Mi hijo no soportar perder, ¿cómo actúo?

Francisco María García · 5 diciembre, 2018
Cuando los pequeños de la casa no soportan perder, es labor de los padres el potenciar la competitividad y generar unos valores sociales en ellos. Ten en cuenta que los niños aprender de lo que ven.

¿Qué debo hacer si mi hijo no soporta perder? Fomentar la competitividad sana siempre es recomendable y necesario, pero cuando ganar se convierte en una necesidad es obligatorio parar un momento y determinar qué está pasando y cómo se puede mejorar la situación. No olvides que el objetivo es criar niños seguros y felices, que sepan que a veces se gana y a veces se pierde. O como reza el dicho, ‘unas veces se gana y otras se aprende’.

La importancia de frustrarse para aprender

Es natural que a los niños no les guste perder. Generalmente, cuando esto ocurre buscan ganar, aunque eso requiera alguna que otra trampilla. Sin embargo, más allá de querer ganar, es importante que los padres estén atentos cuando ese sentimiento se vuelva una necesidad para tomar cartas en el asunto.

Es importante que los niños aprendan a ganar y a perder. La razón de ello es muy simple: prepararlos para la vida y enseñarles que no siempre se obtiene todo lo que se quiere.

Aunque perder genera un sentimiento de frustración que golpea a la autoestima, también es necesario experimentarlo y entender que no pasa nada malo porque ocurra. Al contrario, después vendrán nuevas oportunidad, subidas y caídas y de eso se trata la vida.

Los niños pueden mostrar su frustración y enfado de muchas maneras

Pero, ¿qué hacer si mi hijo no soporta perder? Lo primero es enseñarle y ponerle límites. En este aspecto, es importante que los padres no cedan en todo lo que el niño quiera. Aunque puedan, no es recomendable darles absolutamente todo.

La palabra ‘no’ debe estar presente de vez en cuando. De igual forma, tanto los padres como el resto de la familia deben evitar a toda costa caer en los chantajes de los más pequeños de la casa.

La evolución en el comportamiento del niño

El comportamiento de los niños va cambiando a medida que van transcurriendo los años. En este sentido, cuando el niño tiene tres o cuatro años es completamente natural que quiera ganar todo el tiempo. Esto es porque está en una etapa de la vida caracterizada por el pensamiento egocéntrico.

Es en esa etapa en donde los padres deben comenzar a enseñar a los pequeños que no pueden obtener siempre lo que deseen. De igual forma, es recomendable que les ayuden a manejar la frustración que surge en esos momentos.

Esta etapa es clave porque si bien las intenciones de los padres y familias siempre van encaminadas a hacer feliz al pequeño, también es cierto que se trata de un estilo de crianza incorrecto que traerá consecuencias negativas para el niño en su etapa escolar.

En este aspecto, hay muchos niños que se enfadan muy severamente y hasta se tornan agresivos cuando pierden, cuando esto ocurre se deben tomar los correctivos en pro del buen desarrollo social y psicológico de los pequeños.

El orgullo provoca que muchas veces nos enfademos sin motivo.

¿Qué deben hacer los padres?

Jugar para divertirse

Aunque es recomendable fomentar la competitividad sana entre los hijos, también es importante que al momento de desarrollar algún tipo de juego los padres dejen claro que el objetivo es divertirse y nada más, sin obtener recompensas.

Equilibrio

Es importante que los padres, familiares y amigos en general controlen sus reacciones en el momento de ganar. Esto se aplica tanto si el juego involucra a los niños como si no lo hace. Se debe evitar elogiar en exceso al ganador y sobre todo burlarse del perdedor.

Limitar el enfado

Es bueno que los niños expresen sus sentimientos, pero también es necesario que los padres pongan un límite a los enfados desenfrenados. Esto incluye pataletas, lanzarse al suelo, volverse agresivo, etc. En casos de tensiones, deben hacerle entender que no es un comportamiento correcto

El refuerzo positivo es más útil que los castigos.

No darle todo a los hijos y no ceder a los chantajes es parte de lo que los padres deben poner en práctica para evitar que sus hijos desarrollen la necesidad de ganar a toda costa. Cuanto mejor se maneje esa frustración, más fácil será levantarse e intentarlo nuevamente.