Un niño no se define por sus notas

Aunque para algunos parezca una obviedad, a muchos otros aún no les entra en la cabeza: Un niño no se define por sus notas. Bajo ningún concepto. Los niños no deben ser encasillados ni etiquetados por la calificación que recibe su rendimiento escolar.

Pues cada chico vale, y mucho. Todos son diferentes y, consecuentemente, tienen capacidades y aptitudes muy diversas. Asimismo, cada menor mantiene un ritmo de aprendizaje completamente diferente al otro. De esta manera, definir a la criatura por sus notas, se convierte en un grave error.

Por supuesto, hablamos de un error capaz de perjudicar considerablemente la autoestima del niño. Pues puede llegarse a sentir en ocasiones poco inteligente e, incluso, discriminado, tanto por el docente como por sus compañeros.

En este complejo panorama, ese padre que presiona al niño con dificultad de llegar a ese diez tan soñado por sus progenitores puede ser dañino e hiriente para la criatura. Lo esencial es entonces ver todas las virtudes del niño y apoyarlo en sus dificultades.

Sus notas: un indicador, no su karma

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Sus notas no pueden definirlo. Por presentar bajas calificaciones en determinadas materias, no es vago, ni burro. No puede tomarse, en modo alguno, como una señal de alerta. Simplemente, hay niños que presentan mayor facilidad para determinadas asignaturas y dificultad para otras.

Esto es absolutamente normal. Incluso, puede que de fondo, se esconda alguna propuesta o estrategia pedagógica que no sea la adecuada para ese chico. No todo conocimiento resulta sencillo de comprender y absorber de una determinada manera por el grueso de los niños.

Del mismo modo, puede que el concepto o conocimiento a transmitirse aún no sea apto para el niño, con un desarrollo cognitivo y madurativo personal y propio un poco más lento. Por esto mismo, resulta fundamental descubrir el mundo que se esconde tras sus notas.

No basta simplemente con etiquetar al niño por sus notas: “bruto”, “lelo”, “haragán” y demás adjetivos calificativos que solo perjudican, hiriendo como con un puñal su autoestima y seguridad. No es preciso reprender al niño, castigarlo o someterlo a mayores dosis de presión.

Por supuesto, si tu hijo aprende lento, ayúdalo a transitar este camino dando pasos más lentos, caminando más despacio junto a la docente. No pueden sus notas convertirse en un karma, y las entregas de boletines o de evaluaciones, en una pesadilla.

¿Cómo actuar para ayudarlo con sus notas?

Sus notas no determinan su personalidad

En primera instancia, si lo que tanto te preocupa son sus notas, debes actuar. ¿Cómo? Simplemente ayudándolo de la manera adecuada. Esto es, sin presionar ni perseguir, sin menoscabar ni etiquetar. La idea bajo ningún punto de vista es hacer sentir mal al menor.

Entonces, ¿de qué manera? En primer lugar, ayudándolo con la tarea de aquella asignatura donde las calificaciones son alarmantes. Quiere decir, razona junto a él mientras hace sus deberes, bríndale otras herramientas y miradas sobre el tema en cuestión.

Es posible así apelar a material lúdico o incluso audiovisual, tan útil a la hora de transmitir conocimientos de manera dinámica a los más chicos. Motívalo, incéntivalo, hazle sentir que puede hacerlo, que crees en él y, sobre todo, festeja cada pequeño logro que tenga que ver con esa dificultad.

Ármate de altas dosis de paciencia y perseverancia, pero evita en todo momento ser tú el que resuelva sus tareas y problemas con tal materia. Lejos de ayudarlo, lo perjudicas considerablemente y, en tal caso, el pequeño solo aprenderá que su madre es la mejor haciéndolo mientras que él no es capaz de lograrlo.

Incluso, si te preocupa que detrás de sus notas se esconda algún problema más complejo -neurológico o de atención y comprensión- puedes hablar con la maestra y evaluar juntas si resulta conveniente consultar con un psicopedagogo.

Ya ves que varios son los caminos que puedes tomar cuando un boletín escolar trae malas noticias. Optar por el accionar negativo, solo te conducirá a dañar al niño y empeorar sus notas. Estas opciones son adecuadas y correctas en pos de ayudar en este proceso a tu hijo. ¿Cuál eliges?

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