Tus lágrimas causan heridas en mi corazón

Nada más hiriente para mi ser que tus lágrimas. Esas pequeñas gotitas saladas realmente pueden causar heridas en mi corazón. Sin embargo, prometo que juntaré mis pedazos rotos para poder siempre estar a tu lado a fin de secarlas. Te ofrezco mis castigadas manos para saciar esa necesidad o carencia que te tiene a mal traer.

Tus lágrimas son motivo de tristeza. Pues cuando te vi por primera vez tras el parto prometí que jamás el dolor y el sufrimiento te alcanzarían. La encargada de protegerte en todo lugar y momento no sería más que yo misma. Rompí ese pacto al ver por primera vez tus ojos brillosos, y eso destruyó mi corazón.

Tu angustia hace mecha en mí. Me invade, por lo que siento que el momento me supera. Cualquier traspié o molestia, por mínimo que sea, me duele profundamente. El primer sollozo es la antesala de una gran agonía. Ese pucherito inicial se convierte en la primer puñalada de esta víctima que muere de amor por ti.

Tus lágrimas son mis lamentos

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Esas pequeñas lagrimitas marcan su trayectoria en tus cachetes regordetes. Dejan constancia de aquel momento en que expresaste como pudiste eso que te causó congoja. El recorrido de tus lágrimas me recuerdan la imposibilidad de curar los dolores de tu corazón a lo largo de tu vida.

Sin embargo, mi pequeño pedazo de cielo, prometo que sanaré con el más puro e incondicional amor cada cicatriz de tu alma. Te ofreceré mis oídos para escuchar tus lamentos en cualquier etapa de tu desarrollo. Mi hombro es tuyo para llorar y descargar todo aquello que empañe tu ser.

Te regalo este par de brazos pues tienen el don de reconfortar las más valiosas personalidades con un simple abrazo de oso. No te soltaré hasta sentir el inmenso poder de evaporar esas gotas, señal de eliminar el dolor y el sufrimiento de tu vida.

Tus lágrimas son mis lamentos. Mi dolor, mi angustia, mi tristeza. Es saberme perfectamente imperfecta y asumirme una simple mortal. Comprender mis limitaciones y reconocer mi incapacidad de alejar todo aquello que en algún momento pueda hacerte daño.

No obstante, mi corazón, juro que gritaré en tu oído siempre que haya verdad. Te señalaré el camino correcto a recorrer en este laberinto que es la vida. Me comprometo a caminar lento para que puedas seguir mis pasos, y a caminar con cuidado para no dar pasos en falso que puedan perjudicarte.

Tus lágrimas marcan mi dirección

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Tus lágrimas marcan mi dirección, el sentido de mi vida. Son un doloroso método de enseñanza. Con ellas aprendo lo que resulta conveniente para cuidar a aquel tesoro que la vida me obsequió. Con ellas también descubro la fuerza de los errores más cruentos y nocivos para mi persona.

Esta demostración de lo que te hace mal no hace más que darme un incentivo para seguir viva. Especialmente me motivan a luchar día a día. Preguntarás para qué tantas batallas libradas a cuenta del futuro. Pues por el solo hecho de portar en mi corazón el amor más puro e infinito, y tú eres el beneficiario y heredero eterno.

Ese llanto que desde el primer momento es tu salvación, para mí no es más que perdición. La desesperación por acercarte rápidamente a la felicidad, la angustia por no ver la luz que irradia una sonrisa tallada en tu bello rostro angelical.

Tus lágrimas me indican que sigues siendo ese pequeño ser frágil, indefenso e inocente del primer día de nuestra cita a ciegas. Cita en la que conocí al amor de mi vida, al protagonista del más bonito cuento infinito que elegí escribir el día que supe de tu inminente llegada al mundo.

Ya no llores mi niño, mami está aquí, como siempre lo estuvo y lo estará. Calma esa angustia y ese dolor. Sequemos tus lágrimas, y las mías. Pues no hay nada que juntos no podamos solucionar a cuenta del amor. Escribamos de a dos nuevas páginas signadas por este vínculo inmaculado que los días se encargarán de sellar.

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