Lactancia y trabajo: ¿Cómo lo hago?

Indira Ramírez 16 abril, 2016

Estás de vuelta al ruedo laboral luego de unos meses de dedicación exclusiva a tu recuperación post embarazo y a tu bebé. Pero no quieres dejar de amamantar. La gran pregunta de ese período es: lactancia y trabajo, ¿cómo hago?

Erróneamente se piensa que si vuelves a trabajar debes dejar de alimentar a tu bebé con leche materna y sustituir este alimento con fórmulas o comida sólida. De ninguna manera.

Si deseas continuar amamantando a tu bebé, tal como lo recomiendan los pediatras alrededor del mundo y la Organización Mundial de la Salud, lo primero que debes hacer es informarte.

Debes estar al tanto de cuáles son las regulaciones y normas que protegen a la mamá y a su bebé en los primeros meses, los permisos postnatales y de lactancia que existen en tu país y todas las regulaciones sobre el tema. Así, podrás defender tus derechos y los de tu hijo.

Lactancia y trabajo ¿cómo hago?

La leche materna es el alimento más completo que puedes brindar a tu bebé y su consumo es exclusivo en los primeros seis meses de vida. Además es un alimento inocuo, siempre a disposición y gratuito.

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Organización

Ten con semanas de antelación un plan en relación a los horarios de incorporación al trabajo, quién o dónde cuidarán a tu bebé en el tiempo que estés fuera de casa, prepara una descripción de su dieta y rutina diaria que compartirás con los cuidadores.

Es decir, trata de controlar la mayor cantidad de aspectos posibles para que el retorno al trabajo te agarre preparada.

Equilibrio

La maternidad, la familia, la salud y el éxito en la vida tratan de equilibrios. Evita imbuirte en la jornada laboral por completo los primeros días. Ve paso a paso.  Si en tu caso es posible, inicia con media jornada y ve incrementando las horas.

Banco de leche materna

Organizaciones mundiales pro lactancia materna recomiendan realizar un banco de leche materna en casa. La leche materna puede permanecer hasta 3 meses congelada sin que su composición se altere y 48 horas en ambientes naturales.

El banco de leche es muy sencillo. Necesitarás envases de vidrio, plástico o bolsas herméticas esterilizadas, especiales para conservación de alimentos. En ellos colocarás la leche que previamente te has extraído y la conservarás en el refrigerador. Se recomienda mantener un banco de leche de hasta 15 días de conservación.

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Introducción a la cuidadora

Realiza, días previos a tu retorno al trabajo, un encuentro con la cuidadora sobre los aspectos claves del cuidado del bebé.

Ejemplo: pídele que, si tu llegada a casa coincide con la hora de alimento del bebé, esperen por ti. Así podrás amantar al bebé. De igual manera, trata que los horarios de comida coincidan con el momento antes de salir al trabajo.

Si has dejado a tu hijo en cuidado de algún miembro de la familia en el hogar y este es cercano al trabajo, ambos pueden acordar acercar al niño para que lo alimentes en tus horas de descanso. Otra opción es que tú te acerques a su guardería o jardín de infancia para amamantarlo.

Extracción de leche

Para mantener la producción de leche, y evitar que tus pechos se afecten por no poder dar alimento al bebé a las horas correspondientes, realiza la extracción de leche. Conversa a tu jefe, sobre todo, que estás amamantando para que tenga las consideraciones necesarias. Si tienes compañeras en igual situación comparte con ellas las inquietudes.

Extrae la leche de una forma segura, cómoda. Unos 5 minutos por seno es más que suficiente. Conserva la leche en un envase esterilizado hermético y cerrado y mantenla en el refrigerador del trabajo. Trasládala en un bolso con gel refrigerante, hielo o en una bolsa refrigerante.

Decide sin culpas

Equilibrar lactancia y trabajo no es fácil. Amamantar es una decisión que  lleva consigo compromiso y causa agotamiento. Pero lo haces por tu hijo y su salud. Es un gesto de amor que se verá compensado más adelante cuando tu bebé crezca sano y feliz. Además, considera que si lo alimentas con leche materna tendrá menos riesgos de enfermarse. Es decir, el tiempo que ahora dedicas a continuar con la lactancia, más adelante lo ahorrarás en preocupaciones, tristezas y ausencias laborales.

Sin embargo, si en el proceso notas estrés, irritación, sientes molestia, fatiga o comienzas a evitar la extracción, es momento de reconsiderar la decisión, sin culpas. Tu bienestar está intrínsecamente vinculado al de tu hijo. No te sientas mal  en caso de que decidas o no puedas continuar amamantándole.

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