Enseña a tu niño la importancia de observar

La importancia de observar radica en lo mucho que un niño puede aprender si desarrolla bien esta capacidad. Partamos del punto de que todos los menores van aprendiendo a comportarse como sus iguales mediante la observación, porque nuestra especie, a diferencia de otras, necesita adquirir y desarrollar complejas habilidades para actuar tal es.


A medida que un niño crece va perdiendo el “don” de la observación detallada y se va centrando más en lo que es el propio vivir: en hacer, comportarse, pensar, decidir, haciendo uso de todas las herramientas lingüísticas, corporales y de raciocinio que va aprendiendo.

Al ser el protagonista de su propia vida e ingresar a un mundo siempre a prisa el niño moderno va dejando de observar, y opta solo por mirar lo que pasa a su alrededor. Sin embargo, existe el modo de modificar esa realidad y hacer que la habilidad de la observación no se pierda en él. ¿Cómo? Te lo decimos.

¿Por qué es importante que mi hijo no pierda la habilidad de observar?

Es importante que tu hijo no pierda la habilidad de observar porque mediante la observación será capaz de filtrar toda la información y los estímulos que recibe para formarse una idea, llegar a una conclusión y enriquecer su pensamiento.

Por ejemplo, un niño que observa cómo se comportan las cuidadoras y los otros niños de su guardería aprende más que el que no lo hace.

Él se detiene a percibir la manera en la que sus compañeros reaccionan ante diversos estímulos, la relación que tienen con sus cuidadoras, los resultados de este intercambio, y qué efecto produce este u otro comportamiento. De esta manera, va contraponiendo toda esa información para llegar a un mejor entendimiento.

El niño que desde pequeñito desarrolla la habilidad de observar, cuando crece, aprende a no actuar a priori, sino a razonar más, pensar, reflexionar de cómo debe ser su comportamiento a posteriori (basado en sus experiencias), las implicaciones morales resultantes de su actuar y las decisiones que deberá tomar.

Enseña a tu hijo la importancia de observar

La observación no solo es la función mental que dirige la mirada hacia determinada dirección porque sí; gracias a ella, una persona puede concentrarse y tomar conciencia de algo. A través de la selección, la organización y la interpretación esa persona hace suya una gama de conocimientos.

Enséñale al niño la importancia de observar para que dedique tiempo en conocer el mundo que le rodea, en registrar en su memoria los acontecimientos que suceden a su alrededor. Explícale que cada situación es importante porque de cualquiera de ellas puede sacarse una enseñanza.

Es importante que aprenda a sacar conclusiones y a construirse sus propios puntos de vista a partir de sus experiencias, poniendo atención, claro está, en las opiniones y dogmas de los otros, pero sin dejar que ellos decidan por él.

Él deberá observar para reafirmar sus saberes, aprender e interiorizar los conocimientos con el objetivo de usarlos después en su vida cotidiana.

¿Cómo lograr esto?

Tu papel, como madre, es el de estimular a tu hijo a que observe todo lo que pueda. No nos referimos a que le enseñes a ponerse siempre en un segundo plano para observar la vida de los otros dejando que la suya pase, pero sí debe desarrollar la capacidad de observar a la par que vive.

Enséñale que todo lo que sucede a su alrededor puede ser importante y de cualquier situación puede sacarse una enseñanza.

Esto deberás írselo mostrando poco a poco porque un niño pequeñito de 3 o 4 años difícilmente podrá entender lo que quieres decirle. Sin embargo, es en esta etapa cuando mejor se comienza a formar una rutina para la observación.

Dedica un tiempo a sentarte junto a él y observar, por ejemplo, cómo la lagartija sube por el tronco del árbol y se queda quietecita para atrapar las moscas, o las muchas formas que adoptan las nubes en un día nublado y con brisa.

Solo indicándole lo que es observar podrá adquirir esta práctica. Sí, dedica horas a enseñarle la importancia que tiene la observación. Contribuye a despertarle la curiosidad; estimúlalo a que investigue y conozca el mundo tal y como es.

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