Desarrollo del feto: sus fases y factores que influyen

El desarrollo del feto comienza desde la octava semana de embarazo, cuando empieza a tomar forma su cuerpo. Es un periodo de cambios tanto para el bebé como para la madre.

El embrión se convierte en feto en la octava semana dentro del vientre materno. A esta altura del desarrollo del feto, este ya mide aproximadamente un centímetro y medio y su peso no llega al gramo. Pese a tener el tamaño casi de un frijol, ya realiza los primeros movimientos. Lógicamente, aún son imperceptibles para la madre.

Durante este periodo del desarrollo del feto, comienzan a formarse los rasgos faciales y las extremidades. Los labios, párpados, la nariz y las orejas se encuentran en el inicio de su gestación, al igual que los deditos de manos y pies.

En cuanto a la estructura ósteo – muscular, se pueden ver a través de la piel los huesos que empiezan a gestarse, aunque todavía son cartílagos. A su vez, el corazón y el hígado funcionan y siguen desarrollándose.

Posteriormente, y ya con forma definitiva de feto, este se desarrollará semana a semana hasta alcanzar el momento de conocer el mundo que lo espera. 

El desarrollo del feto es un proceso complejo y gradual.

¿Qué cambios atraviesa la madre durante el desarrollo del feto?

Algunos síntomas que la embarazada puede padecer en esta etapa son:

  • Molestias o pinchazos en la zona del vientre, dado que el feto aumenta su tamaño.
  • Aumento de peso, por el mismo motivo. 
  • Aumento del tamaño de los senos. Esto se explica por la ampliación de los conductos por donde circulará la leche.
  • Náuseas y vómitos.
  • Nariz más sensible. Esto puede generar vómitos, al sentir aversión a ciertos alimentos u olores desagradables.
  • Cansancio. El cuerpo está trabajando vigorosamente para gestar otra persona en su interior. Esto puede causar mucha fatiga, además del deterioro en el descanso por alguno de los síntomas antes mencionados o por los nervios.

Factores que pueden alterar el desarrollo normal del feto

El principal, o al menos uno de los más importantes, es la alimentación de la madre. Varios alimentos pueden generar cambios en el comportamiento del feto. Generalmente, se dice que los dulces inducen a un mayor movimiento.

Por eso, es fundamental que la mujer lleve una dieta saludable y balanceada durante todo el embarazo. Y esto no significa “comer por dos”, sino más bien ingerir las proteínas, vitaminas y otros nutrientes concretos que ambos van a necesitar a lo largo del periodo de gestación. También es importante evitar hábitos poco saludables como fumar o beber alcohol.

Además, si sufres alguna patología alimenticia, como colesterol, diarrea o diabetes, deberás atender a ciertos cuidados específicos. Consulta a un médico ante la primera complicación que se te presente para evitar inconvenientes mayores en el futuro.

Por otra parte, un estudio publicado en la American Journal of Obstetrics and Gynecology confirma lo que muchos otros han afirmado hasta el momento: el ejercicio durante el embarazo es seguro y puede beneficiar tanto a la madre como al bebé.

“La actividad aeróbica de intensidad moderada es la más recomendada durante el embarazo. Esta incluye nadar y caminar a paso ligero. Además, los expertos también suelen recomendar actividades de ocio como la jardinería”

De todos modos, siempre es mejor consultar a un especialista para elegir el tipo de ejercicios a realizar.

También es muy importante que te realices ecografías periódicas para cerciorarte de que todo marcha sobre ruedas. Con las ecografías podemos ver al bebé, oír su corazón y comprobar su crecimiento. Son muy importantes para el control y la vigilancia del embarazo.

El desarrollo del feto atiende a numerosos aspectos.

A qué señales debemos estar atentos durante el desarrollo del feto

De acuerdo a la red de hospitales y médicos Sutter Health, es importante que la madre realice una consulta con su médico de confianza ante la aparición de cualquier de los siguientes síntomas:

  • Visión borrosa, puntos o ráfagas de luz, con o sin dolor de cabeza.
  • Una zona de dolor caliente y enrojecida en la pantorrilla o detrás de la rodilla.
  • Dolor o quemazón cuando orina, u orina con una frecuencia nada común.
  • Fiebre de 100.4 grados Fahrenheit o mayor durante más de 24 horas.
  • Un súbito dolor severo o continuo, o cólicos en la parte inferior del abdomen.
  • Sangrado o manchado vaginal.
  • Lesión en su estómago.
  • Una súbita hinchazón severa de sus manos, pies o cara.
  • Llagas o ampollas en su área vaginal (posiblemente herpes).
  • Síntomas de infección vaginal, comezón, ardor y un aumento de desecho inusual.
  • Haber estado involucrada en un accidente automovilístico.
  • Flujo continuo de una pequeña cantidad de líquido proveniente de la vagina, o un chorro
    de agua proveniente de la vagina.
  • Nauseas, diarrea o vómitos durante más de 24 horas.

En última instancia, es destacable que el avance de la tecnología ha permitido que sea posible detectar muchas complicaciones que el feto puede presentar a lo largo de su gestación, como la diabetes o la espina bífida. Otro punto a favor de los controles a tiempo.

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