El estado ideal para tener un hijo no es estar en pareja, es ser feliz

Valeria 13 abril, 2017

El estado ideal para tener un hijo no es estar en pareja. El pilar más básico e incondicional es disfrutar de un adecuado bienestar interior, ser una persona feliz que se cuida y se quiere a sí misma y que a su vez, es digna de dar lo mejor a sus niños.

En nuestra sociedad, y en esa vertiente aún clásica, tradicional y muchas veces hasta patriarcal, se mantiene la idea de que todo niño que viene al mundo debe contar con un padre y una madre de referencia. Todos tenemos claro, no obstante, que pocas cosas son más satisfactorias que concebir un hijo con la persona amada.

Sin embargo, si no hay armonía en la pareja nada de esto tiene sentido. Porque pocas cosas pueden ser más devastadoras que un padre o una madre con un comportamiento disfuncional, errático o con una clara inmadurez emocional y psicológica.

Tener hijos es a veces extremadamente fácil, pero lo complicado es conseguir que ese niño se convierta en una persona con una buena autoestima, alguien seguro, digno y valiente capaz de ser feliz y dar felicidad.

Por tanto, no hay referente más idóneo que el progenitor que es feliz y que es capaz de dotar a esa nueva vida de sus mismos valores. Esos que le han permitido a él y a ella, ser una persona fuerte y satisfecha que guiará a su niño del mejor modo. Con o sin pareja.

En “Eres Mamá” te proponemos reflexionar sobre ello con nosotros.

¿Padres felices hijos felices?

¿Padres felices hijos felices? Bien, esta frase tiene algunos aspectos que merecen concretarse. Algo que todos sabemos es que la felicidad no es un estado, es una dimensión que viene y va, que nos abraza a instantes y que más tarde se desprende de nosotros para ponernos a prueba en algún instante ante la adversidad.

Más que padres y madres felices, lo que se necesita son personas con una adecuada fortaleza psicológica y emocional. Veámoslo con detalle.

Nuestra calidad humana

La calidad humana no viene en nuestro carnet de identidad ni tampoco viene de fábrica instalada como un programa en nuestro disco duro, en nuestro ordenador. La calidad de una persona se forja con el tiempo a través de aspectos muy concretos:

  • Con el sentido del respeto, la reciprocidad, la empatía y la consideración.
  • Con el adecuado desarrollo de una identidad fuerte, de una buena autoestima que a su vez, nos permite respetar las identidades ajenas.
  • A su vez, la calidad humana tiene otro fin, y no es otro más que propiciar el bien, hacer lo mejor por los demás a través de una actitud humilde, fuerte pero siempre dedicada a quienes le rodean.

Nuestra historia personal y cómo la hemos afrontado

Una persona no es el resultado de su pasado, es el modo en que lo ha afrontado. Una padre o una madre es mucho más que lo que vemos a simple vista, en ellos se esconden mil retos superados con entereza, alguna batalla personal, algunos miedos e infinitas batallas ganadas.

Todo ello es “valor añadido”, todo ello es esa energía que nos enseña aquello de que para ser felices, no se necesita mucho: solo tener a nuestro lado a las personas que amamos.

Con o sin pareja: lo más importante es querernos a nosotros mismos para amar a nuestros hijos

mujer sin pareja

Quien no es capaz de quererse a sí mismo, proyecta en los demás las necesidades propias. Todas estas carencias suelen traer serios efectos secundarios cuando hablamos de paternidad o de maternidad.

  • Los padres que no se quieren a sí mismos pueden volverse controladores, favoreciendo así una crianza tóxica.
  • El padre o la madre que no se quiere, puede desarrollar un apego insano y neurótico con su pareja o con sus hijos. Además del control, puede volverse desconfiado y quedar sumidos a grandes altibajos emocionales que siempre ocasionan serias consecuencias en el desarrollo psicológico de los hijos.

Quiérete para querer mejor

Quererse a uno mismo no es un acto de egoísmo. Esto es algo que debemos tener muy claro desde ahora mismo. Tenemos pleno derecho a darnos lo que merecemos, a luchar por lo queremos y preservar nuestra dignidad personal. Todo ello nos convertirá en personas valiosas, en padres y madres que a su vez, son dignos de tener hijos, porque de este modo, les darán siempre lo mejor de ellos mismos.

Ya sea con o sin pareja, es esencial que nos cuidamos como personas. Que trabajemos nuestras carencias emocionales, nuestras inseguridades y nuestros miedos día a día. Así, nuestros hijos nos verán siempre como esa persona de referencia a la cual imitar, en la cual, valerse, refugiarse y de la que aprender día a día.

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