¿Cómo despertar la curiosidad de tu hijo?

Agetna 5 octubre, 2016

La curiosidad es una cualidad propia de la infancia. En esa etapa se desconoce todo lo que se palpa, escucha, ve, huele… Los sentidos apenas comienzan a recibir los estímulos del mundo que les rodean y necesitan apreciar y asimilar disímiles conocimientos para hacer que el cerebro aprenda, memorice y se forme su propia experiencia.


Por lo general, todos los niños son curiosos. Sin embargo, la curiosidad de un menor dista mucho de la de un adulto. Para él es importante saber por qué la hoja se cae del árbol tanto como conocer la razón por la cual el sol brilla por las mañanas.

Cuando mamá intenta mostrarle cómo coger bien la cuchara, al niño le preocupa más ver cómo la yemita blanda del huevo se esparce sobre el plato y lo empapa con su color amarillo.

Pero existen saberes que los padres deben transmitirles a los hijos y es haciendo uso de la curiosidad innata de los niños que pueden lograrlo.

Defendiendo esa tesis decidimos redactar este post.

Siembra la semilla de la curiosidad dándole a conocer sobre un tema específico

Para despertar la curiosidad de tu hijo sobre un tema determinado, primero, debes dárselo a conocer. Como la dramaturgia cinematográfica, hay que introducirlo en una determinada cuestión a través del planteamiento del problema.

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Digamos: Tu especialidad es la Botánica y te encantaría enseñarle sobre el maravilloso mundo de las flores. Claro, de ellas solo sabes por los muchos libros que tienes en casa y el jardín que cuidas con tanto esmero.

Entonces, ¿de qué forma puedes despertarle su curiosidad sobre el tema?

  • Convidándolo a visitar juntos un jardín botánico
  • Comprándole libros para colorear en donde pueda dibujar la naturaleza
  • Pidiéndole que te ayude en las labores culturales que necesita tu jardín
  • Llevándolo a los invernaderos en donde clonan diversas variedades y obtienen nuevos ejemplares
  • Visitando una floristería para comprar un ramo
  • Leyéndole cuentos en donde las flores y las plantas sean protagonistas
  • Estimulándolo a sembrar semillas en macetas, regarlas, abonarlas y esperar algunos días para ver las plantitas que brotan de la tierra.

Despierta su curiosidad invitándolo a conocer juntos sobre un mismo tema

Si mamá no sabe sobre algo y le pide ayuda, claro que el niño adorará dedicar parte de su precioso tiempo a ayudar a que ella aclare sus dudas.

Si quieres despertar la curiosidad de tu hijo invítalo a estudiar juntos y descubrir lo desconocido.

Digamos: Es tiempo de que tu niño aprenda las figuras geométricas, pero a él le cuesta interesarse por ellas y no acaba de identificarlas bien.

¿De qué forma puedes despertarle su curiosidad y hacer que las conozca?

  • Mostrándoselas, preguntándote cual será esta y aquella, e investigando juntos para dar respuesta a sus dudas
  • Recortando muchas figuras y haciendo pilas en donde las coloques según su tipo (en esta pila van los triángulos, en esta los cuadrados…)
  • Buscando un libro para dibujar y colorearlas, según su tipo, con un mismo color
  • Encontrando semejanza en objetos, construcciones, o elementos de la naturaleza mientras te preguntas a cual figura geométrica se parecerá (el sol es redondo como el círculo, el techo de aquella casita es puntiagudo como un triángulo…).
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¿Cómo despertar la curiosidad de tu hijo?

Para despertar la curiosidad de tu hijo basta con que dediques un tiempo a ello. Debes sentarte con él y plantearte preguntas: ¿Por qué esta manzana que antes era verde ahora es madura? ¿Por qué parpadeamos? ¿Qué son esos bichitos luminosos que brillan en la oscuridad?

La etapa del “¿por qué?”, de los infinitos cuestionamientos, es efímera. Con el crecimiento de un niño muere su necesidad de conocer lo indecible, saber de todo cuanto tiene a su alrededor.

A medida que se hace grande se enfrasca más en aquello que ya conoce o en las muchas materias que debe aprender en la escuela para prepararse con vistas a un futuro profesional.

Pero tu papel como madre y educadora será el de estimular la curiosidad de tu hijo y hacer que su espíritu investigativo nunca muera.

Sigue siendo niño el que se cuestiona su propio vivir, aquello que le sucede y el entorno que tiene a su alrededor. El que investiga las cosas, aparentemente más comunes, y quien nunca cesa de admirar y maravillarse con los infinitos saberes que le brinda el universo.

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