4 cosas que se aprenden de los niños felices

María José · 28 mayo, 2017

En muchas ocasiones pensamos los adultos que los niños son los que deben aprender de los padres, que ellos son los eternos aprendices de la vida y que están en manos de la sociedad para convertirse en una persona de éxito o no. Aunque esta parte es cierta, la realidad es que los padres tienen mucho que aprender de sus hijos, tanto que hasta se sorprenderían.

Los niños felices enseñan grandes lecciones a los padres que se fijan en cómo sus pequeños viven la vida y ven la forma en que el mundo se desarrolla. El estilo de crianza es muy importante y en ocasiones los padres no se dan cuenta de que su participación en la felicidad de los hijos puede ser demasiado escasa. La crianza debe ser autorizada, no autoritaria.

Los buenos valores familiares nunca pasan de moda y es necesario darse cuenta del valor intrínseco que tienen los niños y de cómo respetan la vida en cualquiera de sus formas. Las familias pueden elegir actividades simples de bajo coste para disfrutar juntos y se darán cuenta de que cuanto más sencillo sea, más felices estarán los hijos. Los niños más felices tienen mucho que enseñarte.

4 cosas que se aprenden de los niños felices

1. Ser un buen padre es suficiente

No tienes que ser la mejor madre o el mejor padre para que tus hijos sean felices. Solo necesitas luchar para ser un buen padre o una buena madre, tus hijos se dan cuenta de eso. Hay que tener una perspectiva realista sobre la paternidad y la maternidad para entender a los hijos, para respetarles a ellos y a uno/a mismo/a. Se debe luchar contra la realidad cotidiana pero también es necesario ser más tolerante hacia las propias imperfecciones. Disfrutar de ser padre y madre es el secreto.

2. No hay que ser el mejor

Los niños no tienen que ser los mejores y los padres tampoco. Ser el mejor no significa que se sea más importante. No hay que medirse como padre ni compararse como hijo. Los éxitos y los fracasos de los niños o de los adultos, son habituales, pero el cómo se percibe es el reflejo directo del estilo de crianza, de las fortalezas o de las debilidades de cada uno.

Aunque los padres quieran de forma sincera lo mejor para los hijos, no hay que transformar ese deseo en una necesidad obsesiva. Querer a los hijos tal y cómo son es lo mejor para todos. Los niños (y adultos) deben ser ellos mismos y aprender que los errores y el fracaso en muchas ocasiones, son el mejor maestro. Apoyo, amor, guía y comprensión es lo que necesitan los niños.

3. Los padres felices crían hijos felices

Los padres que logran tener control sobre el equilibrio entre la vida, la familia y el trabajo podrán sentirse más felices y los hijos también, porque disfrutarán de tiempo de calidad junto con sus padres. No es fácil, pero si se quiere conseguir no es imposible, aunque se deban priorizar algunas cosas y sacrificar otras, total… Lo que realmente importa en la vida es la familia. 

Trabajar duro en el puesto de trabajo es importante, pero tener unas rutinas para poder organizar la vida y tener tiempo de calidad con los hijos es igual (o más) de importante. Tus hijos te necesitan de forma imprescindible en sus vidas, en cambio, nadie es imprescindible en un puesto laboral. Nadie te recordará por ser el último en salir de la oficina, así que prioriza menos tiempo de trabajo, más austeridad en tu vida y más disfrute del tiempo de calidad para tus hijos y para ti. ¡Merece la pena!

4. La independencia es el mejor camino

La enseñanza de la independencia en los niños es crucial para su desarrollo y también para su felicidad. La independencia ayuda a los niños a convertirse en personas autosuficientes. También los padres que tienen hijos autosuficientes se dan cuenta de lo que son capaces de hacer por sí mismos y no sentirán tanto miedo en la crianza, confiarán más en las posibilidades de sus hijos a medida que vayan creciendo.

Los niños necesitan responsabilidades que son apropiadas para su edad y si se las das, te enseñarán de todo lo que son capaces de hacer. Poco a poco tendrás que darles más libertad para que te muestren aún más sus capacidades. Enséñales las habilidades suficientes para desenvolverse en el mundo y en la sociedad donde les ha tocado vivir y dales la oportunidad de demostrarte que sí pueden.