Los 7 principales estereotipos de los adolescentes

Los estereotipos de los adolescentes suelen promover una imagen limitada del potencial que tienen. ¡Atrévete a dejarlos a un lado!
Los 7 principales estereotipos de los adolescentes
Maria Fátima Seppi Vinuales

Escrito y verificado por la psicóloga Maria Fátima Seppi Vinuales.

Última actualización: 30 enero, 2023

Casi con certeza, al leer el término «estereotipo» en un artículo que trate sobre la adolescencia se nos vienen a la mente imágenes que se consideran típicas de esta etapa. Estos estereotipos de los adolescentes son ¿positivos o negativos?

Ocurre que uno de los mayores problemas con respecto a la adolescencia es que abundan los prejuicios. Estos anticipan una lectura que no siempre coincide con la realidad, sino con aquello que nosotros queremos creer. Y a la larga, se genera una idea fantasiosa que estigmatiza a los jóvenes que la atraviesan.

Veamos un poco más de qué se tratan y procuremos desandar este camino.

¿Qué son los estereotipos y cómo influyen en la adolescencia?

Los estereotipos son creencias, ideas, percepciones arraigadas en una sociedad, que anteceden a la realidad y en muchos casos se imponen. Se construyen a partir de opiniones y criterios generalizados, que nacen de la cultura propia y ajena, en la que participan con fuerza los medios de comunicación y las redes.

En un mundo interconectado, la construcción de la idea de género, la estética de los cuerpos, las sensibilidades y, en general, las formas de experimentar las emociones, avanzan hacia la uniformidad, en un trabajo de modelado en el que participan multitud de factores.

El cine, la cultura del espectáculo, las modas y sus tendencias, tienen en los adolescentes un objetivo prioritario. Y en esta atmósfera envolvente, los grupos que crean sea por gustos o afinidades, perfilan los estilos y por ende las imágenes estereotipadas que recrean y proyectan.

«…los entornos o círculos de relación condicionan las miradas de los jóvenes y las jóvenes adolescentes sobre el mundo en que viven y, por tanto, contribuyen a representar y a experimentar las coordenadas y homologías de la adolescencia en uno u otro sentido».

~ Miguel Ángel Alegre Canosa ~

Los 7 estereotipos más repetidos sobre los adolescentes

La motivación de los adolescentes depende en gran parte de lo que reciben del entorno. Y si, por ejemplo, todo el día escuchan que son perezosos y rebeldes, ¿cuántas ganas tendrán de cambiar esa imagen tan arraigada?

Por eso, es importante que toda la sociedad cuestione los estereotipos sobre los adolescentes y revise sus creencias y su concepción sobre la adolescencia, que no es una sola. No todos los jóvenes pueden darse el lujo de ser perezosos, pues muchos deben salir a trabajar para ayudar a sus familias.

A continuación, describiremos algunos de los estereotipos más conocidos que rondan sobre los jóvenes.



1. Son rebeldes

Padre e hijo discutiendo.

Entre los principales estereotipos de los adolescentes está el afirmar que son rebeldes, como si la rebeldía fuera algo ajeno y distante a nuestra realidad. Algo con lo que no tenemos contacto en la vida adulta.

La adolescencia es una etapa en la cual los jóvenes buscan desarrollar su propia identidad y esto implica ejercer más plenamente su derecho a decidir y opinar. Pero no quiere decir que por eso sean rebeldes. Incluso, si lo fueran, esto no necesariamente sería malo.

De una forma u otra, catalogar a un adolescente de esta manera es innecesario y no le permite fortalecer su autonomía ni tomar sus propias decisiones con seguridad.

2. Son perezosos

En este sentido, los adultos hablamos de la pereza de nuestros hijos como si fuera algo exclusivo de esta etapa de la vida. Como si no existiera en la adultez, como si a veces no dejáramos acumular algunos platos en la cocina o no eludiéramos algunos compromisos.

También es bueno preguntarse frente a qué son perezosos, ya que por la edad asumimos que tienen buena energía y que son capaces de comprometerse seriamente con aquellos asuntos que les interesan e inspiran.

Ante tal interrogante surgen estudios sobre la motivación hacia la actividad física en los adolescentes, como este presentado en la Universidad de Valencia, el cual describe entre sus conclusiones que esta actitud «puede encontrar justificación en multitud de causas y que muchas de ellas guardan relación con aspectos motivacionales».

3. No tienen valores

Este es un prejuicio muy extendido, especialmente cuando se ponen en tensión los valores tradicionales.

Por ejemplo, muchas veces se escucha decir que «ya no hay respeto por los padres». Sin embargo, cuando un adolescente discute o se enfrenta a su progenitor porque violenta a su madre, ¿de qué tipo de valores hablamos? Para muchas generaciones, respetar va de la mano del silencio y del temor, no de la convicción.

Además, en línea con el prejuicio anterior, algunos adolescentes se manifiestan bastante comprometidos, lo cual sirve como evidencia de la adhesión a ciertos valores. Por ejemplo, la protección de los animales, la igualdad de género, la protección del planeta, entre otros.

4. Son conflictivos

Otro de los mitos más extendidos es que los jóvenes confrontan porque sí. Si además le agregamos algunos componentes, como la clase social, la etnia y el género, la imagen resultante es fatal. Y lamentablemente, esto suele perjudicar aún más a los jóvenes negros, a aquellos de clases populares o que utilizan determinada vestimenta.

Lo que muchas veces sucede es que, desde un marco adultocéntrico, a quienes ejercen los roles de autoridad no les gusta verse confrontados o desafiados. Mucho menos por quienes tienen otras concepciones del mundo o por personas con escasa experiencia, como los adolescentes.

Pero otras veces, esto se pone de manifiesto cuando los progenitores carecen de las habilidades necesarias para poner límites de una manera asertiva.



5. Son inestables

La adolescencia tiene sus propios desafíos, ya que se presentan cambios en todos los niveles. Esto implica ciertas presiones y experiencias muy específicas que pueden ir de la mano de oscilaciones emocionales. Esto no los convierte en personas inestables, sino en sujetos en pleno desarrollo.

6. Se dejan influenciar con facilidad

Es cierto que en la adolescencia el grupo de pares adquiere gran importancia y que, a veces, la aceptación tiene mayor peso que la diferenciación. Ser parte es importante y eso implica moverse a favor de la corriente.

Sin embargo, todo ello forma parte de un proceso normal y los adultos referentes deben saber cómo acompañar y qué herramientas brindar.

De nuevo, vale la pena hacer una autocrítica y preguntar si es que la sociedad en general no es influenciable: a las publicidades, al consumo, a un deber ser que nos señala, entre otras cuestiones.

Si somos capaces de trascender los prejuicios, seremos capaces de admitir que los adultos también tenemos aquello que criticamos de los adolescentes.

7. Están todo el día con el celular

grupo de jovenes etnias uso telefonos moviles

Es cierto que el uso de la tecnología en esta etapa suele ser desmedido y que esto trae problemas de atención, de concentración y de comunicación entre las familias. No obstante, hay que reconocer que se trata de algo que atraviesa a la sociedad en su conjunto (incluso en edades tempranas) y que es necesario establecer reglas sobre el uso adecuado para todos. No está de más aclarar que las prohibiciones no son eficaces ni educativas.

La adolescencia exige comprensión y superación de estereotipos

Como podemos ver, existen numerosos prejuicios y estereotipos respecto a los adolescentes, pero es necesario reconocerlos, cuestionarlos y superarlos.

Esto no implica desligar a los jóvenes de sus responsabilidades, así como tampoco desconocer las dificultades propias de esta etapa. Más bien se trata de comprender que las lecturas estereotipadas ya no son suficientes.

El problema principal de estos prejuicios es que parecen cristalizar en una única realidad, lo cual suele ser una concepción bastante simplista e injusta. Además, en etapas claves de construcción de la identidad los estereotipos pueden resultar un estigma y limitar el potencial de los jóvenes.

Además, no debemos olvidar el modo en que la socialización influye en aquellas creencias y pensamientos, los cuales interiorizamos desde muy temprana edad y que definen la forma en la que interpretamos el mundo.

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