La importancia de la serenidad como valor educativo

Promover la serenidad como valor para educar a nuestros hijos es una forma de ayudarlos a enfrentarse y solucionar los problemas y situaciones de la vida de una forma más positiva. Hablaremos más en este artículo sobre la importancia de esto.

Escrito y verificado por la pedagoga María Matilde en 18 Febrero, 2020.

Última actualización: 18 Febrero, 2020

La serenidad como valor educativo tiene que ver con la posibilidad de educar a nuestros hijos y alumnos para que construyan una personalidad sólida. Una personalidad que les permita actuar con fortaleza y con calma en todas y cada unas de las situaciones cambiantes y complejas que vivimos en nuestros días.

¿Qué es la serenidad?

La serenidad es una característica que poseen cosas o personas que están o son serenas. Y el término ‘sereno’, por su parte, se utiliza como un adjetivo para calificar a quien se encuentra tranquilo o relajado.

Con lo cual, la serenidad tiene que ver con el carácter de alguien, es decir, una persona puede poseer un carácter sereno. Pero, a su vez, la serenidad hace referencia a una capacidad que puede ser desarrollada y ejercitada, es decir, una persona puede aprender a actuar de una forma calmada frente a distintas situaciones.

Tanto en situaciones de la vida diaria, como en una circunstancia tensa, complicada o difícil, la serenidad o ser una persona serena permitirá que podamos pensar antes de actuar de forma impulsiva o llevados por nuestras emociones.

Serenidad y autocontrol

En nuestro día a día, y a lo largo de toda nuestra vida, nos encontramos con situaciones laborales, familiares, personales, frente a las que debemos tomar decisiones y actuar. Y, como hemos dicho, aunque hablemos de situaciones normales y cotidianas, todas ellas pueden ser afrontadas de diversas maneras.

Cuando una persona es serena o enfrenta con serenidad su día a día y sus problemas, consigue, principalmente, adueñarse de sus emociones y autocontrol. Lo cual significa la capacidad consciente de regular los impulsos y las reacciones de manera voluntaria. Por lo tanto, mediante la serenidad y el autocontrol una persona puede dominar los impulsos que la llevan a actuar de manera irracional frente a las situaciones, pudiendo, de esta manera, conseguir:

  • No perder el tiempo.
  • Evitar sentimientos de frustración, ansiedad, tensión y estrés.
  • Aprender de los problemas.
  • No herir a otras personas cuando nos comportamos o decimos cosas sin antes pensarlas.
  • Desarrollar un equilibrio personal y relacional positivo.
  • Conseguir una mayor concentración.
  • Mejorar el estado de ánimo.
  • Conseguir paz interior.

“La serenidad no es estar libre de la tormenta, sino es estar en paz dentro de la tormenta”.

La serenidad como valor educativo

Hoy por hoy, tenemos una vida muy ajetreada: familia, trabajo, estudios, viajes, relaciones y redes sociales, y todo ello nos lleva a mantener un estado de excitación constante. Por esto, es fundamental aprender a ser personas serenas o poder actuar con serenidad a frente a las adversidades y los problemas propios de la vida acelerada que llevamos.

Por lo tanto, es importante educar a nuestros hijos y alumnos en el valor de la serenidad. Y esto significa enseñarlos a desarrollar actitudes de sosiego y de calma frente a circunstancias difíciles, nuevas o desconocidas. O frente a momentos puntuales, dramáticos o peligrosos, que requieren de una actitud de templanza y tranquilidad. Para lo cual, los niños y los jóvenes deben aprender a:

  • Analizar y pensar bien las cosas antes de actuar, evaluando todas las posibles consecuencias.
  • Mantener la calma frente a situaciones peligrosas o imprevistas, y pedir ayuda siempre.
  • Relativizar todo, otorgando importancia a lo que de verdad la tiene.
  • Controlar la respiración para poder relajarse en situaciones estresantes.
  • Ser pacientes, pues cada cosa tiene su tiempo. Los problemas pueden tener más de una solución y esta no es siempre inmediata.
  • Evaluar distintas opciones y soluciones antes de pasar a la acción.
  • Escuchar las opiniones y los puntos de vista de los demás. Todo conocimiento, experiencia, y consejo puede ayudar a ampliar la mirada para tomar mejores decisiones frente a los problemas.
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Licenciada en Ciencias de la Educación por la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina, 2003) y en Pedagogía por la UNED (2012). Máster en Políticas y Prácticas de Innovación Educativa otorgado por la Universidad de Almería en el año 2013. Entrenadora Personal e Instructora de Fitness en la Escuela Nacional de Entrenadores Centro Bio-Natura en Sevilla (2011). Tiene siete años de experiencia como entrenadora personal. Y más de 10 años de experiencia dedicada a la enseñanza tanto en ámbitos públicos como privados. Ha realizado cursos relacionados con la educación, de los que se destacan: “Programación Didáctica”, “Inclusión y Aplicación de las Tecnologías en los Centros Educativos”, “Atención a la Diversidad” impartidos por la Universidad Rey Juan Carlos e “Igualdad de Oportunidades” impartido por el Instituto de la Mujer. En la actualidad trabaja como formadora, entrenadora personal y redactora de textos académicos y en medios digitales.