Evita educar niños caprichosos

Los bebés son demandantes porque precisan resolver sus necesidades básicas, lloran porque tienen sed, hambre, el pañal sucio o quieren dormir… pero se hacen caprichosos cuando cedemos más de lo que debemos y esto muchas veces acarrea que no aprendan a valorar lo que tienen y desencadena en que siempre quieran más y más.

Cuando los niños son pequeños exigen casi todo lo que quieren porque no conocen otra forma de pedirlo; esta actitud se considera normal hasta los 4 años de edad, como máximo. Sin embargo, pasada esta edad muchas veces exigen lo que requieren de manera temperamental, caprichosa.

¿Cuántos padres guardamos entre nuestros recuerdos la vergüenza que nos hizo sentir nuestro  hijo cuando protagonizó una espectacular rabieta en una reunión? Pero la verdad es que veces sin saberlo nosotros somos los responsables de esta actitud, por lo que es mejor evitar educar a niños caprichosos. Hacerlo será bueno para tu hijo y para ti también, sin duda.

Conoce algunos rasgos de los niños caprichosos

Las constantes exigencias de los niños se vuelven a menudo extremas y dan lugar a situaciones incómodas que derivan en berrinches y pataletas, las cuales perturban el ambiente familiar o cualquier reunión.

Por lo general los niños muy pequeños suelen ser caprichosos y el tratamiento que desde el primer momento se da a esta actitud es determinante, sobre todo para que no se prolongue en el tiempo y cree daños en la personalidad del futuro adolescente.

Sin embargo, a veces no es tan sencillo identificar si tu hijo es caprichoso o no, por lo que conviene revisar cuáles son los rasgos más comunes de este tipo de comportamiento:

  • Un niño caprichoso es obstinado. Es capaz de recurrir a berrinches, rabietas y otras inapropiadas formas de llamar la atención para conseguir lo que desea si se le ha negado de forma previa.
  • La falta de empatía y poca capacidad para apreciar y satisfacer los deseos y necesidades de otros es una de las características de un niño egocéntrico, para quien casi todo gira en torno a sus caprichos y antojos.

En general este tipo de actitudes lo convierten en un niño infeliz e insatisfecho que solo muestra una actitud tranquila cuando ve suplidos sus deseos a corto plazo, ya que enseguida se cansa y vuelve a reclamar algo nuevo.

  • No valora las cosas, puesto que con frecuencia es descuidado con ellas, eso a veces sucede porque puede conseguir más cosas con facilidad y la ayuda de una de sus buenas rabietas.

Como resultado cree que puede conseguir todo lo que quiere con muy poco o ningún esfuerzo pero esto le impide apreciar el valor del trabajo, de la disciplina y de los buenos comportamientos.

A un niño caprichoso se le puede corregir siempre que se rectifiquen los comportamientos inadecuados que han llevado a esa situación. Cada vez que corrijas este tipo de actitudes debes llenarte de firmeza y carácter.

Algunos tips para corregir a un niño caprichoso

Si tu situación con tu hijo concuerda con lo que hemos descrito anteriormente, aquí tienes unas sugerencias para intentar corregir este mal comportamiento:

  • Es importante que el niño aprenda la diferencia entre capricho y necesidad. Si cedes ante un juguete, hay que evitar sustituirlo por otro en cuanto se aburra; tendrá que conformarse con ese por un largo período de tiempo.
  • Si hace berrinches porque no quiere comerse algo que particularmente pidió (un antojo), procura que se lo coma todo, aun si descubre que su sabor no es el que esperaba. De este modo, la próxima vez lo pensará un poco más antes de pedir que satisfagan algunos de sus antojos.
  • Las normas y los límites ayudan al niño a saber lo que debe y lo que no debe hacer. Y cuanto antes se utilicen, mejor las entenderá.
  • Para evitar los caprichos constantes, puedes implementar determinadas rutinas como comprar golosinas solo los domingos o regalar un juguete en una ocasión especial.
  • Con los niños más pequeños, una solución efectiva para evitar las situaciones incómodas en las que reclama un capricho, es aplicar la técnica del despiste, que consiste en buscar una alternativa, algo diferente que no responda a sus antojos, pero que sea lo suficientemente atractiva para distraerle y hacerle olvidar el objeto de deseo.

Es importante que la tarea de educar para evitar caprichos se lleve a cabo de la misma forma por parte de ambos padres. Si uno de ellos constantemente se muestra más permisivo que el otro, es probable que el niño termine por acudir siempre a él cuando la otra parte le responda con una negativa ante un capricho.

Es normal que determinados familiares o amigos adultos, por no estar ligados constantemente con ellos, pues vienen de visita a casa de vez en cuando, sean más permisivos con los niños y cedan a sus caprichos. No hay que prohibirles estos gestos, pero sí es necesario hacer entender al niño que son situaciones especiales, que no se debe exigir lo mismo en todas las ocasiones.

Trata de aprender que decir no a tu hijo debe hacerse de manera tan natural como cuando como le dices que sí; procura hacerlo con cariño, sin alterarse ni dejarse arrastrar por sus posibles reacciones, las cuales lógicamente serán diferentes a las que tiene cuando recibe un “sí”.

Mantente firme cuando tu hijo reacciona de mal manera ante un “no”, no negocies las decisiones ya tomadas, esto te ayudará a pensar muy bien la respuesta que vas a darle. Una vez que has tomado una decisión mantenla hasta el final; procura que el no, sea consecuente con la petición y que no obedezca a tu estado anímico o emocional sino a la situación concreta: no le contestes no porque estés enfadado, cansado o porque te dejaste llevar por lo que sentiste frente a situaciones o comportamientos anteriores.

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