Intolerancia a la sacarosa en niños

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Nelton Ramos el 6 enero, 2019
Francisco María García · 6 enero, 2019
La intolerancia a la sacarosa en niños no siempre es fácil de identificar. En la práctica, los síntomas son similares a otras patologías. El origen está en una enzima que se produce en el intestino delgado de nuestro organismo, llamada sacarasa.

La intolerancia a la sacarosa es una enfermedad atípica que en niños puede ser difícil de diagnosticar, pues tiene síntomas similares a otros padecimientos. Con un buen tratamiento se lograr superar en meses o en pocos años.

¿Qué es la intolerancia a la sacarosa?

La sacarosa, azúcar común o de mesa, es la combinación de una molécula de glucosa y otra de fructosa. La primera está presente en las frutas y la segunda proviene de la caña. Por estas dos moléculas o monosacáridos  —que son los componentes más pequeños en el grupo de los hidratos de carbono— al niño se le denomina disacárido.

Las frutas contienen sacarosa

La intolerancia a la sacarosa obedece a la inexistencia de la enzima sacarasa, también llamada sucrasa o invertasa.

La enzima se produce en el intestino delgado y es la encargada de separar las dos moléculas que componen el azúcar. Este proceso ocurre en el estómago e impide que la sacarosa se fermente. Cuando la enzima está ausente, el azúcar pasa casi intacto al intestino grueso y al colon, donde puede estimular el crecimiento de la bacteria cándida.

También, la sacarosa propicia la formación de gases estomacales. La presencia de azúcar en las heces es un indicativo de que el padecimiento está latente. No se debe confundir la intolerancia a la sacarosa con la alergia a los alimentos. La primera está relacionada con la ausencia de enzimas y la segunda se activa a través del sistema inmunológico.

Los primeros alimentos

El origen de esta enfermedad es genético. Sus manifestaciones comienzan en el momento en que inicia la ingesta de fórmulas lácteas en cuyo contenido está presente el azúcar. Las papillas y otros alimentos a temprana edad pueden poner en evidencia que el bebé carece de las enzimas necesarias para metabolizar los azúcares.

Si hay presencia de enzimas, aunque sean pocas, puede haber una tolerancia a dosis limitadas de azúcar. El médico podrá detectar la cantidad de enzimas para evitar que la ingesta de sacarosa supere los límites permitidos en cada caso.

Síntomas de la intolerancia a la sacarosa

Los síntomas producto de la mala digestión de los azúcares pueden comenzar unos 30 minutos después de ingerir el alimento. Calambres y dolor abdominal, diarreas, distensión gástrica o hinchazón y malestar generalizado pueden aquejar al niño.

También pueden aparecer vómitos, gases o flatulencias, estreñimiento, náuseas, dolor de cabeza e hipoglucemia. La ansiedad, el nerviosismo, taquicardias y arritmias son también síntomas de la intolerancia a la sacarosa.

Si no hay un tratamiento oportuno, el padecimiento puede derivar en deshidratación, pérdida de micronutrientes, de peso y hasta desnutrición. Esto supone un retraso en el desarrollo que puede conducir a anemias, cansancio y déficit nutricional en la etapa adulta.

¿Intolerancia a la sacarosa o algo más?

Es una enfermedad poco común cuyos síntomas suelen asociarse con otros padecimientos. La intolerancia a la lactosa es una de ellas, pero en este caso se trata de la ausencia de la lactasa. Esta enzima también se produce en el intestino delgado y se encarga de metabolizar el azúcar en la leche; no suele revestir gravedad.

Los síntomas de la intolerancia a la sacarosa pueden confundirse con la Enfermedad Celíaca. El gluten es una proteína presente en cereales como la cebada, el trigo, avena, centeno, kamut, la espelta o el triticale. Consumir gluten genera en quienes son intolerantes una respuesta autoinmune que ocasiona inflamación y deterioro de la mucosa del intestino delgado. Sus consecuencias pueden ser más graves.

Cómo debe ser la dieta de un niño con intolerancia a la sacarosa

Para detectar que estamos ante una intolerancia a la sacarosa en niños será preciso recurrir a pruebas especiales. El test de Hidrógeno Expirado, que permite medir este compuesto en el aire que respiramos, es una de ellas.

Un análisis diario de las reacciones al consumo de ciertos alimentos ayudará también a detectar la presencia de este padecimiento. Pruebas como la de alcoholemia, genéticas o las biopsias de tejido son alternativas, al igual que exámenes de sangre, orina y heces.

¿Cómo corregirla?

Una vez detectada la presencia de la enfermedad, corregirla está íntimamente ligado a la dieta diaria. Las indicaciones médicas suprimen el consumo del alimento que ocasiona la intolerancia. Otros médicos reducen este tipo de alimentos al mínimo necesario para evaluar el comportamiento del organismo; en la mayoría de los casos, el alivio suele ser rápido.

La intolerancia a la sacarosa puede superarse en meses o en pocos años si se siguen las indicaciones del especialista al pie de la letra.

  • OMS. Nota informativa sobre la ingesta de azúcares recomendada en la directriz de la OMS para adultos y niños. http://www.who.int/nutrition/publications/guidelines/sugar_intake_information_note_es.pdf
  • Santiago Conde Barreiro. Enfermedades niño con diabetes. https://www.fundaciondiabetes.org/upload/publicaciones_ficheros/35/Enfermedades_Intercurrentes_NinosDiabetes.pdf
  • Zamora Navarro, Salvador; Pérez Llamas, Francisca. 2013. Importancia de la sacarosa en las funciones coginitivas: comportamiento y conocimiento. http://www.redalyc.org/pdf/3092/309227005013.pdf