Mis brazos son tu refugio: nunca serás demasiado grande para mí

No importa que tengas 3 meses, 3 años o 30 años. Mis brazos siempre serán tu refugio: ese hogar en el que crecer sintiéndote amado, valorado, protegido. Este rincón de mi cuerpo será cada vez que lo necesites tu almohada para relativizar problemas, para reencontrarte en el cariño y en ese equilibrio emocional que todos necesitamos aún siendo adultos.

Estamos seguros de que en tu día a día como madre o padre te habrán dicho en más de una ocasión aquello de “no lo cojas tanto en brazos que se malcría”. Ante estas sentencias de la supuesta sabiduría popular, uno se pregunta si realmente será mejor dejarlos en sus carritos o en sus cunas, boca arriba mirando una pared, mirando un cielo infinito donde nada acontece, donde nadie les habla.

Los hijos son las anclas que dan la vida los ánimos y la fuerza a sus madres

-Sófocles-

Queda claro que en todo hay un límite y un equilibrio, sin embargo, más allá de lo que muchos puedan creer los bebés están preparados para pasar su primer tiempo de vida sobre el cuerpo de sus madres. Nada puede ser más beneficioso y estimulante. El pecho y los brazos de sus progenitores son escenarios idóneos, ahí donde se conjuga la seguridad y  la estimulación continua. Algo perfecto para su maduración cerebral.

Por otro lado, queremos darte un solo dato en el cual reflexionar. Se tienen datos de que el desarrollo psico-afectivo de los niños que han crecido en un orfanato es a menudo tan débil como traumático. La mayoría sufren trastornos del vínculo. De hecho, se ha podido ver que los bebés que están en algunos orfanatos más adversos han dejado de llorar.

Llega un momento en que un bebé entiende que llorar, ya no le va servir de nada. No importa que esté bien alimentado. Lo que de verdad ansían es ser cogidos en brazos, mecidos, atendidos emocionalmente. Cuando esto falta, cuando esto no se ofrece, el niño empieza a desarrollar carencias y la huella de una herida que traerá más de una consecuencia: baja autoestima, problemas de atención, desarrollo cognitivo más lento…

Crecerás en mis brazos para ser más fuerte

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Ante estos testimonios tan dramáticos que viven algunas criaturas en algunos orfanatos de Asia o África, todos tenemos claro la importancia de establecer un vínculo fuerte, saludable y seguro con nuestros bebés. Es algo esencial que debemos promover sobre todo a lo largo de los tres primeros años de vida, un período clave en el desarrollo cerebral, psicomotor, afectivo y psicosocial del niño.

Así, nunca está de más seguir esos principios clave que nos recuerda la crianza en brazos, porque sus beneficios y el impacto integral que consiguen nuestros niños es maravilloso.

Crecer en brazos de mamá y papá mejora el desarrollo del niño

La postura natural del bebé, como ya sabemos, es con la espalda arqueada en forma de C. Es así como estaba en el útero materno y así como se encontrará cómodo los primeros meses.

  • Tanto si llevamos portabebé o lo llevamos en brazos, recuerda que sus rodillas deben quedar por encima del culete y sus piernas en posición de “ranita”.
  • Ten en cuenta que un bebé que se pasa todo el día tumbado puede desarollar plagiocefalia (aplanamiento de la cabeza por mala postura).
  • A su vez, esa interacción continua con el bebé mientras lo llevamos en brazos favorece su desarrollo social, afectivo y de comunicación: responderá a las sonrisas, a las palabras, a las caricias…
  • A su vez, el hecho de llevarlo en brazos reduce muchas veces la presencia de cólicos e incluso el clásico reflujo tan común a lo largo de los 3 primeros meses de vida.
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Mis brazos siempre serán tu hogar, sin importar lo grande que seas

Los niños crecen rápido, lo sabemos. Ayer hacían la siesta sobre nosotros y paseábamos con ellos en brazos por el parque y cuando nos damos cuenta, van solos al colegio, van en la parte de delante del coche y preparan sus vacaciones en compañía de sus amigos.

Educar no es dar carrera para vivir, sino templar el alma para las dificultades de la vida

-Pitágoras-

Todo ello es bueno, es positivo y es lo que como padres y madres todos esperamos: que sea feliz, libre, fuerte, maduro y capaz de ser feliz y hacer felices a los demás. Sin embargo, recuerda esto: nadie es lo bastante grande para no necesitar un abrazo.

Los abrazos de una madre y de un padre no tienen fecha de caducidad. Deben estar ahí para los momentos cotidianos y para los instantes más necesitados. Es un modo de volver a nuestro hogar, es una forma sensacional de recordarles cuánto los queremos, lo importantes que son para nosotros y lo orgullosos que nos sentimos por como son, por ser simplemente ellos: nuestros hijos valiosos, perfectos y preciosos que nos ha dado la vida.

Por tanto, no hagas caso a quienes te repiten la cantinela de que los niños se malcrían en los brazos de mamá. Porque en realidad, vivir sin esta fuente de alimento emocional en su día a día en realidad es malvivir, es dejar que ese niño crezca con carencias. Porque criar a un hijo implica no solo garantizar su salud física, implica también nutrir sus emociones, cuidar de su mente, su cerebro, su corazón

Imágenes cortesía de Anna Silivoncik

 

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