Padres bajo presión: no culpes a tu hijo

Agetna · 9 enero, 2016

No culpes a tu hijo de tu poca capacidad para afrontar los rigores de la vida cuando eres tú la única responsable.

Tu niño no tiene nada que ver con tus responsabilidades, metas y sueños que cumplir. Sé lo bastante inteligente como para separar lo uno de lo otro.

¿Por qué a veces los padres se sienten presionados?

El hacer bien sus tareas y a tiempo es uno de los principales objetivos por el cual los padres se presionan.

Tener un buen rendimiento y aprovechar el día en lo que ellos consideran importante puede llevarlos al agobio.

Sin embargo, estos padres no siempre se percatan de que alcanzar sus propósitos se encuentra estrechamente relacionado con su capacidad de organizar bien el trabajo y adecuarlo a la nueva situación. No pocos de ellos pretenden seguir sus rutinas y estilos de vida como mismo las tenían antes de convertirse en padres.

Por eso, cuando se sienten presionados, suelen echarles la culpa a sus hijos. La secuencia de un día tras otro haciendo lo mismo y el estrés de la vida cotidiana vienen a agudizar el problema.

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Un pensamiento común entre estos padres es que antes de tener a su hijo el tiempo les alcanzaba para todo.

Estos padres sienten también que por mucho que se esfuerzan y perseveran en su empeño nunca logran rendir como antes.

Entonces se exigen más de lo que pueden y como no consiguen su propósito, la ansiedad los invade.

Pero el presionarse y el sentirse agobiados tiene un efecto contrario al que desean.

Los padres que se presionan mucho en vez de rendir más y avanzar en su intento solo consiguen desconcentrarse y perder la motivación.

Una manera de librarse de la presión

Como para casi todo en la vida, excepto la muerte, siempre existe una manera de poner freno o solucionar algo.

Para que puedas librarte de las presiones, o al menos, intentar hacerlo, en eres mamá te ponemos al alcance de la mano nuestra idea: Establece prioridades.

Presta atención.

Establece prioridades haciendo énfasis en aquellas tareas que, en verdad, puedes considerar como metas a cumplir de manera inmediata. Pero no olvides tachar de tu mente, aquellas que pueden quedar para más adelante.

Pongamos un ejemplo.

Esta noche tienes que:

  •  Redactar el informe que debes entregar mañana
  •  Hacer la cena para ti y tu esposo
  •  Limpiar el piso
  •  Bañar a tu hijo de 2 años. Darle el biberón y ponerlo a dormir
  •  Ducharte
  •  Lavar la ropa

Sin muchos miramientos en eres mamá te ayudamos a colocar cada una de esas tareas en orden de prioridad.

Lo primero debe ser siempre atender a tu hijo pequeño: bañarlo, darle el biberón y ponerlo a dormir.

Luego, entretanto haces la cena puedes ir lavando la ropa o limpiando el piso. Pero si el tiempo no te alcanza, el piso y la ropa siempre pueden quedar para mañana.

Cuando termines te duchas, cenas y entonces te sientas a redactar el informe para el otro día.

Sabemos que muchas de las madres que ahora mismo nos leen están pensando: ¡Es lo más lógico! ¡Claro que todas pensamos de la misma forma!

Y en efecto, todas pueden estar conscientes de que de esa manera se debe proceder.

Pero lo que no todas cumplen es el hecho de tachar de su mente las tareas que no resultan tan prioritarias.

Esas féminas mientras están bañando a su hijo pequeño se agobian con el cesto de ropa sucia que ven en la esquina del cuarto. Ahí se encuentra la raíz de su presión.

Padres bajo presión: no culpes a tu hijo

Mamá, si te sientes presionada no culpes a tu hijo.

El sentimiento de culpa es sumamente destructivo y puede dañar seriamente la autoestima del menor.

El trauma de sentirse culpable cuando en realidad no lo es puede acompañarlo la vida entera.

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Míralo bien. Tu hijo no ha cometido ningún error como para culparlo y si así fuera, echarle la culpa tampoco es el camino más correcto a seguir.

Reflexiona sobre la manera en que le das el pecho a la vida y ten sobre todo presente la felicidad y estabilidad emocional de su pequeño.

No culpes a tu hijo. Ni hoy que es un bebé ni mañana cuando sea un jovencito.