¿Qué tono de voz debes utilizar al disciplinar a tus hijos?

26 Abril, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicopedagoga María José Roldán
El tono de voz al disciplinar a tus hijos es necesario controlarlo. ¿Cuál es el mejor y cómo emplearlo?

Son muchos los padres que, a la hora de disciplinar a sus hijos, lo hacen con voz severa, a veces gritan e, incluso, otras veces, y sin darse cuenta, pueden volverse agresivos. Esto en ningún momento es un buen indicador en la educación de los menores, porque los gritos no educan, solo generan resentimientos y miedos.

Un tono más empático, comprensivo y con cariño es mucho más efectivo para disciplinar a los niños. La clave es ser genuino al respecto, es decir, ser totalmente sincero con el tono de voz que se tiene que utilizar en la disciplina de los niños. Si lo haces reteniendo la ira, los niños se darán cuenta y, entonces, no será tan efectivo.

Disciplinar es complicado

La disciplina es una de las partes más complicadas de la crianza de los hijos. Sobre todo porque no queremos hacerles sufrir pero, al mismo, tiempo es necesario que aprendan algunas lecciones. En ocasiones, los padres se vuelven demasiado permisivos para proteger a los hijos de emociones negativas. Estos padres no les están haciendo ningún favor a sus hijos, sino más bien todo lo contrario.

Los niños que crecen sin una estructura de disciplina concreta o no tienen consistencias en la educación pueden crecer menos formados para manejar su vida adulta. Es necesario que los padres estructuren las normas y los límites. Así, los hijos sabrán qué se espera de ellos en cada momento.

Padres hablando con un buen tono para disciplinar a su hija.

No hace faltar gritar para disciplinar a tus hijos

Hay padres que piensan que, para poder disciplinar a sus hijos, es necesario utilizar una voz severa, o incluso pitar a sus hijos para corregir la conducta, pero nada más lejos de la realidad. Lo que se debe tener presente es que gritar o hablar de mala manera no es la mejor forma de disciplinar en absoluto.

Teniendo en cuenta que disciplinar es sinónimo de enseñar, hay que cambiar el enfoque en la educación de los niños. Si gritas o hablas mal a tus hijos, les estarás incapacitando para que aprendan. Los niños que se sienten mal emocionalmente se cierran al aprendizaje de cualquier tipo.

Si das órdenes con un tono de voz agresivos, el cerebro del niño se activa automática en lucha o huida, causando una gran resistencia, poca colaboración y resentimiento emocional hacia los progenitores por no ser más empáticos.

Aumenta la empatía al disciplinar a tus hijos

Los padres sufren cuando los hijos sufren. En lugar de abandonar las reglas, que solo causará más daños en el futuro si se es demasiado permisivo, lo ideal es ofrecer un enfoque diferente a la disciplina. Hablar a tu hijo desde un tono de voz suave y con empatía para hablar sobre las consecuencias de sus acciones siempre será un buen comienzo en la disciplina infantil.

Si tu voz es tranquila y sale de dentro de tu corazón comprendiendo antes que atacando, tus hijos se sentirán aceptados y, además, sabrán que los quieres mientras los tienes que disciplinar, porque esa es tu función como padre o madre.

No hay necesidad de gritar; el mundo ya es duro de por sí y los niños necesitan que sus hogares sean su refugio físico, pero también emocional. Permite que tus hijos se enfrenten a las consecuencias pactadas y las consecuencias naturales de sus acciones, pero, al mismo tiempo, es importante que estés a su lado para apoyarlos.

Padres jugando con su hija.

En muchas ocasiones, las consecuencias hablan por sí solas, pero tú, como padre o madre, debes mantenerte fiel a tus límites mientras hablas en un tono tranquilo, amoroso y, sobre todo, empático.

Qué hacer si crees que tus hijos solo te escuchan cuando gritas

Es posible que te hayas acostumbrado a hablar de malos modos pensando que es la única manera de que tus hijos te hagan caso. Parece que cuando les hablas de manera tranquila hacen caso omiso de tus indicaciones.

Primero, debes saber que, si siempre gritas, siempre tendrás que gritar. Esto es así porque tus hijos se acostumbran a escucharte solo si gritas. Ellos piensan que lo que dices no es válido a menos que te enfades.

Una voz agresiva puede funcionar a corto plazo, pero siempre fallará a largo plazo. Los gritos no educan. Si los usas demasiado, estarás destruyendo la relación con tus hijos. A medida que tus hijos crezcan, si quieres que confíen en ti y que tengan una buena comunicación contigo, deberás tener un buen tono de voz en su disciplina desde ahora mismo.

Levantar la voz solo debería estar reservado para momentos de emergencia, como cuando hay un riesgo de seguridad y es necesario llamar la atención de tu hijo, y solo cuanto antes para evitar que se lastime a él mismo o a otros.