Lo que se aprende con suavidad, se recuerda con amor

Valeria 30 mayo, 2017

Educar con suavidad es ofrecer una crianza con “co-razón”, ahí donde guiar a nuestros hijos a través de la paciencia y el respeto, ahí donde se atienden las necesidades, sin prisa, sin pausa, pero pasito a pasito y de la mano.

Por curioso que parezca a día de hoy son muchos los padres, las madres e incluso los maestros que siguen enfocando la educación bajo las clásicas estrategias conductistas del refuerzo y la sanción. Se da por sentado que los pequeños son esa especie de tábula rasa donde hay que introducir conocimientos a la fuerza porque los niños, claro está, “no saben nada”.

Ahora bien, en lugar de entender la educación desde esta perspectiva deberíamos verla más bien como un despertar. Es abrir los ojos a la vida y al mundo, y tal acontecimiento debe ser experimentado a través de la curiosidad, del afecto y de ese respeto auténtico hacia el niño donde cada aprendizaje interiorizado pueda recordarse y aplicarse gracias al amor.

Todos hemos oído e incluso vivido en piel propia ese discutible consejo de que “la letra con sangre entra”, y aunque no podemos dejar a un lado la siempre importante cultura del esfuerzo, lo que no es pedagógico ni justificable es centrarnos en la cultura del sacrificio, ahí donde quitar la magia de la infancia de un niño, ahí donde guiarlo solo a través de castigos y recompensas.

Aprender con suavidad, lo creamos o no, es la clave del éxito, porque criar con ternura, guiar con afecto es respetar a los niños para que su despertar a la vida sea algo intenso, efectivo y feliz.

La educación en suavidad es guiar a través de la Inteligencia Emocional

En la actualidad son muchos los profesionales de la educación que promueven ese despertar, ese cambio de enfoque en las aulas donde aplicar en el día a día la Inteligencia Emocional. Factores como promover los valores positivos, los refuerzos positivos por encima de los negativos o priorizar las actividades en cooperación por encima de la competitividad, es lo que poco a poco puede dar grandes resultados.

Si en las escuelas infantiles, colegios e institutos ya se está intentando promover este enfoque, es necesario que en casa estemos también en sintonía con esta propuesta. De hecho, estamos seguros de que muchas de nuestras mamás y papás que nos siguen cada día estarán aplicando muchos de esos conceptos clave que nos propone la Inteligencia Emocional, ahí donde la suavidad en el trato y en cercanía afectiva y comprensiva parental, son las estrategias más efectivas a la hora de criar a un niño o una niña.

Para ello, y para reflexionar un poco más en el tema, te proponemos ahondar en estas dimensiones que sin duda, te serán de gran ayuda:

El niño no es una hoja en blanco

Es necesario que desmontemos los clásicos enfoques sobre el desarrollo y el modo de aprender de un niño para ser más efectivos a la hora de criar y educar. Nuestros pequeños no son “hojas en blanco”. Si fuera así, todos ellos serían iguales y se comportarían de la misma manera en la infancia.

  • Como madre o como padre sabrás ya que tu bebé o tu niño de 2,3 o 6 años tiene un carácter propio, un modo de comportarse, de reaccionar ante las cosas, de aprender o de interaccionar contigo.
  • Solo cuando comprendamos cómo son, qué emociones habitan más en ellos o cómo se relacionan mejor con las cosas y con nosotros, podremos educarlos con éxito.
  • Ese viaje, el de la crianza y la educación, solo puede llevarse a cabo con éxito mediante la suavidad y esa actitud paciente que entiende e intuye. Porque los niños no son cofres vacíos, no son cajas huecas, están llenos de sueños, de emociones contrapuestas, de ansiedades y también de miedos.

Nuestra labor está entonces en concocer todos esos mundos interiores para ayudarlos y potenciar en ellos sus máximas habilidades, sus máximas capacidades.

¿Qué es educar con suavidad?

  • Educar con suavidad es educar con paciencias y sin prisas.
  • Es conocer las necesidades de nuestros hijos.
  • Es hacer uso del refuerzo positivo, es ser su guía cercano cuando se equivoca o hace algo mal, es saber decirle “estoy aquí, contigo, sé que puedes hacer las cosas mucho mejor y voy a ayudarte”.
  • Educar con suavidad es no criar con gritos, es no comparar a nuestros niños con otros, ni hablar delante de ellos como si no estuvieran mientras comentamos sus defectos, sus manías, sus errores o sus limitaciones…
  • Ser un padre o una madre que educa en suavidad es ser alguien que tiene muy claro lo que desea para su hijo: alguien no quiere niños perfectos, ni el hijo más guapo, ni el más inteligente. Lo que desea por encima de todo es que sea una persona FELIZ.

Para concluir, no olvides nunca en tu día a día con tus pequeños tesoros estas tres palabras: suavidad, paciencia y cercanía. Serán tus grandes aliadas.

 

Imágenes cortesía de Komako Sakai

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