Frustración y desarrollo del lenguaje de los niños: ¿cómo se relacionan?

Ante situaciones de colapso emocional, es importante ayudar a los niños a poner en palabras lo que les sucede.
Frustración y desarrollo del lenguaje de los niños: ¿cómo se relacionan?
Maria Fátima Seppi Vinuales

Escrito y verificado por la psicóloga Maria Fátima Seppi Vinuales.

Última actualización: 05 julio, 2022

En su desarrollo, el lenguaje pasa por diferentes etapas: balbuceos, sonidos guturales, las primeras sílabas que se repiten. Poco a poco, comienza a cobrar nuevas formas. Pero para que eso suceda, los niños deben tomar contacto con el habla a temprana edad y recibir la adecuada estimulación para hacerlo, aunque no entiendan del todo lo que les dicen.

El lenguaje es una herramienta clave al momento de expresarnos y su manejo se convierte en un recurso necesario para la gestión de las emociones, la toma de decisiones y en otras funciones importantes.

Veamos entonces de qué manera la frustración y el lenguaje se relacionan.

Desarrollo del lenguaje en los niños: qué debemos saber

Cuando pensamos en el desarrollo del lenguaje, debemos saber que nos encontramos ante un proceso complejo y gradual que implica mucho más que combinar palabras o emitir sonidos.

El habla nos permite compartir y comunicarnos con los demás y manifestar cómo nos sentimos. Por eso, el desarrollo del lenguaje representa un gran desafío, pues es un vehículo que también nos ayuda a ordenar nuestro universo emocional.

Por un lado, es valioso entender que al momento de aprender a comunicarnos existe toda una base biológica que sirve de soporte. Así, es clave determinar que todo funciona de manera correcta y que no hay ningún trastorno que impida el curso de su desarrollo. Y, en caso de haberlo, el objetivo debe orientarse a aportar las herramientas necesarias para adaptar la comunicación de forma correcta.

Por otro lado, debemos saber que el lenguaje se aprende con la práctica y por eso, mantener un ambiente rico en palabras sirve como punto de partida para su adecuado desarrollo.



La frustración por no poder comunicar algo lleva a los niños a manifestarse por medio de actos, como hacer un berrunche, gritar o llorar.

Frustración y desarrollo del lenguaje de los niños: ¿cómo se relacionan?

Cuando estamos frustrados, nos encontramos ante un “estallido emocional” inminente: el cerebro está “hackeado” por nuestras emociones y esto dificulta la posibilidad de dar una respuesta aceptable. En este sentido, como adultos, es importante poder identificar dichos momentos y ayudar a los niños a entender qué les está sucediendo. La gestión de sus emociones es clave para poder atravesar la frustración y para lograr hallar las mejores maneras de expresión.

Por ejemplo, ante una situación incómoda, a los niños les resulta todo un desafío poder poner en palabras lo que les pasa y en su lugar, golpean, gritan o lloran. Es decir, reemplazan las palabras por los actos. Incluso, hasta que logran calmarse, cuando intenten decir algo, posiblemente sea una frase que refuerce aún más su problema: “soy un tonto por caerme de la bicicleta, no sirvo para nada”.

Como vemos, la frustración puede ser un obstáculo en el desarrollo del lenguaje y la comunicación. De allí que sea fundamental acompañar a los niños a tranquilizarse para que luego puedan dar paso a la expresión.

Algunas recomendaciones adicionales sobre la frustración y el lenguaje

Los adultos son los principales referentes en el desarrollo de los niños. Por eso, todo aquello que los pequeños ven, perciben y escuchan de los mayores, queda “a mano” para repetirlo cuando lo necesitan. En este sentido, es crucial ser los reguladores ante un momento de crisis y evitar usar expresiones de amenaza o de castigo, ya que estas suelen ponerlos más nerviosos.

Por otro lado, también es considerable hablarles para que se familiaricen con el lenguaje y su uso. Una de las medidas es complejizar poco a poco la comunicación. Por ejemplo, cuando son más bebés y señalan algo -como ser un perro-, reforzar con la palabra y decirles “eso es un perro, ¿a ti te gustan, cierto?“. A medida que crecen, se puede ampliar y enriquecer dicha idea.

Además, es preciso que les demos tiempo a los niños para que se expresen y debemos tener en cuenta algunos consejos:

  • No completar sus ideas.
  • No responder en lugar de ellos.
  • Evitar actuar hasta que hayan terminado de pedir lo que necesitan.
  • Respetar sus procesos.
  • Desafiarlos a que sean capaces de comunicar algo de principio a fin.

También puedes leerles cuentos o cantarles a los niños. Esas son formas entretenidas de ayudarlos a tomar contacto con las palabras y a desarrollar la imaginación.

Por último, al momento de hacerles una corrección, lo mejor es señalarles la manera adecuada de expresarse, en lugar de destacar el error. Veamos un ejemplo: Juan le dice a su papá “Se ha abrido la ventana por el viento”. En este caso, lo ideal es que su padre le diga “tienes razón, el viento fuerte ha abierto la ventana”.



Leerles a los niños es una buena iniciativa para fomentar el desarrollo del lenguaje y de la imaginación.

El desarrollo del lenguaje implica mucho más que lo que decimos

Pensar el desarrollo del lenguaje en toda su complejidad nos permite adecuar las herramientas necesarias para facilitar su aprendizaje. En la elección de las palabras que usamos, en los tonos o en los silencios, hay mucha más información que simplemente aquello que decimos. Ser conscientes de la versatilidad y de la riqueza del lenguaje nos hará más fácil comunicar lo que queremos.

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