¿Qué cosas no se le deberían decir a una embarazada?

Mónica · 27 septiembre, 2017

Si bien es cierto todas la madres hemos pasado por el embarazo y el parto, también lo es que hay ciertas cosas que no se deben decir a una embarazada, y mucho menos si se trata de su primer embarazo, por muy amigas que seáis. Si lo que quieres es ayudarla, no te pierdas los siguientes consejos que te proponemos a continuación.

Algunas cosas que no debes decir a una embarazada…

Hablar sobre su peso

El peso es una de las cuestiones que pueden llegar a obsesionar a las embarazadas. De hecho, muchas veces son las matronas y los ginecólogos los que contribuyen a aumentar esta preocupación. Algunos proponen vigilar exhaustivamente los cambios que manifiesta la báscula, e incluso, hay quienes proponen llevar a cabo un control meticuloso de las calorías ingeridas en cada comida.

Por este motivo, en muchas ocasiones decir a una embarazada que está cogiendo mucho peso solo acrecentará su miedo y estrés. Como amiga o familiar suya, lo mejor que puedes hacer es animarla a vigilar su dieta y, una vez que haya dado a luz, alentarla a intentar recuperar su figura en un periodo de tiempo razonable. Por supuesto, todo ello sin presionarla y meterle prisa.

Hay ciertas cosas que no debes decir a una embarazada para no hacerle daño emocionalmente.

Contar tu experiencia del parto

Cuando una mujer se queda embarazada, una de las primeras cosas que hace es acudir a la sección de maternidad de una librería y buscar libros acerca el embarazo y el parto. Estos libros transmiten la mayoría de las veces una visión fisiológica y medicalizada del momento.

Por esta razón, todas las embarazadas se interesan por saber cómo es el momento del parto desde un punto de vista más personal. Si ya has pasado por esta experiencia, sabrás que cada mujer es un mundo, y cada embarazada todavía más.

Tanto si tu parto ha sido maravilloso como si fue horrible, es mejor que trates de contárselo de una manera neutra. Es importante que no llegue al momento del parto con una idea predeterminada que seguramente no vaya a cumplirse. Esto no significa que no debáis hablar del tema, sino que pongas el énfasis en remarcar que lo que tú le cuentes no es definitivo, así no tendrá una información sesgada basada en una experiencia ajena.

Cuando llegue el momento de dar a luz, será ella la que se dé cuenta de que por muchas cosas que haya aprendido acerca de los partos, el mejor aprendizaje es la propia experiencia.

Decir que está muy pesada o parece cansada

La progesterona y los estrógenos, unidos a una alta sensibilidad ante los cambios radicales evidentes, son los responsables de una serie de cambios que toda embarazada padece.

Así, es normal que haya días en los que anímicamente esté más apagada y otros en los que necesite desahogarse y hablar. En cualquier caso, lo que nunca debes decir a una embarazada es que “está siendo pesada”, pues aunque sea cierto, tiene derecho a estarlo.

Del mismo modo, es obvio que el cansancio aparece de forma más latente durante el embarazo. Esto se debe a los cambios hormonales y al drástico aumento de la progesterona, la hormona que regula el ciclo reproductor y que además tiene un efecto tranquilizante. Todo esto, unido al hecho de  los problemas para conciliar el sueño nocturno, hacen que el cansancio sea diario y constante.

El estrés en el embarazo puede acarrear consecuencias negativas después del parto

Antes de plantearte decirle que está más pesada de lo normal o que el cansancio está haciendo mella en ella, intenta ponerte en su piel, pregúntale cómo está y cómo se siente.

Animarla a hacer el ejercicio que no hacía antes

Muchas veces, cuando tenemos a una embarazada al lado, creemos que podemos convertirnos en su entrenadora personal.

Todos sabemos que el ejercicio es bueno tanto para una mujer embarazada como para una que no lo está, pero si una mujer no practicaba ejercicio antes de quedarse embarazada, quizá el mejor momento para empezar no sea este. 

Hay que tener en cuenta que no todos los embarazos son iguales, y que muchas embarazadas sufren vómitos y náuseas durante los nueves meses. Además, los diez o veinte kilos de más hacen que muchas veces solo el oír la palabra “ejercicio” les resulte escalofriante. Así que no la agobies y deja que haga lo que pueda y lo que su cuerpo le permita.

Muchas veces los consejos que damos -aunque cargados de buena voluntad- acaban por abrumar a la embarazada o confundirla. Por eso, si quieres ayudarla, tal vez es mejor que esperes a que ella misma te pida consejo o simplemente quiera compartir contigo lo que siente. En la mayoría de los casos lo que va a preferir es sencillamente una amiga que esté dispuesta a escucharla.