5 consejos para aumentar las defensas en los niños

Los hábitos de vida saludable ayudan a prevenir muchas enfermedades o bien, disminuir el impacto en la salud de los niños. Te contamos cuáles son para que puedan mantenerse sanos y fuertes. 
5 consejos para aumentar las defensas en los niños
Nelton Ramos

Revisado y aprobado por el médico Nelton Ramos.

Última actualización: 23 diciembre, 2021

Gran parte de las enfermedades estacionales que afectan a los niños pueden prevenirse, si se implementan algunas prácticas para aumentar las defensas. Esto es porque en la gran mayoría de los casos, las causas de estos cuadros son virales y por más que deseemos revertirlas, no contamos con medicamentos curativos al día de la fecha.

Entones, es el propio organismo del pequeño el que tiene que batirse a duelo con dichos gérmenes y para salir vencedor, debe contar con un sistema inmune en buenas condiciones.

Por todo esto, hoy vamos a explicarte por qué tu hijo se enferma tantas veces al año y cómo hacer para fortalecer sus defensas con estrategias simples y naturales. ¿Nos acompañas?

¿Qué es el sistema inmune?

Nacemos con una “policía anti-gérmenes” que nos permite sobrevivir fuera del útero de mamá durante varios años. En general, este escuadrón viene completo y en las condiciones apropiadas para entrenarse contra sus rivales eternos: las bacterias, los hongos, los virus y los parásitos.

A pesar de contar con los elementos necesarios, en las primeras etapas de la vida somos inexpertos e incapaces de hacerle frente a muchas infecciones. Por eso, la naturaleza sabia desarrolló una estrategia para proveernos de una inmunidad “prestada”, llamada lactancia materna. A través de este fluido vivo, recibimos anticuerpos fabricados por el cuerpo de mamá a lo largo de toda su vida. Pues ella tuvo más tiempo para enfrentarse a los microorganismos y de desarrollar su propia memoria inmunológica.

Con el correr de los meses y los años, nosotros mismos nos enfrentamos a dichos patógenos. Y aunque dan una dura pelea, al final terminamos por ganarles el duelo. Así mismo, batalla tras batalla nos volvemos cada vez más fuertes, más resistentes y más inmunes a los gérmenes habituales.

Esto explica un poco por qué un niño pequeño se enferma más que un escolar y a su vez, este se enferma más que un adulto. El tiempo y la experiencia nos permite formar nuestras propias defensas.

No obstante, nadie está completamente exento de padecer infecciones en su vida, pues ante ciertas circunstancias el equilibrio ideal se rompe y los gérmenes avanzan. Por ejemplo, cuando nos exponemos por demás a los microbios (como sucede en el ingreso a la guardería) o cuando nuestras defensas disminuyen por diversos motivos.

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Causas que favorecen al descenso de las defensas naturales

  • Climas extremos: como el frío del invierno o el calor intenso y húmedo.
  • Tratamientos farmacológicos prolongados: los antibióticos, los medicamentos contra el cáncer o los corticoesteroides.
  • Situaciones de estrés: una mudanza, el nacimiento de un hermano, la muerte de un ser querido.
  • Otras enfermedades en curso: una infección de base o una enfermedad oncológica.
  • El período de recuperación posterior a una enfermedad.
  • Patologías específicas del sistema inmunológico, llamadas inmunodeficiencias.

¿Cómo ayudar a los niños a aumentar las defensas?

Algunos niños necesitan subir sus defensas debido a cuestiones particulares de su salud. Sin embargo, en cualquier caso es interesante poder conocer cómo mantener al sistema inmune en óptimas condiciones, a fin de que pueda enfrentarse a las inevitables pestes estacionales.

Como hemos mencionado, la mayoría de las personas nacemos con una inmunidad normal y suficiente para combatir a los gérmenes más comunes. Pero debemos exponernos a ellos en cierta medida para poder ‘entrenar’ a nuestros soldados y responder con mayor eficiencia en el futuro. Esto quiere decir que ante una nueva exposición a un germen puntual, podamos resolver la cuestión en menor tiempo.

A continuación, te compartiremos algunos consejos útiles para poner en práctica hoy mismo y ayudar al sistema de defensas naturales de tu hijo a estar siempre en sus mejores condiciones. ¡Toma nota!

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1. Ofréceles una alimentación completa y saludable

El tubo digestivo es un elemento primordial para el sistema inmune. No solo es la puerta de ingreso de muchos gérmenes, sino que además se compone de una flora bacteriana “buena”, llamada microbiota. Estos microorganismos le aportan muchísimos beneficios a nuestra salud y para que trabajen adecuadamente y no se vuelvan contra nosotros, es necesario nutrirlas como corresponde.

Además, los alimentos son la fuente de los nutrientes que nuestro cuerpo no puede fabricar por sí mismo. Todos ellos contribuyen al delicado equilibrio y si nos aseguramos de ingerirlos en las cantidades adecuadas, estaremos contribuyendo positivamente a nuestra salud.

Por todo esto, ten en cuenta las siguientes recomendaciones nutricionales:

  • Opta por los alimentos hechos en casa y reduce la ingesta de procesados: ya sean cocidos o crudos, los alimentos naturales contienen todos los nutrientes que necesitamos, sin los aditivos que dañan a nuestra salud. Es necesario garantizar una buena higiene de los mismos antes de prepararlos o comerlos (cuando sean crudos) y las estrategias de cocción apropiadas para conservar todas las vitaminas y minerales.
  • Asegura una ingesta suficiente de todos los grupos de alimentos, pero en las proporciones adecuadas para la edad y condición de salud.
  • Elije las frutas y verduras de estación: estas contienen las vitaminas y minerales que más se necesitan ingerir según el clima. En general, es importante mantener una ingesta suficiente de alimentos que contengan vitaminas a, c, d, e, hierro, zinc, magnesio, cobre y selenio.
  • Utiliza distintos tipos de aceites: esto favorece la ingesta de distintos tipos de ácidos grasos y minerales. Por ejemplo, el aceite de oliva es buena fuente de vitamina e y el aceite de girasol, de omega-6.
  • Incluye en la dieta alimentos ricos en probióticos: por ejemplo, los yogures y las leches fermentadas. También es recomendable aumentar la ingesta de fibra prebiótica, como la que contiene la cebolla, el plátano, el ajo y el trigo.
  • Ofrece siempre agua como bebida principal: la buena hidratación le permite a las mucosas mantenerse húmedas y sanas para poder resistir al ingreso de los gérmenes. Además, el hábito de beber agua es muy saludable en varios sentidos y nunca debe ser reemplazado por jugos o bebidas comerciales.
  • Ten cuidado con algunas hierbas o remedios naturales: la menta, la miel, el eucalipto o el jengibre tienen buena fama para combatir los resfríos y las infecciones respiratorias. Sin embargo, no todas ellas han demostrado un beneficio científicamente probado. Y por el contrario, en determinadas edades y condiciones, pueden resultar contraproducentes. Por eso, siempre consulta con tu médico antes de dárselas a los niños.

2. Enséñales unas buenas pautas de higiene

La higiene de manos es una medida sencilla y capaz de salvar millones de vidas. Con una buena técnica, se reduce considerablemente la transmisión de gérmenes. Por este motivo, procura tomar en cuenta los siguientes puntos:

  • Lava tus manos con agua segura y jabón, durante al menos 40 segundos.
  • Refriega la palma, el dorso, los pliegues de los dedos, la zona por debajo de las uñas y las muñecas.
  • Enjuágate con agua y sécate con toalla de papel o al aire.
  • Repite esto cada vez que vayas al baño, cuando regreses a tu casa, después de jugar con tu mascota y antes de cocinar y de comer.

Además, es necesario mantener una buena higiene del ambiente y ventilar la casa los 365 días del año. Ten presente que una casa llena de gérmenes es más peligrosa que un poco de frío en la nariz.

Finalmente, es importante mantener los ambientes libres de humo, pues el tabaco y otros tóxicos pueden incidir negativamente sobre las defensas de los niños.

3. Incúlcales hábitos de vida saludables

Además de los cuidados en la alimentación, es necesario que los pequeños mantengan una vida lo más activa posible y desde edades tempranas. La actividad física es muy positiva tanto para mantener la salud como para prevenir la enfermedad.

Así mismo, la actividad deportiva y recreativa al aire libre potencia aún más estos beneficios. Pues le permite a los pulmones respirar aire fresco y cargado de oxígeno y a la piel, recibir el estímulo solar que necesita para producir su propia vitamina d.

Finalmente, otro aspecto no menor es asegurar un buen descanso, ya que durante el sueño nuestro cuerpo realiza importantes procesos. Según la edad del niño y su condición, será necesario ajustar la cantidad de horas de descanso y asegurar un sueño de calidad.

4. Alcanza un equilibrio apropiado entre la exposición a los virus y los cuidados de la salud

Como hemos mencionado al principio del artículo, la memoria inmunitaria se adquiere con las sucesivas experiencias infecciosas. Es decir, que no siempre se cumple la regla de que a menor exposición, se obtiene un mayor beneficio.

No obstante, hay etapas en la vida, como los primeros dos años de la infancia, en las cuales es necesario ser cautelosos con las exposiciones. Esto es porque los pequeños todavía no cuentan con un sistema inmune completamente maduro como para enfrentar todos los gérmenes circundantes. De hecho, durante esta etapa se les ofrecen las principales inmunizaciones para evitar poner en riesgo sus vidas.

En conclusión, ningún extremo es saludable. Es necesario considerar cada caso en particular antes de tomar la decisión de exponer a los niños a aquellos ámbitos de mayor circulación de gérmenes, como una guardería o escuela infantil.

 

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5. Respeta los tiempos de recuperación de cada niño

Las enfermedades de los niños afectan a la calidad de vida de todos sus convivientes. Y por este motivo, muchos padres buscan “soluciones mágicas” de manera incansable. Pero esto tiene sus riesgos, además de que rara vez logran el cometido deseado.

Es necesario comprender que los tiempos de cada proceso son individuales y que esto tiene una razón de ser: el sistema inmune de nuestro hijo trabaja a su propio ritmo. Por eso, querer acelerar la evolución de una enfermedad no es una solución viable ni mucho menos adecuada.

Así mismo, es importante respetar los tiempos de recuperación de cada infección, para darle la posibilidad al organismo del pequeño de reponerse para la siguiente batalla. Si al día después de bajar la fiebre vuelve al cole, es probable que coja otro virus rápidamente, pues su sistema inmune aún no está en sus mejores condiciones.

Acerca de las enfermedades estacionales de la infancia

Con todo esto queremos advertirte que las enfermedades estacionales van a suceder y que, en el fondo, estas no tienen por qué ser algo completamente negativas. No obstante, hay formas de ayudar a los niños a sobrellevar mejor el proceso de maduración del sistema inmune. Y sobre todo, protegerlos de enfermedades potencialmente mortales y prevenibles con las respectivas inmunizaciones.

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