Hay lugares en el corazón que no descubres hasta que amas a un niño

Valeria 4 agosto, 2017

Hay lugares en el corazón que solo evolucionan a través de determinadas experiencias. Algo crece, algo cambia y nos enriquece en todos los sentidos cuando somos madres por primera vez, cuando somos padres. Es como un tendón psíquico que nos hace más fuertes para apreciar la vida a través de esa mirada que amas con locura, la de tu niño.

Es muy posible que más de uno de nuestros lectores se haya sorprendido con el título del artículo. ¿Es tal vez necesario tener un hijo para saber lo que es amar? La respuesta es obviamente, no. Es más, hay muchos profesionales que tratan diariamente con niños y que también han tenido oportunidad de desarrollar este don: el de poder ver la vida a través de los más pequeños, de aprender de ellos, de quererlos y guiarlos para que crezcan y sean felices.

Da un poco de amor a un nińo y ganarás un corazón.

-John Ruskin-

La verdad es que cada uno de nosotros ya venimos al mundo siendo “completos”, preparados para conectar con los demás, para amar y ser amados, para aprender de cada vivencia y de cada vínculo. Toda vivencia es un don que nos hace más fuertes, más dignos, y cada amor o relación tenida a lo largo de nuestro ciclo vital, es sin duda “sabiduría” extra para nuestra mochila emocional.

Ahora bien, tener a nuestro lado a uno o a más niños es una oportunidad única para permitirnos crecer como seres humanos, porque ellos son puro merecimiento, porque ellos necesitan la mejor versión de nosotros mismos y eso, es algo que nos va a enriquecer infinitamente.

Lo que “recoge” tu corazón cuando amas a un niño

Todos lo sabemos: hay quien no sabe amar a un niño. Este es posiblemente uno de los hechos más desoladores de nuestra realidad, hechos que dejan traumas y originan problemas, infelicidades y huellas emocionales permanentes.

No todas las personas disponen de esas capacidades o habilidades adecuadas para criar y educar a los más pequeños. Hablamos no solo de las familias, porque en ocasiones, también hay maestros o profesores que carecen de esa magia, de esa receptividad idónea con la cual, poder conectar con los niños.

Todas estas personas se pierden sin duda uno de los mejores tributos, uno de los mejores regalos de nuestra vida: aprender de los propios pequeños disfrutando de todo aquello que nos regalan de corazón.

Veamos ahora qué tributos nos ofrecen.

Los niños solo necesitan una cosa: el cariño

Cuando educamos a un niño, cuando lo criamos y lo guiamos en el día a día, descubrimos el gran poder que tiene el cariño, el refuerzo positivo, la consideración, el aprecio, la lección ofrecida con paciencia, amor y optimismo…

  • Enseguida nos damos cuenta de que al responder con aprecio y amor se consiguen muchas más cosas que con esa orden dada a través de un grito y con la sombra del miedo de por medio.
  • Percibimos cómo el cariño es el motor que despierta el desarrollo de un niño, y de cómo ese afecto seguro y  cotidiano los alienta a dar las primeras palabras, los primeros pasos…

Aprendes a apreciar las cosas más pequeñas de la vida

nieto con una flor abrazando a su abuela

La vida con los niños tiene el ritmo de un caracol, los pasos de una tortuga, la magia de un diente de león que se escampa en una tarde de brisa. Todo es nuevo ante la mirada de un niño, todo es emocionante, fascinante y lleno de infinitas posibilidades.

La persona que sea capaz de apreciar esta virtud, y que todos, de algún modo, perdimos al convertirnos en adultos, recuperará también a su propio niño interior, ese que se permitía confiar, que se ilusionaba con nada, que era capaz de soñar viendo una nube en el cielo o las gotas caer por el cristal de una ventana…

Aprendemos a dar lecciones de vida, estrategias del corazón

Puede que no seas psicopedagogo, experto en psiquiatría infantil, en neurociencia, en pedagogía o que tampoco seas un coach en gestión emocional… Y sin embargo, te das cuenta de que en el día a día con tu niño eres esto y mucho más.

 Los niños han de tener mucha tolerancia con los adultos

-Antoine de Saint-Exupery-

Nadie te ha enseñado cómo educar a un hijo, sin embargo, de la noche a la mañana te percibes más seguro/a, más capaz de ofrecer a tu niño aquello que necesita en cada instante:

  • Eres ya un gurú en la resolución de las rabietas.
  • Tienes un radar para intuir cuando tu niño está a punto de cometer una travesura.
  • Sabes consolarlo cuando tiene miedo.
  • Tienes la maestría en la paciencia.
  • Tienes el grado superior en ofrecer besos y abrazos para consolar raspaduras en las rodillas, pequeños golpes y torceduras..
mamá llevando de la mano a sus dos hijos

Todo ello, todas estas fantásticas dimensiones te han hecho crecer como persona, tu autoestima está ahora en un nivel tan alto que nunca te habías sentido tan bien, tan realizado/a, tan feliz y preparado para seguir dándole a tu niño todo aquello que tanto merece.

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