Los primeros días en casa con el bebé

Aunque los primeros días en casa con el bebé son únicos y especiales, la experiencia no siempre resulta como se esperaba. ¿Qué debo tener en cuenta para sobrellevar ese momento exitosamente?

Tras nueves meses de espera, tienes a tu bebé en brazos. Sin embargo, te invaden dudas y cierto temor a los cambios que esto conlleva. Sin embargo, lo mejor en esos primeros días en casa con el bebé es mantener la calma y disfrutar de este momento único y tan especial.

Si bien has oído que el recién nacido solo come y duerme, ese primer paso a la maternidad no es sencillo: debes cubrir las necesidades de tu hijito mientras te sientes cansada y lidias con dolores corporales. La solución es no agobiarse y pedir ayuda a fin de aprovechar los períodos de sueño de tu hijo para descansar.

Los primeros días en casa junto a tu bebé tienden a revolucionar a toda la familia en tanto implican una adaptación de la rutina. No obstante, es aconsejable afrontar esta situación con tranquilidad y sin miedos. ¿Cómo son esas nuevas jornadas y cómo actuar con el nuevo integrante del hogar?

Los primeros días en casa del bebé: Comienza la adaptación

Aunque los primeros días en casa con el bebé provocan gran inquietud en madres primerizas, no debe cundir el pánico. Es fundamental atender el comportamiento del recién nacido, quien debe adecuarse a la vida ‘exterior’: la oxigenación y nutrición no llegarán vía cordón umbilical y desaparece la protección del útero.

¡Relájate! No solo cuentas con la asistencia de familiares y personal médico, sino que cada madre posee las mejores armas para sobrellevar este momento: instinto, cariño y sentido común materno. A continuación compartimos consejos imprescindibles para ese momento.

La alimentación del bebé

El recién nacido tiene un estómago diminuto, por lo que se alimenta en pequeñísimas raciones y con frecuencia. Muchos de ellos exigirán el pecho materno o su preciado biberón cada dos o tres horas, mientras que otros sentirán hambre más a menudo.

Con tu bebé en brazos, será muy fácil darte cuenta de si tu bebé tiene hambre, pues comenzará a esgrimir un quejido que luego se convertirá en gritos o llanto. Además, hay señales más sutiles como chupar sus manitas, mover la boca como si quisiera mamar o voltear la cabeza hacia el pecho.

¿Normales?: Hipo, eructos y vómitos

Algunos bebés necesitan que los hagan eructar a menudo, mientras otros lo hacen naturalmente y casi sin ayuda. Es cuestión de evaluar su comportamiento a la hora de comer: si el bebé se pone inquieto o irritable probablemente necesita largar ese aire.

Incluso, no deberías asustarte si tu hijo tiene hipo o vomita; es normal y no les genera ningún tipo de molestia. Tampoco te alarmes cuando el pequeño regurgite o escupa un poco de leche durante o después de cada comida.

Ahora bien, si la criatura vomita en exceso y arquea la espalda o llora simultáneamente (sobre todo, de noche), considera un posible reflujo, el cual es común en recién nacidos y mejora cuando el bebé adquiere el control de los músculos de su cabeza.

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Hablemos del pañal

El estado del pañal puede causar molestia e incluso dermatitis. Si el bebé toma leche materna, posiblemente haga pipí al menos cinco veces al día y, si lo alimentas con leche de fórmula, orinará más, llegando a mojar diez pañales diariamente.

Ahora bien, los recién nacidos amamantados suelen hacer caquita más a menudo que quienes reciben fórmula, debido al tiempo que se demora en digerir cada leche. Por eso, registra la frecuencia de evacuación del niño por si el doctor pregunta al respecto.

Si bien las primeras deposiciones de la criatura son negras y consistentes (“meconio”), durante los primeros días en casa, el pañal del nene puede presentar caquitas verdosas, color café o mostaza y grumosas si toma pecho, o bien pastosas y de color variante si consume fórmula.

¿Qué hay del llanto?

Tu hijo llorará y eso es imposible de evitar o prevenir, pues es la manera de manifestar su incomodidad o necesidades insatisfechas. Notarás que durante los primeros días en casa, el bebé es más bien tranquilo y dormilón.

Sin embargo, unas semanas más tarde, el recién nacido llegará a llorar aproximadamente un promedio de dos horas diarias. La buena noticia es que, con el tiempo, podrás comenzar a identificar los motivos por los que tu pequeño llora.

Pero, si eres primeriza puedes chequear si el nene llora por el estado del pañal, hambre, cansancio o incomodidad. Si el llanto no se debe a estos factores, puede que el bebé haya sido expuesto a un exceso de estímulos.

El polémico sueño del recién nacido…

Durante los primeros días en casa con tu pequeño, no dormirán demasiado ya que se despertará frecuentemente para alimentarse. No obstante, entre todas las siestas reducidas, tu solcito descansará en promedio unas 16 o 18 horas por día.

sleeping smiling newborn baby on blanket
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La silla del auto, moisés, portabebés o brazos; la mayoría de los bebés se sienten más cómodos y contenidos en lugares “pequeños” que los remiten al vientre materno. Así los recién nacidos aman permanecer envueltos en mantas y cobijas que reproducen su ambiente natural durante 9 meses y evitan sobresaltos y reflejos naturales.

El baño

Seguramente te han dicho que el momento del baño llegará cuando caiga el cordón umbilical. Sin embargo, puedes cuidar su higiene mediante baños de esponja en esos primeros días en casa. También puedes usar toallitas húmedas para limpiar los pliegues de la piel del cuerpo de tu hijo.

Lo último que debes limpiar es la zona del pañal, aplicando vaselina o crema que sequen sarpullidos e irritaciones (dermatitis de pañal). Además, no te alarmes ante las normales escamitas, eritemas, “costra láctea” o resequedad de la piel del bebé.

Es fundamental cuidar el muñón umbilical del recién nacido, lo cual requiere de una limpieza por cada cambio de pañal. El ombligo del bebé debe quedar tapado por una gasa estéril mas es preciso controlar su aspecto y que permanezca seco y limpio.

Cambios en tu cuerpo

Tu cuerpo enfrentará grandes cambios luego de dar a luz: con la llegada de tu hijo, empezarás a producir leche luego de generar un líquido rico en anticuerpos llamado “calostro”, más amarillento que la leche materna. Probablemente sentirás tus senos más llenos, firmes y pesados.

Amamantar no solo significa alimentar a tu niño, sino conectar de una manera única con esa vida que salió de tu interior. Sin embargo, a la hora de dar el pecho durante los primeros días en casa con tu bebé, surgen dificultades. Aunque cueste, debes lograr que el bebé se prenda a ambos pechos.

Un capítulo aparte merece el cuidado de los pezones en esos días inaugurales de la maternidad, pues dar el pecho genera mucho dolor y sensibilidad en la zona que comienza a agrietarse. Para aliviar esa sensación, aplica crema de lanolina purificada o de caléndula, y rocía tu propia leche para humectar los pezones.

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