Papá es ese que con un abrazo, me quita todas las penas

Valeria 25 abril, 2017

Cuando papá abraza a sus hijos, los protege y los reinicia, alivia temores, consuela, y hace crecer en ellos una sonrisa de felicidad. Pocos espacios son tan reconfortantes y plácidos como ese rincón perfecto que se contiene en el pecho y los brazos de papá, ahí donde se escucha con fuerza su corazón.

Decía Rousseau en su momento que un buen padre vale por cien maestros. De hecho, y si lo pensamos bien, pocas personas dejarán en nuestra memoria emocional más temprana, una huella tan profunda y decisiva, un legado capaz de darnos ese tipo de enseñanzas con las cuales, encarar la vida con más valentía y seguridad.

Algo que todos sabemos es que la crianza no tiene territorios ni es propia de un género en exclusiva. Tanto la madre como el padre son guías, son maestros y son figuras de poder en el día a día del niño. Es más, en la actualidad, y debido a la notable presencia de la mujer en el mundo laboral y empresarial, son muchos los padres que tienen a su cargo la mayor parte de la labor de atención cuidado y educación de los hijos.

Tenemos ya muchos papás que se ocupan de las labores del hogar o que incluso eligen la paternidad en solitario. Todo ello nos debe convencer una vez más de que los hombres no son esos “auxiliadores”, esas clásicas figuras que ayudan de vez en cuando cuidan y atiende, o que asumen una posición más pasiva en lo que a crianza se refiere.

Ellos también nutren, aunque no dan el pecho, ellos también se desvelan por la noche, duermen poco, cambian pañales y abrazan a sus bebés con el mismo amor, la misma necesidad y el mismo delicado cuidado que una madre.

En “Eres Mamá” te hablamos de ello.

Las virtudes del buen padre sobreviven para siempre en la mente del niño

Vivimos en un mundo donde casi todo parece ser perecedero. Tal y como decía el recientemente fallecido Zygmunt Bauman, estamos determinados por una sociedad líquida donde todo se recicla, donde las cosas se acaban pronto y se cambian por otras en nuestro afán último por consumir, por experimentar…

Ahora bien, si bien es posible que cuando nuestro niño sea mayor también se deje llevar por esa tendencia hacia el consumismo, habrá algo que sí tendrá: raíces, y ese legado perdurable que su padre le transmitió y que lo guiará siempre y sin fecha de caducidad.

Cada consejo, cada recuerdo significativo y cada abrazo es como un azucarillo que se disuelve en su corazón para dar al niño nobleza y dulzura, magia y determinación. Y algo así es perdurable, eterno y constante.

Valioso es el padre que se preocupa por conocer a sus hijos

Esta frase que nos dejó Shakespeare, “valioso es el padre que se preocupa por conocer a sus hijos”, encierra sin duda una gran verdad.

Educar no es ni mucho menos moldear mentes a nuestro antojo, sembrar ideas rígidas, enderezar tendencias, deseos o pasiones. El buen padre es aquel que se esfuerza día a día por conocer a sus niños, por entender sus emociones y ayudarles a canalizarlas, por saber cuáles son sus intereses, su pasiones y sueños para permitirles conformar una identidad fuerte, sana, libre y excepcional.

Ser padre es también recordar cuando uno mismo fue niño

A menudo suelen recordarnos aquello de que nunca debemos perder de vista a nuestro niño interior. El buen padre es un hombre que sabe muy bien qué responsabilidad tiene un padre, que es necesario cuidarse a uno mismo emocional y psicológicamente para dar lo mejor a los pequeños, pero a su vez, también es alguien que tiene muy presente a su propio niño interior.

  • Es así como toma contacto con el valor de disfrutar el momento, ese presente donde todo es posible y los niños viven de ilusiones y esperanzas, improvisando, deleitándose del juego, las risas, la distensión…
  • Los niños disfrutan enormemente jugando con ese héroe gigante que es papá, y que como ellos, sabe disfrutar recordando también su infancia, haciendo gestos, persiguiéndolos, cantando, haciéndolos reír hasta la extenuación…

El mejor legado de un padre a su hijo es su TIEMPO

En “Eres Mamá” te lo recordamos en múltiples ocasiones. El mejor regalo que podemos hacer a nuestros pequeños es dedicarles tiempo, atención, momentos de calidad, de esos que se conservan para siempre en la memoria del corazón.

El buen papá también lo sabe, y por ello, sabe separar muy bien el tiempo de trabajo del tiempo de distensión, de cariño y afecto con sus niños. Entiende que esa es la mayor prioridad, y que la vida no es vida si al menos a lo largo de un día no le ha dedicado a su niño dos horas en cuerpo y el alma, en corazón y en sonrisas.

papá con su hijo

Todo ello es un tesoro que los hijos recordarán siempre, como recordarán sin duda esos abrazos protectores que papá les dedicó, esos en los que se sentían tan seguros, tan protegidos y tan amados…

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