Tu hijo aprende cada vez que se emociona

Adrianazul · 15 octubre, 2016

A veces olvidamos que aprendemos con todo el cuerpo. Lo que percibimos a través de la piel y el tacto, los oídos y los sonidos, la vista y las imágenes, el gusto y los sabores, el olfato y los olores emociona de tal manera nuestro cerebro que la información se queda grabada para siempre.

Los olores evocan sensaciones y hasta sentimientos lo mismo que los sabores y todo el universo que puede ser percibido por nuestros sentidos. El cerebro aprende cuando se emociona porque necesita vibrar con lo nuevo para fijar el conocimiento, por eso desecha todo lo que le parece aburrido.

Antes pensábamos que cada niño comenzaba a aprender desde el nacimiento, pero la ciencia ha demostrado que ese proceso al cual llamamos aprendizaje comienza mucho antes.

Cuando el bebé está en el vientre de su madre ya está aprendiendo porque está escuchando y percibiendo emociones y sensaciones; es así como aprende el cerebro humano el cual está dotado para instruirse hasta el último de sus días.

Durante los primeros años, cada niño aprende a través de esos mecanismos básicos que son la imitación, la atención compartida y la empatía. Para el bebé todo lo que hay en el mundo es nuevo y por lo tanto emocionante; por eso es que aprende a velocidades impresionantes.

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La emoción despierta la curiosidad

“Solo se puede aprender aquello que se ama, aquello que te dice algo nuevo, que significa algo, que sobresale del entorno. Sin emoción no hay curiosidad, no hay atención, no hay aprendizaje, no hay memoria”, explica el doctor en Neurociencia por la Universidad de Oxford Francisco Mora.

Es la curiosidad la que despierta la atención, la cual a su vez se concibe como la ventana del conocimiento. Y así, esa ventana del conocimiento llamada atención se activa cuando hay algo nuevo en el entorno, cuando algo la llama y después de que el cerebro descubre qué sucede y sacia su curiosidad esta información se aloja en la mente o se memoriza.

En este contexto, los neurocientíficos como Mora, han hecho una especie de ecuación que puede resumir la manera en cómo aprende el cerebro: Primero va la motivación, luego la atención y por último la memoria. En ese orden…

Por eso es vital que lo que desees que tú hijo aprenda le resulte emocionante, novedosa, llamativa sino su atención se desviará hacia otra cosa que si cautive sus sentidos.

tu hijo se emociona mientras aprende

Tu hijo aprende y se emociona mientras juega

Ciertamente, parece que cada generación aprende mucho más rápido y fácil que la anterior. De hecho los niños que nacen por estos días nos resultan divinamente inteligentes, incluso muchas veces los llamamos genios.

Quizás por esa percepción muchos padres pretenden inundar las mentes de sus hijos con conceptos, vocabularios y memorización de hechos aislados, sin embargo toda esta parafernalia muy pocas veces da resultados satisfactorios y por eso la frustración lleva a los padres que siguen este tipo de método a engavetar el sueño de que su hijo desarrolle una especie de “capacidades cognitivas superiores”.

Según señalan muchos expertos en neurociencia esto sucede porque muchos padres ignoran que en esos primeros años los cerebros de sus hijos aún no están capacitados para aprender conceptos abstractos. A esa edad el conocimiento se adquiere  por medio de un mundo sensorial y motor que se descubre ante los ojos del niño a través de ese maravilloso instrumento inventado por la naturaleza que se llama juego.

Sin embargo, y contradictoriamente resulta que a medida que los niños crecen sus padres y sus docentes le limitan las horas de juego, cuando en realidad lo que necesitan es más libertad y un entorno que los estimule lo suficiente como para no querer dejar de aprender nunca y que le tiempo se pase rápidamente.