Mamá, quiéreme para que tenga el coraje de abandonarte

Raquel Aldana · 17 octubre, 2015

Mamá, quiéreme para que tenga el coraje de abandonarte. Quiéreme tanto que yo pueda estar seguro de que siempre permanecerás a mi lado aunque no te vea. Confía en ti y confía en mí, deja que mi existencia tenga sentido cuando no estamos juntos, poco a poco conseguiré soltarme.

Quiéreme, no me atrapes y permanece, demuéstrame que lo que nos rodea también es seguro. Ámame como para que pierda mis miedos y pueda aventurarme a explorar un mundo en el que hay personas que no conozco y objetos que aún no he visto ni tocado.

Quiéreme y no me ates, permíteme que sea yo quien te cuente mis logros y quien te busque con la mirada para compartir contigo mi determinación.

¿Sabes? Los bebés necesitamos saber que nos aman tanto como comer. Es la única manera de sentirnos capaces de explorar y creernos valientes en cada intento. Sé que pase lo que pase en ti encontraré la protección que necesito.

 

Eres mi tranquilizante natural, mi campamento base

Mamá, tienes que saber que mi forma de explorar y de construir mi andamiaje dependerá de la forma en la que me respondas cuando te busco y te pido aprobación.

Debes saber que en menos de tres meses ya habré adquirido cierta estabilidad en la manera de comportarme. Ya sabré, más o menos, cómo es nuestra relación, cómo puedo ir en tu búsqueda y qué cantidad de “tranquilizante” encontraré en tus miradas, en tus brazos y en tus palabras.

Estoy seguro de que cuando llore sabrás calmarme. No te apures, es probable que a veces no sea fácil, pero siempre podemos jugar a cosas que me ayuden a aprender. Tus gestos y la melodía de tu voz construirán un mundo coherente y apaciguador que me permitirá sentirme bien aunque esté asustado.

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Tienes que comprender que a veces no te comprendo, que tienes que enseñarme y que tienes que tener paciencia. Necesito irme para de repente tener la necesidad de buscarte y encontrarte plena, solo así lograré el equilibrio emocional que nos hace tanta falta.

Cuando cumpla mi primer año

Para cuando tenga un añito ya habré afianzado mi pequeño carácter. Ya seré mucho más predecible y los dos sabremos cuál es mi manera de expresar la angustia, de calmarme, de comprometer a los desconocidos, de huir de ellos o, incluso, de golpearles con mi manita.

En pocos meses ya me he convertido en una personita y comienzo a ser un actor más en el mundo. Esto también puede resultarnos difícil pero no te apures, lo iremos comprendiendo juntos.

Date cuenta del cambio que esto supone. Antes me comportaba según me parecía, pero ahora comienzo a entender qué es lo esperáis de mí. Así que intento desprenderme de mis percepciones y procuro entender que tengo que relativizar el mundo e intento completar el puzzle de las expectativas y los deseos.

Detrás de todo esto hay un montón de emociones, de creencias y de intenciones que pueden resultarme complejas. De hecho, nos va a costar años (y por qué no decirlo, también discusiones) que yo entienda que tengo que seguir unas normas.

Por eso te pido paciencia, mamá. Quiero que disfrutes conmigo de esta etapa de mi vida. No te estreses, yo soy tuyo y tú eres mía. Soy un bebé con suerte por tener a mi mamá querida tan cerca, tan incondicional y tan cariñosa.

Mamá, ¡qué mayor me siento cuando exploro! ¡Ya soy todo un grandullón! ¡Gracias por confiar en mí! ¡Sé que sin ti esto no habría sido posible!

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El secreto de educar niños seguros y felices

El hecho de que un bebé se convierta en un explorador significa que su entorno le sirve como campamento base. Este es el secreto para educar niños seguros y felices.

Para ello primero debemos saber cómo se irá desarrollando su carácter, de modo que vayamos comprendiéndolo y le ayudemos a descubrir su entorno con total seguridad. Así, fomentaremos el desarrollo de sus capacidades de expresión y manejo emocional y, por ende, comportamental.

Esto favorecerá un crecimiento equilibrado que les permitirá explorar diferentes vías de adquisición de conocimiento sobre aquello que les rodea y que va a conformar su vida.

Por eso el mayor cuidado emocional que podemos ofrecerles a nuestros niños es dejarles explorar sin miedos y libremente. Ellos siempre nos lo agradecerán.