¿Cómo actuar en caso de hipo, fiebre o vómito?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por el médico Nelton Ramos el 3 junio, 2019
Amanda Sánchez Peralta · 3 junio, 2019
Aunque estos tres síntomas son bastante comunes durante la infancia, por lo general, constituyen parte de un malestar pasajero.

Durante los primeros meses de vida de un bebé, cualquier padre puede llegar a preocuparse cuando al pequeño le da un ataque de hipo o bien presenta fiebre o vómito por más de un 24 horas. Si bien estos síntomas son bastante comunes a temprana edad, es conveniente que los padres estén atentos a su evolución.

Por lo general, el malestar que producen estos síntomas suele desaparecer sin dejar secuelas. Con lo cual, pasan a formar parte de una reacción (transitoria) del cuerpo a algún agente extraño.

3 síntomas comunes: hipo, fiebre o vómito

Aunque no están relacionados entre sí, estos estados son tratados en conjunto porque son la principal causa de alarma en niños sanos. Pese a que el hipo no se puede comparar con la fiebre, porque uno es más grave que el otro, ambos deben controlarse de la forma adecuada para que no perjudiquen al niño posteriormente.

Si bien es cierto que manteniendo unos buenos cuidados es posible prevenir muchas enfermedades, hipo, fiebre o vómito no se pueden evitar del todo. Si a un niño le da fiebre después que ha sido afectado por algún virus o bacteria, su organismo indudablemente se defenderá mediante la fiebre, el vómito u otros mecanismos.

Por otra parte, cabe destacar que aunque el vómito no siempre obedece a problemas estomacales, suele aparecer a consecuencia de estos. Por lo general, es la respuesta del organismo a algún agente que ya se encuentra presente en el cuerpo.

En tanto, el hipo viene a ser un movimiento involuntario que ejerce presión en el diafragma y que comienza sin razón aparente.

Un enemigo peligroso: la fiebre

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Si bien no es una enfermedad, se trata de un síntoma que hay que vigilar de cerca puesto que puede aumentar con el paso de las horas (si no se le da tratamiento) e indicar la existencia de un problema mayor. En los bebés es una señal de que ha entrado en su organismo algún agente patógeno.

Cuando la temperatura del bebé es superior a 38º y persiste durante varias horas, es importante consultar con el pediatra para poder brindarle el tratamiento más adecuado al pequeño. No hay que dejar el problema desatendido ni tampoco administrarle medicamentos sin prescripción.

La fiebre puede ser el síntoma de una infección viral, lo cual viene a ser algo muy común durante los primeros meses de vida. En cualquier caso, siempre se debe optar por el tratamiento pediátrico y no a remedios naturales o afines. Sobre todo cuando la fiebre persiste y se presenta acompañada por otros síntomas que impiden al bebé comer, dormir, etcétera.

Cuando la fiebre tiene un origen viral puede durar por más de 32 horas.

¿Cómo actuar en caso de fiebre?

  • Refrescar al bebé con cuidado, abanicándolo, colocándole prendas de ropa frescas, de algodón, que permitan la transpiración y no aumenten su incomodidad.
  • Para refrescarlo, se puede utilizar compresas frías y colocárselas en los brazos, piernas y tórax durante unos minutos, cada cierto tiempo.
  • Mantener hidratado al bebé.
  • Administrar los medicamentos (paracetamol u otros) pautados por el pediatra según sus indicaciones.
  • Vigilar la evolución del malestar y si se presentan o no otros síntomas.

El vómito en los niños

Es una señal de que existe algún agente patógeno en el organismo, aunque puede estar relacionado a algún elemento que afecta al estómago, en realidad es alarma de virus, la presencia de alguna bacteria o infección.

El vómito en niños muy pequeños es un motivo de preocupación para los padres, porque como sabemos, es síntoma de algo mayor y estos no pueden expresar cómo se sienten. Además el vómito puede provocar el ahogamiento del niño.

Pese a que no todas las causas de vómito son graves, es preciso distinguir consultar con el médico de inmediato para optar por el tratamiento más adecuado. Mientras tanto, el niño debe ser asistido por un adulto mientras expulsa el contenido de su estómago.

Es probable que el niño mejore considerablemente luego de vomitar. El problema está cuando el síntoma se presenta de forma repetida en lapsos de tiempo breves. Por supuesto, si el niño ha vomitado por más de dos días seguidos, es precisa la intervención de un especialista.

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¿Cómo manejar el caso de vómito?

  • Mantener al niño hidratado.
  • Cuidar la higiene de las manos.
  • Nunca dejarlo solo mientras vomita.
  • Regular los horarios de alimentación.
  • Cumplir con la limpieza y cocción de los alimentos.
  • Procurar que el niño no coma más de lo correspondiente a su tamaño.
  • Ser estrictos con la esterilización de los objetos que entran en contacto con el bebé.
  • Estar atentos a cualquier otra señal de malestar (fiebre, pérdida del apetito, dolor o diarrea, etc).

¿Por qué nos preocupamos por el hipo?

El hipo suele ser un síntoma transitorio y casi nunca es causado por una condición grave, algún problema de salud preocupante o de cuidado; pero cuando se prolonga en el tiempo puede ser alarma de enfermedades neurológicas, gástricas o metabólicas.

Al bebé le da hipo por las mismas razones que a los adultos, pero a los padres nos preocupamos más porque la contracción de su pequeño cuerpo no parece normal y es excesivamente incomoda para él.

¿Cómo actuar ante un caso de hipo?

Así como es de extraña la aparición del hipo, también lo es su el método para detenerlo; es decir, no se sabe con precisión cuál de las opciones puede funcionar mejor en cada caso. Algunas de las medidas más comunes que se suelen tomar son:

  • Evitar que el bebé coma o beba demasiado rápido.
  • No acostar al niño inmediatamente después de comer.
  • Sacarle los gases durante la comida y después de esta.
  • Vigilar si está respirando correctamente.
  • Mantenerlo hidratado.

Conclusión

Hipo, fiebre o vómito son síntomas molestos que, con los cuidados apropiados, pueden desaparecer en poco tiempo y sin dejar secuelas. En cualquier caso, es importante no tomar medidas sin antes consultar con el pediatra, ya que de esto dependerá la mejora del pequeño en gran medida.