se tengan ciertas tendencias hacia algunas problemáticas, no podemos hablar de trastornos de la personalidad en sí hasta que se alcance la mayoría de edad. Es en estas etapas es cuando su personalidad se está desarrollando.