Padres bajo presión: no culpes a tu hijo

Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Ana Couñago el 28 enero, 2020
Vivimos en una sociedad que genera mucho estrés y agobio. Pero, como madres o padres, no hay que caer en el error de culpar a los hijos.

No culpes a tu hijo de tu poca capacidad para afrontar las tareas y demandas de la vida cotidiana. Los niños nunca son los responsables de nuestros fracasos y errores a la hora de gestionar el tiempo.

Los pequeños no tienen nada que ver con la incapacidad de los adultos de cumplir con sus metas, sueños y obligaciones. Esto es algo que debes tener muy presente.

¿Por qué a veces los padres se sienten presionados?

El hacer bien y a tiempo, las tareas de la vida cotidiana, es uno de los principales objetivos por el cual las madres y los padres se sienten presionados. 

De hecho, tener la necesidad de demostrar un buen rendimiento y, a su vez, aprovechar el día, puede generar un gran sentimiento de agobio y frustración.

Sin embargo, estos padres no siempre se percatan de que alcanzar sus propósitos se encuentra estrechamente relacionado con su capacidad de organizar bien el trabajo y adecuarlo a la nueva situación familiar.

Al tener hijos, muchos progenitores pretenden seguir sus rutinas y mantener el mismo estilos de vida. Pero, ¡esto resulta imposible!

Por eso, cuando se sienten presionados, suelen echarles la culpa a sus hijos.

Además, la secuencia de un día tras otro haciendo lo mismo y el estrés que esto provoca, vienen a agudizar el problema.

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Estos padres sienten también que por mucho que se esfuerzan y perseveran en su empeño nunca logran rendir como antes. Entonces se exigen más de lo que pueden y como no consiguen su propósito, la ansiedad los invade.

Así, los padres que se presionan mucho, en vez de rendir más y avanzar en su intento, solo consiguen desconcentrarse y perder la motivación.

Una manera de librarse de la presión y evitar que culpes a tu hijo

Una manera de librarse de las presiones como madres o padres, es estableciendo prioridades.

De modo que, hay que hacer énfasis en aquellas tareas que uno puede considerar como metas a cumplir de manera inmediata.

Pero, no hay que olvidarse de tachar de la mente, aquellas que pueden quedar para más adelante.

Un ejemplo de cómo establecer prioridades

Para entenderlo mejor, vamos a poner un ejemplo.

Imagina que una madre o un padre, esta noche tiene que:

  •  Redactar un informe para entregar al día siguiente.
  •  Hacer la cena para toda la familia.
  •  Limpiar el suelo.
  •  Bañar a un hijo de 2 años, darle el biberón y ponerlo a dormir.
  •  Ducharse.
  •  Lavar la ropa.

En este caso, lo primero que hay que hacer es atender al hijo pequeño: bañarlo, darle el biberón y ponerlo a dormir.

Luego, mientras se hace la cena se puede ir lavando la ropa o limpiando el suelo. Pero si el tiempo no es suficiente, el suelo y la ropa siempre pueden quedar para el día siguiente, ya que no son una prioridad.

Después, uno debería ducharse y cenar. Y, entonces, es cuando uno empieza a redactar el informe.

Padres bajo presión: no culpes a tu hijo

En definitiva, si como madre o padre, te sientes presionado, no culpes a tu hijo.

El sentimiento de culpa es sumamente destructivo y puede dañar seriamente la autoestima y el autoconcepto del menor.

El trauma de sentirse culpable, cuando en realidad no lo es, puede acompañarlo el resto de su vida.

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Piénsalo bien. Tu hijo no ha cometido ningún error como para culparlo de tus fracasos o errores vitales.

Reflexiona sobre la manera en que le das el pecho a la vida y ten sobre todo presente la felicidad y estabilidad emocional de tu pequeño.

No culpes a tu hijo. Hoy es un niño pequeño, pero pronto se convertirá en un joven adulto.