Un bebé arcoíris: la luz después de la tristeza

Amanda · 31 octubre, 2015

Es posible que muchos no sepamos qué es un bebé arcoíris, aun cuando lo tengamos entre nosotros. El arcoíris, ese fenómeno luminoso que aparece justo después de la tormenta, en un cielo todavía nublado y una tierra aún mojada; eso define también a ese bebé que llega después de un momento doloroso.

Para describir la aparición de este bebé, se acostumbra a explicar que se trata del niño que es concebido luego de perder a otro, pero en sí describe a aquel que sucede a una tragedia, a una tormenta. Tal como este elemento de la naturaleza, el propósito de su llegada no es el de terminar con la crisis, sino de modificarla.

Podemos distinguir al bebé del arcoíris contemplando que este último es el resultado de un proceso de refracción solar que sucede por la acción del agua y aunque es hermoso, es natural y de tipo meteorológico. En cambio el bebé llega sin esperarlo y es el producto de una acción casi divina, porque ningún padre espera que suceda después de la tormenta.

¿Qué hechos convierten a un bebé en arcoíris?

Ahora que lo sabemos, quizás tratemos de buscar arcoíris donde no los hay; es decir, que intentemos darle un lugar equivocado a ciertas relaciones. Pero, es preciso caer en cla uenta de que la comparación surge con toda razón y que son los sentimientos los que la identifican.

Un rasgo que distingue a este bebé, es que llega inmediatamente después de la pérdida del otro. Generalmente el bebé arcoíris nace cerca del primer aniversario de sufrida pérdida, cuando ha pasado más tiempo no aplica el concepto, al menos que no haya cesado la tormenta.

Un niño que viene a traer luz después de la tempestad, no siempre es recibido como tal; en tal sentido, para que sea arcoíris debe causar el efecto de este. Aunque lo veamos todos los días, nunca dejamos de maravillarnos con este fenómeno óptico, siempre nos hace sonreír y es agradable.

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De manera que, despertar una ilusión y traer paz a quienes lo miran es la función de ese bebé que llega después de momentos difíciles. Este bebé no hace desaparecer el dolor, no reemplaza un sentimiento y no puede ser comparado con otro niño, pero calma las aguas.
La pérdida de un hijo es una situación devastadora, que puede hacer sucumbir al más fuerte; lo trágico es que se lleva parte de la ilusión de los padres. Algunas veces renace la esperanza, pero otras no, así como el arcoíris, que necesita condiciones especiales para dejarse ver.

El bebé arcoíris se materializa cuando los padres dejan de sentir miedo a perderlo, porque no debe existir angustia en estos casos. Los hechos que convierten a un bebé en arcoíris, son aquellos que provocan alivio en los padres, logran que renazca la alegría y hacen posible que la esperanza los embargue.

Mientras hay tormenta no aparece el arcoíris, en ese momento analógicamente hay dolor y llanto, no existe ilusión por ver el sol, los padres creen que lo ha perdido todo. Es por ello, que para que hablemos de este tipo de bebé, hace falta que haya pasado la tormenta.

Después de la tristeza, aparece la luz

Por fuerte que haya sido la tormenta, siempre vuelve la calma; esta luz que hace posible una esperanza nueva puede tardar en llegar, pero llega. En tal sentido, aún cuando el dolor no haya sido superado, el nuevo ser va a generar un cúmulo de emociones que mantendrán la expectativa, que también puede ser causante de angustias y traer malos recuerdos.

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El propósito de este bebé es equilibrar nuestra vida, llenar la oscuridad con luz y color, convirtiéndose en un motivo para aprender y reconciliarnos con nosotros mismos. Todo hijo debe ser apreciado, pero este en particular, es un ser lleno de energías positivas que seguro va a gozar de una atención y un cariño sin igual.

Debemos recordar que el bebé arcoíris es hermano del bebé estrella, aquel que nos dejó para que este existiera, un misterio de la vida que ha venido a arrugarnos el corazón, pero que nos ha dado las nociones básicas para enseñarnos que estamos vivos.